Filosofía

11 mayo, 2012 § Deja un comentario

No trato de aportar nada, no podría,  a la vieja y compleja cuestión sobre el lugar de la filosofía en el conjunto del saber, nada sobre la naturaleza y función del saber filosófico. Me limito a señalar la realidad de los problemas filosóficos frente a los puramente doxográficos. Éstos tienen una importancia y valor derivado o indirecto, reciben su luz del centro solar del presente. Es obvio que ese presente posee una textura internamente constituida por las figuras que la doxografía desmembra, de ahí la importancia del análisis filológico e histórico de conceptos e ideas dadas en el pasado, pero que se manifiestan analógicamente en nuestra circunstancia presente.

La cuestión posee una complejidad desproporcionada para la capacidad de un simple escoliasta y para las dimensiones de un simple escolio.  Pero sirve para presentar un breve texto en que se afronta el urgente presente y cuyo autor, una vez más, no procede de las filas de la filosofía escolar o universitaria que, me parece, se ha excedido en su pura atención a la doxografía. Esta atención no desmerecería, en modo alguno, su labor si sus finísimos análisis no se olvidaran de volver sobre una circunstancia real de la que, a veces por su “vida académica”, los doxógrafos están separados.  Añadiré que nuestras universidades y escuelas cuentan con muy notables doxógrafos, cuya paciente y meticulosa labor requiere de magníficas inteligencia y voluntad. En algún caso esa pericia está incardinada en la historia y el presente y, entonces, la obra adquiere un valor difícil de exagerar. A menudo esto no ocurre, acaso no sea fácil combinar las exigencias de la disciplina académica con la atención personal pero en principio indeterminada por recaer sobre fenómenos diversos, profusos, heterogéneos entre los que tratamos de vivir o poner orden.

El caso es que un urbanista y arquitecto, no perdido por y para la especialización sino situado personalmente ante el panorámico mundo, puede abordar cuestiones realísimas que, sin duda, una erudición doxográfica permitirá siempre descomponer y recomponer hasta los elementos para alcanzar una explicación en profundidad. Esas herramientas las posee el urbanista en parte, pero destaca su atención fenomenológica (de lector sutil de Bergson y de Husserl) capaz de disponer todos sus medios o instrumentos – que nunca son totales –  al servicio de la comprensión del presente. Avanzarán sus líneas más o menos, pero – en todo caso – lucha contra realidades y no contra espejismos de archivo o de biblioteca. No hay que desangrarse en combates de sueños, aunque también es cierto que – muy a menudo – los que realmente batallan parecen, a la mayoría de durmientes, enemigos de molinos de viento.

¿Al olvido de los espacios se sumaría entonces el olvido del cuerpo?

Sí, y el hombre está obligado a transferir su poder de decisión a sistemas de respuesta automáticos capaces de funcionar a la velocidad inmóvil de la instantaneidad. La aceleración de la realidad es una mutación considerable de la historia. Consideremos, por ejemplo, la economía. El crack económico que hemos vivido en 2007-2008 es un crack sistémico que tiene una historia. Una historia que se origina a principios de los años ochenta, cuando las bolsas mundiales se interconectaron en tiempo real. Esa interconexión, denominada “Program Trading”, tiene otro nombre altamente sugestivo: el “Big Bang” bursátil. Un primer crack, en 1987, ya demostró de manera definitiva que era imposible gestionar esa velocidad. En cuanto al crack de 2008, tiene que ver en parte con el “flash trading”, es decir, con unas coticaciones ultrarápidas operadas por unos ordenadores que resultan ser los mismos que los de la defensa nacional. Estamos hablando nada menos que de delitos de información privilegiada pero cometidos en tiempo real. En efecto, el tiempo normal de la información financiera ya no existe; ha sido sustituido por la rapidez de las herramientas informáticas y se ha convertido en un tiempo que ya no se puede compartir y, por tanto, impide la competencia real entre los operadores. Asistimos al final de un tiempo humano compartido que permitía a los operadores competir entre sí demostrando su capacidad de previsión y anticipación (competencia que es esencial para el buen funcionamiento del capitalismo); ha sido susitutuido por un tiempo nano-cronológico que elimina ipso facto las bolsas que no tienen la misma tecnología informática. En suma, no econtramos ante una especulación automatizada en el futurismo del instante. Estos delitos de información privilegiada son una anamorfosis del tiempo que todavía no ha sido analizada ni sancionada como tal. Intentar regularla es imposible, puesto que hemos huido hacia una realidad acelerada. Vemos claramente hasta qué punto la ausencia de una economía política de la velocidad está haciendo explotar no ya el capitalismo, sino el turbo-capitalismo. Naturalmente soy consciente de que el actual crack sistémico, con el estallido de la burbuja inmobiliaria en 2007, es más complejo y nos obliga a pensar de nuevo la relación con el valor y las normas contables. Sin embargo, es evidente que reina el corto plazo. Y lo más dramático es que este fenómeno golpea de pleno a la ciencia. Milisegundos, picosegundos, femtosegundos, mil millonésimas partes de segundos, he aquí nuestra realidad que se ha convertido en inhabitable” (Paul Virilio)

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