La casa del hombre.

25 mayo, 2012 § Deja un comentario

Sería difícil explicar en breve espacio cómo se alcanzan las simas de la teología a partir de cuestiones sociológicas o antropológicas. A propósito de una crítica de la noción moderna de naturaleza – contrapuesta al  orden de la cultura – me he visto conducido a los apologetas y hallo una referencia en Teófilo de Antioquia de una deslumbrante potencia.

La interna implicación de monoteísmo, creacionismo y providencia acaba llevándome a una comprensión de la noción cristiana de mundo – netamente contrapuesta a la naturaleza de definición estrechamente ecológica o, incluso, “fisicalista” -. En otro lugar trataré de aflorar la conexiones entre tales posiciones, el problema es arduo pero – de disponer del tiempo – acaso pueda ofrecer el mapa de tan intrincado territorio. Será  para descubrir nuevamente el mediterráneo. No está mal, representar una vez más el papel del navegante que Chesterton refiere al comienzo de su Ortodoxia. No es mal papel reproducir, a escala muy humilde sin duda,  lo que – pese a su mínima dimensión – no deja de ser el itinerario del Magister Laetus.

Teófilo de Antioquía escribió, (escuchen revolucionarios sociales y ecologistas):

“Ahora bien la ley divina no sólo prohíbe adorar a los ídolos, sino también a los elementos, al sol, a la luna y a los demás astros; ni se debe tampoco dar culto al cielo ni a la tierra, al mar, a las fuentes o a los ríos, sino que hay que servir al solo Dios verdadero y Hacedor del universo en santidad de corazón y sincera intención. Y Oseas, que es también profeta, dice sobre la monarquía de Dios. “Éste es vuestro Dios, el que afirmó el cielo y fundó la tierra, cuyas manos mostraron toda la milicia del cielo, pero no os la mostró para que caminéis tras ella (Os. 13,4)” (Teófilo de Antioquía. Ad Autolycum. II 35a)

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Corrupción española

22 mayo, 2012 § Deja un comentario

La “corrupción del carácter” ha alcanzado entre los españoles, entre nosotros, un grado extremo. Tengo la impresión de que es notablemente superior al propio de otras sociedades de nuestro entorno. Cala en cada gesto, pasa desapercibida y es consubstancial a nuestra más íntima naturaleza. La excepción es aquí la limpieza en la expresión, la valentía en el trato, la seguridad en la comunicación. Me abstengo de cualquier ejemplo. Nuestra inepcia intelectual es sólo un síntoma de una degeneración de la voluntad. Nuestra corrupción podrá pasar desapercibida en una tímida broma, en la ironía consciente pero, sobre todo, en un movimiento no premeditado, en el énfasis con que me he habituado a pronunciar algunos términos.

Una corrupción no ya política, imprescindible para el funcionamiento de la democracia de partidos, sino corrupción moral y personal, enteramente destructiva. Síntoma de debilidad y de flaqueza, soberbia del exhausto, del neurasténico, del impotente. Gesto ampuloso pero vacuo pero, sobre todo, una honda inconsistencia en el pensamiento y en el habla, en el razonamiento y en la voluntad. Somos, los españoles, huecos como campanas, sonoros y fatuos, agujeritos de nada. Lo digo con una pena inabarcable: somos el apéndice inerme de Europa. Quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras… Entre nosotros la reforma habría de ser radical o volver a las raíces. No recortes o ajustes, sino una revolución capaz de salvar lo que quede, si algo queda, de la tradición.

Al modo en que L. Bloy procedió a una exégesis de los lugares comunes,  debiéramos proceder a un registro de síntomas de nuestra honda degradación. Entretendremos algunos minutos en el registro de signos manifiestos en el uso del lenguaje. Bloy o Klemperer pueden servirnos de guía.

Razón última o al final de la razón.

12 mayo, 2012 § Deja un comentario

Desde hace un tiempo me ha venido interesando la obra de Paul Virilio. Muchos matices y una cuestión de estilo, creo, me han disuadido de comunicarlo con el debido entusiasmo. Comunicárselo a los pocos amigos – sobra con los dedos de una mano – que pudieran considerar mi sugerencia. No pienso, naturalmente, que mis juicios de valor sirvan para eso que hoy llaman “crear opinión”, diría que no me importa la opinión – aunque sea masiva – sino la verdad si quisiera dármelas de puro. Nada más lejos de mi intención. Me importa la opinión que es, de suyo y siempre, masiva. Pero intentaré siempre conducir la opinión hacia la verdad.

