G. Bueno. 28 marzo 2012

31 marzo, 2012 § 5 comentarios

Transcribo a continuación el comentario que Gustavo Bueno Martínez ofreció tras la conferencia, que tuvo lugar en la sede de la Fundación Gustavo Bueno, en Oviedo, días atrás. La conferencia versó sobre “La Constitución de 1812 y la Hispanidad” y estuvo a cargo de Ismael Carvallo Robledo. La primera intervención posterior es la que aquí reproduzco. Dado su carácter improsivado está, como es natural, salpicada de anacolutos y repeticiones, propias del estilo oral.

Me pregunto por el sentido de un materialismo pluralista crítico de la idea de modernidad, y con ella de ilustración. Por lo demás, el diagnóstico de gravísima dificultad por el que atraviesa la nación española quizás sea excesivamente optimista y, simplemente, hayamos perdido al enfermo. Esto debiera producir temor porque la extinción de estructuras políticas semejantes no ha sido, por lo común, incruenta. Acaso, sin embargo, su ocaso haya tenido lugar hace tiempo y hoy sólo notemos el nuevo grado de su corrupción.

Por otra parte, la desaparición ha de ser estimada en función del valor de la figura política que le sucede.  Es entonces cuando lamentamos hondamente el fin de la nación española. Ahora bien, el fin de la nación política o del estado nacional español (que no es idéntico con España) no es de suyo lamentable, si fuera otra – precisamente – la figura sucesora, una figura que querríamos metapolíticamente fundada y no una estructura meramente política y además, como es el caso, contraria al sentido de la agonizante Hispanidad.

“…esta modernidad que se llama, de esto habría también que hablar porque este es uno de los conceptos que menos he entendido nunca jamás. La idea de modernidad y de la modernidad, desde mi experiencia personal, pero – vamos que no creo que sea azarosa – yo la asocié siempre a una idea clerical, la modernidad, y esto sin olvidar que el concepto de modernismo y el postmodernismo fue un invento que se inventó un Papa, que fue Pio X, en la encíclica contra el modernismo. El modernismo que era una especie de herejía, Renan, Loisy Laberthonnière… todos aquellos teólogos que predicaban una intepretación liberal de la Biblia. El caso de Renan o de Loisy, sobre todo de Loisy, entonces a todos estos los llamó el Papa “modernistas”. Entonces aquello realmente cuajó e incluso se llegó a establecer en todas las universidades de Europa, en Bélgica, en Francia… en España, por supuesto, en Italia… el juramento antimodernista, que tenían que jurar todos los seminaristas que quisieran ser sacerdotes. Entonces la idea del modernismo yo creo que tiene que ver con esa… y, al mismo tiempo, en relación con la famosa cuestión de la ilustración que todavía sigue siendo uno de los valores en alza, completamente. Llamar a uno ilustrado sigue siendo completamente un elogio. Y la Ilustración es un concepto ideológico completamente que los historiadores, yo creo que no se han enterado todavía, por lo menos no se han preocupado de enterarse de las críticas a la ilustración de Hamann, por ejemplo,  contra Kant. Una crítica violentísima contra Kant. Porque la definición de Kant es la canónica. Un historiador que no suele tener contacto con la filosofía, cuando llega a la ilutración y allí cita a Kant y se cree completamente lo que dice Kant. La ilustración es la liberación de la conciencia, de la razón, de su culpable incapacidad. Excuso decir la cantidad de tonterías que dice Kant allí. La liberación de la razón de su culpable incapacidad … eso no tiene ni pies, ni cabeza. Aparte de que allí está haciendo una adulación explícita a Federico de Prusia y ahí es donde se mete Hamann… o después la crítica de Marx a la Ilustración y después la de la Escuela de Frankfurt, la de Adorno y todas estas cosas etc. Pues bien, la de ilustración sigue siendo otro de los criterios que habría, a mi juicio… porque allí está la fuente de la leyenda negra contra España, sobre todo Montesquieu y Voltaire, son las grandes figuras que han atacado a España por el clericalismo, en fin, todos los tópicos de la leyenda negra. Que, por cierto, tiene una excepción curiosa… y esto es seguido por todos los movimientos obreros y demás, con una excepción que he encontrado, bueno  y que es conocida, la de Lafargue, el yerno de Marx, que estuvo casado con su hija Laura. Lafargue que había estado en Cuba y en España

– había nacido en Cuba

– En Cuba, sí, sí… y que Lafargue, entonces, cuando vino a España, se asombra -según lo cuenta él – de cómo un, vamos a ver si recuerdo, de cómo un campesino andaluz, miserable, pobre, tiene una actitud tan altiva, tan segura de sí mismo que trata de tú a tú al marqués de Medinasidonia, por ejemplo. De eso se extraña mucho, porque es algo que ha desaparecido enteramente en Europa, la gente está convertida enteramente en una especie de elementos de un rebaño de ovejas. Interesadas por… bien.

