Nada de Nada.

1 mayo, 2012 § Deja un comentario

Me permitirán que adopte un tono divinatorio, propio de la profecía, dogmático y triste. No es reciente mi plena convicción de que vivimos en el umbral de la más acabada forma de barbarie, no es tampoco nueva porque viene siendo anunciada desde hace más de un siglo por buena parte de los que se han detenido a meditar sobre nuestra situación histórica. Y aquí el “nosotros” está sencilla y gratuitamente postulado.

Es vedad que algunos, engañados por la salida aparente de la última guerra, se vieron fascinados por Declaraciones Universales y Estados Sociales, por el bienestar y el orden público. Han sido, voluntariamente o no – poco importa – colaboracionistas. También es cierto que no parece que la resistencia sirva.

Alguno, que no me es contrario, me dirá que mis obras contradicen mis palabras. Dando por válida la distinción entre obras y palabras, que es ya una notable concesión, diría que así ha de ser porque mis palabras no concluyen salida alguna, de suerte que si vivo necesariamente las contradigo.

Estamos entregados al más terrible productivismo, según una abstracta idea de productividad, de rendimiento o de utilidad, que lamina radicalmente cualquier substancialidad, cualquier cualidad o diferencia entendida en términos que no sean estrechamante cuantitativos y, por tanto, homogéneos. Se abstrajo la calidad del trabajo artesanal en la producción de la sociedad de clases, se abstrajo la calidad del trabajo académico en la producción de la industria científico-cultural. Se abstrae el disfrute de vivir en la producción del consumo social. Se abstrae la singularidad personal en la producción del individuo abstracto. El útero artificial es el emblema definitivo de nuestros días de higiénico apocalipsis.

Cualquier ensayo de dar razón de semejantes augurios requiere de un trabajo que difícilmente podrá publicarse, dada la velocidad a la que se reduce la duración de los últimos días. Pero ruego, si es posible, un mínimo de comprensión, ya dije que sería dogmático y, por supuesto, seré contradictorio. Les dejo, tengo que atender a mis hijos.

Cuando me ataquen me encontrarán armado.

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