He leído la larga entrevista que lleva por título La administración del miedo.  Nuevamente distancias de matiz, es decir, abismales pero íntimas y una cuestión de estilo que lo aproxima al modo francés de las últimas tres o cuatro décadas, poco geométrico. Ahora bien, más allá de todo esto he encontrado en Virilio páginas mías, que él firmó hace años. Y un sentido común que desborda estilo y matices. No conocía nada de su vida y de su obra más allá del par de pequeños libros de que dispongo y la breve entrevista que menciono, donde – súbitamente – he encontrado la honda raíz común que me lo aproxima tanto.

¿Diría que la dinámica del progreso, o sea, el deseo continuo de liberación se ha impuesto a su contenido (ocuparse de la felicidad de la humanidad) o bien es la propia noción de promesa lo que ha desaparecido?

Creo, en efecto, que la noción de promesa ha sufrido importantes cambios y que el nihilismo ha calado profundamente en la modernidad. El nazismo, claro, fue adelantado en esta materia. Como cristiano que soy, me gusta rememorar la siguiente consideración. Un filósofo pregunta a su interlocutor: “¿Así que no cree Ud. en Dios? -No. – ¡Vaya!, reponde el filósofo. ¡Pues entonces cree en todo lo demás!”. Es ese “todo lo demás” lo que está desapareciendo. Pronto no creeremos en nada y el nihilismo habrá alcanzado su quintaesencia. Habremos entrado en lo que llamo el monoateísmo, fe paradójica de quien no cree absolutamente en nada. Incluso los ámbitos más favorables al nihilismo, como los grandes centros financieros, están minados por una suerte de nihilismo hiperbólico. Los agentes del mundo de las finanzas han perdido la confianza, lo cual es muy preocupante dado que la base del capitalismo son la confianza y la competencia. ¿Por qué han perdido la confianza? Por una razón de una simplicidad bíblica. Porque la confianza no sobrevive al mundo de la instantaneidad. Debe construirse, ganarse en el tiempo. La confianza instantánea o la fe instantánea no son reales. Hace falta tiempo para confiar, hace falta tiempo para tener fe. Son cosas que se elaboran: necesitan un tempo, un ritmo. Por eso la liturgia, como “acto del pueblo”, es tan importante. En consonancia con lo anterior, el mono-ateísmo consiste, en cierto modo, en no creer en nada del “gran” todo. A partir de ahí podemos entrar o puede volver a retoñar la era de la filolocura. y con ella una especie de hiper-fascismo. Estamos, con la crisis sistémica de la Bolsa, en el umbral de una situación tan extrema.”

Filosofía

11 mayo, 2012 § Deja un comentario

No trato de aportar nada, no podría,  a la vieja y compleja cuestión sobre el lugar de la filosofía en el conjunto del saber, nada sobre la naturaleza y función del saber filosófico. Me limito a señalar la realidad de los problemas filosóficos frente a los puramente doxográficos. Éstos tienen una importancia y valor derivado o indirecto, reciben su luz del centro solar del presente. Es obvio que ese presente posee una textura internamente constituida por las figuras que la doxografía desmembra, de ahí la importancia del análisis filológico e histórico de conceptos e ideas dadas en el pasado, pero que se manifiestan analógicamente en nuestra circunstancia presente.

La cuestión posee una complejidad desproporcionada para la capacidad de un simple escoliasta y para las dimensiones de un simple escolio.  Pero sirve para presentar un breve texto en que se afronta el urgente presente y cuyo autor, una vez más, no procede de las filas de la filosofía escolar o universitaria que, me parece, se ha excedido en su pura atención a la doxografía. Esta atención no desmerecería, en modo alguno, su labor si sus finísimos análisis no se olvidaran de volver sobre una circunstancia real de la que, a veces por su “vida académica”, los doxógrafos están separados.  Añadiré que nuestras universidades y escuelas cuentan con muy notables doxógrafos, cuya paciente y meticulosa labor requiere de magníficas inteligencia y voluntad. En algún caso esa pericia está incardinada en la historia y el presente y, entonces, la obra adquiere un valor difícil de exagerar. A menudo esto no ocurre, acaso no sea fácil combinar las exigencias de la disciplina académica con la atención personal pero en principio indeterminada por recaer sobre fenómenos diversos, profusos, heterogéneos entre los que tratamos de vivir o poner orden.

El caso es que un urbanista y arquitecto, no perdido por y para la especialización sino situado personalmente ante el panorámico mundo, puede abordar cuestiones realísimas que, sin duda, una erudición doxográfica permitirá siempre descomponer y recomponer hasta los elementos para alcanzar una explicación en profundidad. Esas herramientas las posee el urbanista en parte, pero destaca su atención fenomenológica (de lector sutil de Bergson y de Husserl) capaz de disponer todos sus medios o instrumentos – que nunca son totales –  al servicio de la comprensión del presente. Avanzarán sus líneas más o menos, pero – en todo caso – lucha contra realidades y no contra espejismos de archivo o de biblioteca. No hay que desangrarse en combates de sueños, aunque también es cierto que – muy a menudo – los que realmente batallan parecen, a la mayoría de durmientes, enemigos de molinos de viento.

¿Al olvido de los espacios se sumaría entonces el olvido del cuerpo?

Sí, y el hombre está obligado a transferir su poder de decisión a sistemas de respuesta automáticos capaces de funcionar a la velocidad inmóvil de la instantaneidad. La aceleración de la realidad es una mutación considerable de la historia. Consideremos, por ejemplo, la economía. El crack económico que hemos vivido en 2007-2008 es un crack sistémico que tiene una historia. Una historia que se origina a principios de los años ochenta, cuando las bolsas mundiales se interconectaron en tiempo real. Esa interconexión, denominada “Program Trading”, tiene otro nombre altamente sugestivo: el “Big Bang” bursátil. Un primer crack, en 1987, ya demostró de manera definitiva que era imposible gestionar esa velocidad. En cuanto al crack de 2008, tiene que ver en parte con el “flash trading”, es decir, con unas coticaciones ultrarápidas operadas por unos ordenadores que resultan ser los mismos que los de la defensa nacional. Estamos hablando nada menos que de delitos de información privilegiada pero cometidos en tiempo real. En efecto, el tiempo normal de la información financiera ya no existe; ha sido sustituido por la rapidez de las herramientas informáticas y se ha convertido en un tiempo que ya no se puede compartir y, por tanto, impide la competencia real entre los operadores. Asistimos al final de un tiempo humano compartido que permitía a los operadores competir entre sí demostrando su capacidad de previsión y anticipación (competencia que es esencial para el buen funcionamiento del capitalismo); ha sido susitutuido por un tiempo nano-cronológico que elimina ipso facto las bolsas que no tienen la misma tecnología informática. En suma, no econtramos ante una especulación automatizada en el futurismo del instante. Estos delitos de información privilegiada son una anamorfosis del tiempo que todavía no ha sido analizada ni sancionada como tal. Intentar regularla es imposible, puesto que hemos huido hacia una realidad acelerada. Vemos claramente hasta qué punto la ausencia de una economía política de la velocidad está haciendo explotar no ya el capitalismo, sino el turbo-capitalismo. Naturalmente soy consciente de que el actual crack sistémico, con el estallido de la burbuja inmobiliaria en 2007, es más complejo y nos obliga a pensar de nuevo la relación con el valor y las normas contables. Sin embargo, es evidente que reina el corto plazo. Y lo más dramático es que este fenómeno golpea de pleno a la ciencia. Milisegundos, picosegundos, femtosegundos, mil millonésimas partes de segundos, he aquí nuestra realidad que se ha convertido en inhabitable” (Paul Virilio)

La administración del miedo

10 mayo, 2012 § Deja un comentario

“…todo espacio es un espacio-tiempo: el espacio real de la geografía está ligado al tiempo real de la acción humana. Con los fenómenos de interactividad instantánea, que son ya el pan nuestro de cada día, tiene lugar una verdadera conmoción que desestabiliza la relación con la actividad humana, caracterizada por el tiempo necesario para reflexionar, pues bien esto desaparece y está sustituido por los reflejos condicionados que genera la emoción. De ahí la posibilidad de un pánico generalizado. Y ésta es la segunda gran deflagración de nuestra relación con lo real”. (Paul Virilio)

¿Qué lugar han ocupado los “pedes pulverosi” en el despliegue de este estado, es decir, en el estado de plena realización del comercio universal e inmediato? Sin ser “enemigos del comercio”. sino contemplándolo más allá de nuestra voluntad y, por tanto, de nuestra enemistad, nos preguntamos: ¿mover las cosas, movilizarlas íntegramente no habría de modificar “enseres y ademanes”… es decir, de conmover la estructura elemental de la existencia antropológica, tal como la hemos conocido…?

Studia humanitatis

8 mayo, 2012 § Deja un comentario

Trato de señalar un paso del que, me parece, Jordi Llovet no se apercibe en su, por lo demás, magnífica obra: Adiós a la Universidad. El eclipse de las humanidades” de reciente publicación en español. Me sirvo para indicar el paso de un notable texto de A. Finkielkraut. Su segunda lección del conjunto publicado en “Nosotros, los modernos”. Añadiría, aunque aquí sólo lo señalo, un análisis de la conmoción que hubo de afectar al elemento antropológico de la existencia para que pudiera producirse el desplazamiento radical del lugar axial de la metafísica teológica en el conjunto del saber. Lo escrito resultará críptico en muchos puntos, está siendo objeto de un desarrollo que, quizás, lo aclare un punto. Pues bien:

Las llamadas artes liberales tuvieron por objeto – desde el final de la Antiguedad y a lo largo del Medievo – el ejercicio de las inteligencias. Frente a las llamadas artes mecánicas, que movilizan el cuerpo, las artes liberales resultan sedentarias y movilizan el espíritu. Subyace un dualismo evidente a la distinción, un dualismo que no carece de sentido pero que posee un formato metafísico indudable.

El estudioso estaría libre de la fatiga de la vida de labor y entregado a la contemplación que, aunque no necesariamente pasiva sí se concibe desinteresada (de los intereses de la subsistencia y el bienestar que sufragan las artes mecánicas). Es notable el giro del término liberal, que hoy refiere a la doctrina que dispone como fin de la existencia humana el interés “mecánico” por el bienestar, bajo la idea moderna de utilidad.

“La nobleza del bienvivir se ha vuelto hacia la pasión universal del bienestar y la superioridad del cuidado del alma se diluye en la libre determinación de los medios para conservarse, una materia en la que cada uno es el mejor juez para sí mismo” (A. Finkielkraut)

Las artes liberales se distribuían en dos categorías: trivium y quadrivium (en principio gramática, retórica y dialéctica junto a la música, geometría, aritmética y astronomía.) Del griego gramma procede una gramática que incluía la estilística y la métrica, así como el conocimiento de un extenso corpus de autores con valor de arquetipo, simplemente clásicos. Gramma significa letra y así el gramático devino litteratus en un sentido amplio: letrado, erudito. Junto a la gramática se situaba el arte de razonar que acogía la dialéctica y el arte de persuadir en que consistió la retórica. En continuidad con el trivium se dispuso el quadrivium, antento al número y al ritmo. Su relación era de estrecha continuidad y sucesión organizada, frente a la actual oposición entre las llamadas dos culturas (Charles. P. Snow).

De uno a otro ciclo educativo se tendía un mismo objetivo: “amar el ardor y esplendor de ese mundo lejano donde se encuentra la vida feliz” (S. Agustín). Las artes liberales – en sus dos fases – se orientaban a la metafísica teológica que corona el edificio de la scientia medieval.

“La misma separación metafísica entre el más allá y el más acá, que insertaba a las matemáticas en una línea de continuidad con las artes del lenguaje, permitía a la teología presentarse no como una anticiencia o como una antifilosofía, sino como la ciencia sagrada, la ciencia suprema, la ciencia de las cosas divinas, en pocas palabras: como el tipo de actividad intelectual más elevado que pudiera presentarse al alma humana. “Las reglas de la dialéctica son necesarias y no es posible elucidar las cuestiones más profundas de la Santa Trinidad más que recurriendo a la sutilidad de las categorías”, afirmaba Alcuino, el maestro de Carlomagno, y uno de los primeros teóricos de la educación medieval” (A. Finkielkraut)

Un modo de cifrar esa misma posición de la teología metafísica, atendiendo a su dimensión más acusadamente antropológica, alude al carácter de “meditación sobre la muerte” que la “filosofía teológica” – la más elevada metafísica – tuvo.  Una muerte cuyo sentido no puede separarse de la figura de la comunidad, figura de cuyo proceso de corrupción el renacimiento constituye el primer momento. Esta degradación se acompasa a una transformación de la posición de la metafísica teológica que se verá evacuada de su lugar, precisamente, por el nuevo valor de los studia humanitatis. Una modificación que conoce inmediatamente su expresión en la dimensión propiamente antropológica. Frente a la idea de la filosofía como meditación sobre la muerte,  Montaigne – hombre nuevo – opina que la muerte es más bien el término (bout) y no la meta (but) de la vida. “es su fin, su extremo, y no su objeto” (Essais, III. XII. 1028)

Lo que era objeto y meta de la metafísica deviene mero término o extremo de la vida humana. Simple final y consiguiente estrechura de la existencia al orden del mundo con una expresión fecal que ya indica la dirección de la posterior crítica suspicaz, la perspectiva del nothing but que dijera Dietrich von Hildebrand:  “Los reyes y los filósofos hacen de vientre y también las damas”.

Orientado hacia el mundo – al sentido de la tierra, diríamos – dado que todo lo que hay es la vida en la tierra, el nuevo hombre se sirve de las artes liberales no para liberarse del mundo, sino para liberarse para el mundo, escribe Finkielkraut.  Emancipadas del yugo metafísico o teológico las artes liberales valen por sí mismas a la hora de descubrir la forma completa de la condición humana. El giro humanístico se consuma así con una modificación radical concomitante del orden antropológico, a la que no suele hacerse referencia.

Pero pronto las letras humanas se verán absorbidas por las ciencias humanas, extensión analógica de las ciencias liberales contenidas en el viejo quadrivium. Cuando la matemática allane la diferencia entre el mundo supralunar y el sublunar mostrándose como la estructura que subyace a la totalidad de los fenómenos del universo, incluido el hombre mismo, quedará clausurada la edad simbólica abriéndose la edad operatoria.

Desencantada de este modo, es decir, liberada de toda dimensión sobranatural, la naturaleza queda abierta a la experimentación y a la instrumentalización” (A. Finkielkraut)

La escisión metafísica de los mundos se resuelve con la starisation de la tierra y la entrega a la íntegra movilidad de la realidad. Dios no está en el orden de las estrellas en el que ahora se encuentra el hombre. Dios – de estar – sólo puede estar en nosotros. Abolir al Dios que sostiene el dominio señorial significa poner “las condiciones ontológicas de la igualdad”, añade Finkielkraut. Cabría también contemplar el despliegue de la society como razón de Su negación, acompasada a la construcción de la Nueva Ciencia.

Pero el método de construcción de la nueva verdad resuelve también la vieja noción de Autoridad – ni fe en el dato, ni fe en el dogma – se trata ahora del método luminoso de la matemática. Con ello queda derogado todo ámbito común al literato y al físico. Y es que la matemática no es un lenguaje… et tout le reste est littérature. Las humanidades disponen la rehabilitación de la tierra y el sentido de la tierra que las ciencias naturales consuman. O acaso su última consumación alcance su realización en el momento en que las ciencias naturales del hombre logren la perfecta producción de nuevas remesas de material antropológico. El útero artificial,  emblema de nuestro tiempo, obtuvo su primer diseño en el contexto del humanismo renacentista.

En suma, la quiebra renacentista de la armonía teológica (coetánea del desorden antropológico que significa la irrupción de la modernidad) ha de vincularse a las humanidades, hoy asimismo desbordadas por la laminación positivista utilitaria más inmediata. Pero se olvida – lo olvidaba J. Llovet, por ejemplo – que a las humanidades se les aplica su misma lógica terrenal. Cabe, pese a todo, por una suerte de procedimiento apagógico o, acaso mejor por reducción al ridículo, afirmar contra la afirmación galileana (Eppur si muove) la existencia de un centro inmóvil que, indudablemente, no forma parte del mundo. Sostener tal afirmación – con urgencia absoluta – requiere la construcción (¿re-construcción?) de un nuevo baluarte antropológico de la firmeza y la generosidad.

Acto de ser

7 mayo, 2012 § Deja un comentario

Basta con mirar y ver. Hay un elemento de misticismo en cada contemplación extasiada del leve movimiento de una hoja, en la percepción de nuestras manos tersas o ya arrugadas, en el breve aliento que nos roza al caminar. Ahí está el centro del misterio que expresa el acto de afirmación que de ningún modo debiera llamarse “argumento” – pese a la triste designación del racionalismo – pero que se conoce como tal: el argumento ontológico.  La fórmula aparente dice que la esencia de Dios incluye su existencia, tanto valdría afirmar directamente la existencia de Dios. En efecto, de la esencia de Dios nada sabemos, salvo que necesariamente existe. Dios existe porque yo no puedo pensar que no exista y aquí convendría callarse. Eso es todo, y vengan lógicos y analistas a descifrar lo que no está escondido.

Asimismo es bueno todo lo que afirma la existencia y malo lo que la niega o la debilita. El bien preserva la salus, como el mal la compromete. Y así Dios es naturalmente suma bondad.

Nietzsche, con mucha más hondura que, por ejemplo, R. Carnap y sus lamentables burlas de las fórmulas existencialistas (lo cierto es que alambicadas) negaba la existencia de Dios dado que – de otro modo – él no soportaría no ser Dios. Ultramoderno y soberbio profeta del superhombre. Del mismo modo, podemos afirmar la existencia de Dios porque de otro modo no soportaría ser lo que soy, simple criatura y, finalmente, nada. Ahora pensemos – si queremos hallar a Dios – qué o quién nos sostiene.

 Humilde alabanza de la simple existencia y sencilla gratitud.

¿Dónde estoy?

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