La recepción del marxismo en España, sobre pueblos prácticamente analfabetos… lo que se ve estos días, lo que se ve en las Cortes, el nivel de discusión en las Cortes españolas actuales es un nivel penoso, que da verguenza ajena. Es decir, que no se dominan las minimas reglas de la carpintería democrática,  diríamos, unas mínimas reglas que son necesarias a una democracia, una aristocracia o a cualquier sociedad política donde haya una discusión pública y donde lo esencial es la argumentación… eso se sabe desde siempre, no, es decir, donde alguien que dice un discurso encuentre en su adversario una respuesta que engrane con su discurso. Que se sepa distinguir entre lo que es un argumento ad hominem y lo que es el tu quoque… esto se ha repetido mucho, no. Lo he oído mucho en las tertulias de los últimos días… para no gastar tiempo no voy a decir algún ejemplo concreto, pero vamos la idea es ésta: aquí los diputados del PSOE simplemente se mantienen en sus trece mientras los del PP dicen tu quoque, es decir, tú también. Tú también has robado, has hecho esto o lo otro. Esto que efectivamente parece así y así lo dicen muchos tertulianos, esto es debido a la incultura completa de lo que son las reglas de la retórica o de la lógica, de distinguir entre lo que es un argumento tu quoque de un argumento ad hominem…

Es decir sobre esta base no digamos cuando hablan los sindicalistas, no ya por los contenidos que dicen, sino por la absoluta incultura, grosería e infantilismo que tienen, que recuerdan no ya a los sans-culottes de la revolución francesa, es una gente completamente analfabeta que tenían que ir a la escuela a estudiar… porque saben hablar, hablan  bien, hablan con cierta… es uno de los elementos de la carpintería política, claro, que alguien pueda hablar, que pueda pronunciar un discurso. Pero el modo de hablar que tienen es tan absolutamente formal y externo, es puramente sintáctico, que no casa una sola idea, no saben nada de nada y funcionan con las dos ideas: proletariado y capitalismo, mercado o capitalismo… y queremos la libertad y luego la democracia que cada uno entiende como le da la gana.

Con esto yo termino para que haya más opiniones, a mí me parece que la situación es, vamos, comprometidísima, dificilísima pero en gran parte se debe no a condiciones históricas,  sino muchas veces en gran parte recientes relativamente, aunque se trate de un siglo, suficiente ya para haber arraigado pero situaciones que se puede perseguir su origen y su cristalización como efecto de una información y de un análisis completamente grosero. Para decirlo rápidamente a la estupidez de la gente, a la estupidez monumental, la estupidez, por ejemplo, si se me permite hacer una referencia histórica, por ejemplo, al grupo de Zapatero. Por ejemplo esta mañana he oído en las Cortes a una diputada canaria, por cierto, que estaba en una controversia con el ministro de justicia, Gallardon, el Sr. Gallardón, sobre si la mujer… Gallardón lo que defiende es defender el derecho de la mujer a ser madre, en contraposición al derecho de la mujer al aborto. Bien, esta propuesta de Gallardón – derecho de la mujer a ser madre – que tiene una importancia práctica inmediata porque hay una discriminación evidente. Hay muchas mujeres, ha puesto ejemplos, que no pueden tener hijos pues porque están en una oficina y no pueden tener hijos porque pierden el puesto de trabajo etc. La respuesta de esta Sra. diputada que no recuerdo cómo se llama, ni quiero acordarme en mi vida, tengo la cara de estúpida de una fanática absolutamente… la argumentación ha sido la siguiente, lo digo como ejemplo del nivel de las Cortes, dice, afirmar que la mujer es más mujer siendo madre es como afirmar que un varón – claro que era él – es más varón por ser ministro. Este tipo de argumentación es propio de un débil mental, yo creo, o sea esta individua tiene la posibilidad de decir esto en las Cortes, y escuchándola todos los padres de la patria y toda la nación allí etc. en lugar de echarla de allí a empujones. ¿Qué tiene que ver una cosa con otra?. Para decirlo en términos escolásticos, para decir algo, términos que no podría decírselo a la pobre mujer, porque no sabría quién era Porfirio… absolutamente analfabeta pero muy pedante, muy pretenciosa. Que la mujer sea madre es una propiedad de la mujer, dirían los escolásticos, el cuarto predicable que sale de la esencia, que es un accidente esencial, una paradoja, verdad, que vienen a ser los juicios sintéticos a priori de Kant, dicho entre paréntesis. En cambio que un varón venga a ser ministro eso es un quinto predicable, es un accidente completamente, que pertenece a un orden cultural, no natural. Es una paridad enteramente falsa, estúpida y además dicha con pretensión. Bueno pues esta individua todos los aplausos que ha recibido de sus compañeros, por supuesto el pobre Zapatero, todas las mujeres feministas que había por allí… ello les parece un argumento total, porque además la insolencia y el insulto de la indirecta, verdad, el varón no es más inteligente por ser ministro, es una impertinencia, que no venía a cuento en la argumentación. Bueno pues este nivel a que ha llegado España, si se contrasta con el nivel que había en las discusiones de la segunda república, que era mucho más alto, y no digamos con las Cortes de Cádiz, un nivel de argumentación notablemente más alto… Esta es una consecuencia, yo creo, directamente de la democracia, tal como entendemos la democracia, es decir, la democracia confiere a cada individuo la conciencia de ser soberano, de que el puede decir lo que le da la gana y tiene derecho a que le respeten. Yo respeto mucho sus opiniones, esto se dice a menudo en España, el respeto está por delante. La tolerancia… yo tolero todo, claro si tú respetas todas las opiniones tienes que respetar a esta imbécil a que me refería hoy, esta diputada canaria. Yo no le puedo respetar. Pero esto ha calado de tal manera que en nombre de la democracia cada cual puede decir lo que le da la gana, no tiene que esforzarse por saber nada, porque lo tiene por su propia definición de ciudadano libre que tiene en su mano elegir a los que van a elegir las leyes de la nación.

Ahora estoy de acuerdo en que la situación es gravísima…”

Cambalache

31 marzo, 2012 § 2 comentarios

Créanme que me he vuelto loco.  Miro el televisor y escucho el incesante griterío, en esta ocasión acerca de la conveniencia o no de legalizar la prostitución. Entre todos, un escritor anciano habla, ciertamente con corrección gramatical, para defender sus aberraciones. El resto es indefinible y cualquier descripción resultaría ofensiva, lo que va contra el respeto a sus personas, un extremo al que no pienso llegar. A la vez estoy escuchando a un filósofo y amigo tratar de un tema de algún interés histórico, aunque a mi parecer lo afronta sin conocer el mundo y, sobre todo, el fin del mundo.

En esta vorágine leo que tres mil científicos eminentes reunidos, lo mejor de cada casa, diagnostican el colapso del soporte biológico de nuestra existencia. Me complace que sean tres mil y que sean científicos.  Este comité del Gran Ser podría haberse ahorrado la alarma, dado que siendo casi evidente la situación no parece que nadie experimente emergencia.

Acaso porque estoy sentado ante un semillero que puse hace quince días y en el que se va abriendo la tierra, mientras comulgo amablemente y contra mi salud, el caso es que se me vino a las mientes el tango famosísimo de Discépolo.

La marca españa

24 marzo, 2012 § 1 comentario

Ya hace tiempo que se viene usando sin rubor, es cierto que por parte de sujetos que no conocen el pudor ni la verguenza, la expresión: “la marca españa”. Por supuesto me niego a escribir semejante “españa” con mayúsculas. Del mismo modo, hace ya mucho tiempo que los padres de esa constitución del 78 nos recuerdan el escaso interés que para el nacionalismo catalán tendría la secesión, puesto que sería mal negocio en términos de beneficio neto para cataluña, que gana más asociada a españa. La politiquita y los politiquitos tienen este lenguaje y es que hoy, en tiempos minúsculos, nada merece un nombre grande a menos que pueda medirse en magnitudes económicas.

El caso es que me gustaría domiciliarme en la gran manzana y hacerme ciudadano del imperio Apple. No somos nadie… y algunos menos.

Sábado 24 de marzo de 2012. En nuestra prensa diaria.

Algo personal

18 marzo, 2012 § Deja un comentario

Yo solamente soy un hombre, criatura o cosa nacida: nada. Sin embargo, conozco y siento en un rincón arcano de mi pecho el ara de Su Presencia, el recogido misterio de la Singularidad. Es el motor de la ira y de la piedad, el dinámico aliento de mi vida.

Discúlpenme esta presentación en primera persona. Se trata de manifestar que es algo personal lo que  me opone a quiénes nos animan al sacrificio al modo oriental, desdiciendo una tradición que estima sobre todo esta enorme singularidad. Renegando de la tradición que ha definido Occidente desde Tucídides, al menos hasta Hegel. Las enormes masas de individuos indiferenciados sacrificados a la colectividad abstracta de la sociedad, esa morfología impersonal de la existencia oriental es el centro del antagonismo entre el Levante y el Poniente del que es, sin embargo, un mismo mundo.

