Éxito

19 octubre, 2011 § Deja un comentario

La continua exaltación – a menudo impúdica autoexaltación – de los capitanes de la industria y los señores del comercio alcanza hoy un grado difícilmente imaginable no hace tanto tiempo. Desde la recomendación de una educación para la empresa a incluir en los planes de estudio del tramo universal de la educación, a la tácita posición del llamado emprendedor como modelo para la, suponemos, mayoría pasiva de la humanidad. Desde el más estricto ajuste de la formación a las demandas del mercado laboral, hasta la defensa de la íntegra gestión empresarial del proceso educativo y, en general, a la constitución del hombre emprendedor como paradigma de toda virtud y valor. A este magnífico “creador de trabajo” debiéramos agradecerle – además – su egolatría, puesto que no es más que otro aspecto de su constante y tenaz persecución del incremento del propio beneficio, una tenacidad que aunque pudiera resultar un vicio privado supone, al parecer, un beneficio público, como es bien sabido, al menos desde B. Mandeville.

Es preciso olvidar ante el éxito del ya viejo modelo del hombre activo, de su iniciativa dinámica y eficaz, su oposición frontal a los intereses económico-políticos de los poco agradecidos e inertes trabajadores. Según una polarización, efecto de la moderna sociedad de mercado (expresión históricamente enfática), que tuvo lugar de modo concatenado en cada recinto político nacional. Una polarización real que amenaza, en su simplificación por intensificación límite, con su expresión más directa: el terrible sufrimiento de innumerables vidas y, en general, la guerra moderna. Con la satisfacción idiota del que cree haber construido una frase ingeniosa, más de un tertuliano ha dicho estos últimos días que una buena guerra sería una auténtica solución para la actual crisis económica. Una salida, la del tertuliano en su corrillo y la de la guerra para la crisis, que indican lo que hoy se juzga éxito.

Al margen del Estado Social – resultado del compromiso o pacto de postguerra – se olvida – en la actual apoteosis del emprendedor – lo fundamental. Un fundamento aplasatado por varios siglos de ciego productivismo, con la consiguiente aceleración exponencial del comercio. Apenas puede encontrarse ya lo fundamental bajo las toneladas de detrito productivo. Sin embargo, está bien indicado por la ubicua presencia del trastorno mental y el incremento constante de las tasas de suicidio. En España la cifra es pasmosa: dos suicidios por hora. El estoicismo entiende la vida soportable porque ofrece siempre una salida; debiéramos saber hoy que la vida es la única salida.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo Éxito en A Día de Hoy.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: