Cambalache

31 marzo, 2012 § 2 comentarios

Créanme que me he vuelto loco.  Miro el televisor y escucho el incesante griterío, en esta ocasión acerca de la conveniencia o no de legalizar la prostitución. Entre todos, un escritor anciano habla, ciertamente con corrección gramatical, para defender sus aberraciones. El resto es indefinible y cualquier descripción resultaría ofensiva, lo que va contra el respeto a sus personas, un extremo al que no pienso llegar. A la vez estoy escuchando a un filósofo y amigo tratar de un tema de algún interés histórico, aunque a mi parecer lo afronta sin conocer el mundo y, sobre todo, el fin del mundo.

En esta vorágine leo que tres mil científicos eminentes reunidos, lo mejor de cada casa, diagnostican el colapso del soporte biológico de nuestra existencia. Me complace que sean tres mil y que sean científicos.  Este comité del Gran Ser podría haberse ahorrado la alarma, dado que siendo casi evidente la situación no parece que nadie experimente emergencia.

Acaso porque estoy sentado ante un semillero que puse hace quince días y en el que se va abriendo la tierra, mientras comulgo amablemente y contra mi salud, el caso es que se me vino a las mientes el tango famosísimo de Discépolo.

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