La admiración que despierta el productivismo chino o el absorto respeto ante el islam que padecen las indigentes conciencias de los europeos modernos, intoxicados de multiculturalismo y banalidad, sólo puede conducir al vaciadero de la historia que es nuestro presente.

Especialmente dolorosa es la apelación de los así llamados liberales al cristianismo. Cristianos de pastel, anacoretas de centro comercial que quieren bendecir nuestra entrega al incremento del producto interior bruto al que, hurgando en la llaga sangrante, identifican con la patria.

Por un lado los muy progresistas del séptimo día, con la salvedad de que no conceden el sábado, por otro los liberales del insecto humano implicados en esa iglesia tumefacta… y entre unos y otros nada. O nada menos que uno mismo. Contra esta gentuza descomunal y soberbia tengo algo muy personal.

Edad Oscura

16 marzo, 2012 § Deja un comentario

“…en el momento en que los efectos de nuestro trabajo o de nuestra acción sobrepasan cierta magnitud o cierto grado de mediación, comienzan a tornarse oscuros para nosotros. Cuanto más complejo se hace el aparato en el que estamos inmersos, cuanto mayores son sus efectos, tanto menos tenemos una visión de los mismos y tanto más se complica nuestra posibilidad de comprender los procesos de los que formamos parte o de entender realmente lo que está en juego en ellos. En una palabra: pese a ser obra de los seres humanos y pese a funcionar gracias a todos nosotros, nuestro mundo, al sustraerse tanto a nuestra representación como a nuestra percepción, se torna cada día más oscuro. Tan oscuro que ni siquiera somos capaces de reconocer su oscurecimiento; tan oscuro que podríamos calificar legítimamente nuestra época de dark age. Hemos de abandonar definitivamente la esperanza ingenuamente optimista del siglo XIX de que las “luces” de los seres humanos se desarrollarían a la par que la técnica. Quien aún hoy se complace en tal esperanza no es sólo un supersticioso, no es sólo una reliquia de antaño, sino que es víctima de los actuales grupos de poder: de esos hombres oscuros de la época técnica cuyo máximo interés es mantenernos en la oscuridad en relación con la relaidad del oscurecimiento de nuestro mundo o, mejos dicho, producir incesantemente esta oscuridad. Pues ésta es la ingeniosa mistificación de la que hoy son víctima quienes carecen de poder. La diferencia entre los métodos de mistificación que conocemos y la actual mistificación es evidente: si ayer la táctica consistía en excluir de toda ilustración posible a quienes carecían de poder, hoy consiste en hacer creer que tienen luces quienes no ven que no ven. En cualquier caso, hoy no puede decirse que técnica e ilustración avancen al mismo ritmo, sino que son “inversamente proporcionales”, esto es: cuanto más trepidante es el ritmo del progreso, cuanto mayores son los efectos de nuestra producción y más compleja la estructura de nuestros aparatos, tanto más rápidamente pierden nuestra representación y nuestra percepción la fuerza de avanzar al mismo ritmo, cuanto más rápidamente se eclipsan nuestras “luces” más ciegos nos volvemos.

Y en verdad se trata de nosotros. Pues lo que desfallece no es esto o aquello, no es sólo nuestra representación y nuestra percepción: lo que desfallece es nuestra existencia hasta en sus mismo fundamentos, es decir, en todos sus aspectos. ¿Qué significa esto?”

(G. Anders.)

Hábitos de estameña.

13 marzo, 2012 § Deja un comentario

La constitución semiótica de la realidad humana hace del hábito (hexis) un elemento fundamental de su naturaleza. Significante cuyo sentido y significado delata la índole del portador, que se esfuerza por significarse, por dejar claro quién es.  Cuando la propia entidad alcanza cierta dimensión el hábito puede descargarse de signos espurios. Esto sucede sólo – ahora y siempre – en los menos de los casos. Hay dos hábitos de muy distinta naturaleza, pero que parecen ser medios de significación especialmente puros: la bebida y el vestido.

“En las reuniones aristocráticas se había impuesto la costumbre de beber vino, incluso en los más fríos y brumosos confines de la cristiandad. La avidez por los tejidos preciosos gobernaba las actitudes económicas de la nobleza hasta el punto que los príncipes del siglo XIII, para impedir que sus vasallos se arruinasen, limitaron por ordenanza el número y la calidad de los vestidos que estaba permitido adquirir anualmente en los distintos niveles de la alta sociedad. Estas leyes suntuarias son significativas, pero lo es más todavía la vulgarización progresiva de estos ornamentos, cuyo empleo penetró en las capas menos elevadas de la sociedad, se afirmó poco a poco en las costumbres de los hidalgos rurales, de los patricios de las ciudades, e incluso entre los simples campesinos.” (G. Duby)

¿Dónde estoy?

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