Edad Oscura

16 marzo, 2012 § Deja un comentario

“…en el momento en que los efectos de nuestro trabajo o de nuestra acción sobrepasan cierta magnitud o cierto grado de mediación, comienzan a tornarse oscuros para nosotros. Cuanto más complejo se hace el aparato en el que estamos inmersos, cuanto mayores son sus efectos, tanto menos tenemos una visión de los mismos y tanto más se complica nuestra posibilidad de comprender los procesos de los que formamos parte o de entender realmente lo que está en juego en ellos. En una palabra: pese a ser obra de los seres humanos y pese a funcionar gracias a todos nosotros, nuestro mundo, al sustraerse tanto a nuestra representación como a nuestra percepción, se torna cada día más oscuro. Tan oscuro que ni siquiera somos capaces de reconocer su oscurecimiento; tan oscuro que podríamos calificar legítimamente nuestra época de dark age. Hemos de abandonar definitivamente la esperanza ingenuamente optimista del siglo XIX de que las “luces” de los seres humanos se desarrollarían a la par que la técnica. Quien aún hoy se complace en tal esperanza no es sólo un supersticioso, no es sólo una reliquia de antaño, sino que es víctima de los actuales grupos de poder: de esos hombres oscuros de la época técnica cuyo máximo interés es mantenernos en la oscuridad en relación con la relaidad del oscurecimiento de nuestro mundo o, mejos dicho, producir incesantemente esta oscuridad. Pues ésta es la ingeniosa mistificación de la que hoy son víctima quienes carecen de poder. La diferencia entre los métodos de mistificación que conocemos y la actual mistificación es evidente: si ayer la táctica consistía en excluir de toda ilustración posible a quienes carecían de poder, hoy consiste en hacer creer que tienen luces quienes no ven que no ven. En cualquier caso, hoy no puede decirse que técnica e ilustración avancen al mismo ritmo, sino que son “inversamente proporcionales”, esto es: cuanto más trepidante es el ritmo del progreso, cuanto mayores son los efectos de nuestra producción y más compleja la estructura de nuestros aparatos, tanto más rápidamente pierden nuestra representación y nuestra percepción la fuerza de avanzar al mismo ritmo, cuanto más rápidamente se eclipsan nuestras “luces” más ciegos nos volvemos.

Y en verdad se trata de nosotros. Pues lo que desfallece no es esto o aquello, no es sólo nuestra representación y nuestra percepción: lo que desfallece es nuestra existencia hasta en sus mismo fundamentos, es decir, en todos sus aspectos. ¿Qué significa esto?”

(G. Anders.)

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