Evaluación y Allanamiento.

5 diciembre, 2011 § Deja un comentario

Ante mí un definitivo espectáculo de derrota. No queda un sitio donde plantar el pie. Se estrecha mi angosto horizonte biográfico al ritmo en que van cayendo los pocos espacios fortificados, se hunden los mínimos recursos de resistencia, se rinden las últimas dimensiones de nuestra singularidad.

Francesc Pedró, Director de Políticas Educativas de la Unesco,  pide grabar al profesor dentro de las aulas para evaluar la labor docente. Su luminoso expediente avala su propuesta: Catedrático de Educación Comparada en la Universidad Pompeu Fabra, Vicerrector de Innovación e Investigación Educativa en la Universidad a distancia de Cataluña y actual director de Políticas Educativas de la Unesco. Su afán por la evaluación pretende, naturalmente, mejorar las competencias profesionales de los docentes. La evaluación del profesorado ha de partir, parece de sentido común, de la substancia de su función que tiene lugar en el espacio del aula, en el Sancta Sanctorum que fue el estrado o tarima desde el que el profesor pontificaba. La evaluación del profesor lo situará, de entrada, en el terreno del profesional sujeto a definiciones de calidad, decayendo inmediatamente del plano sacramental en que la tradición metafísica lo situara.

Nada más adecuado a cualquier sector profesional y aún más a un sector tan importante por su función de alimentación de las exigentes demandas laborales del nuevo mercado de trabajo. En la atmósfera irrespirable de la absoluta utilidad nada más evidente. Nada más evidente ante la necesidad de incrementar nuestra deplorable productividad.

Pero hay que dar por cancelada cualquier irregularidad, cualquier rugosidad o singularidad, cualquier resistencia al más completo allanamiento técnico, hay que haber descontado cualquier posición elemental.

La inadecuación de los saberes históricos y metafísicos, el nervio intangible de las humanidades, encontrará aquí su composición estandarizada, su perfil profesional o verá mermadas las filas – uno a uno – de sus pocas fuerzas ante la nueva inspección y evaluación. El nuevo profesor transformacional sabrá sumar su labor al objetivo de estimular el rendimiento del alumno, de multiplicar y optimizar su eficacia laboral. Las viejas ruinas han de entregarse.

El Director del Ifiie (Instituto de Formación del Profesorado) encuentra inaceptable el actual sistema de formación y promoción docente.  El exclusivo recurso a la antigüedad como regla de promoción salarial y mejora de destino sirve para adormecer la necesaria actividad incesante del profesional. Hay que ponerlo a trabajar al compás del nuevo orden postindustrial y su ritmo flexible, fragmentario, destructivamente creativo.

Estos Sres., nutridos del árbol del conocimiento del bien y del mal, han venido a explicarnos en qué consiste el hombre óptimo, el hombre novísimo, el gran profesional. Huelga toda metafísica, de sobra sabe el votante consumidor cuál es el sentido del mundo.

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