Razón última o al final de la razón.

12 mayo, 2012 § Deja un comentario

Desde hace un tiempo me ha venido interesando la obra de Paul Virilio. Muchos matices y una cuestión de estilo, creo, me han disuadido de comunicarlo con el debido entusiasmo. Comunicárselo a los pocos amigos – sobra con los dedos de una mano – que pudieran considerar mi sugerencia. No pienso, naturalmente, que mis juicios de valor sirvan para eso que hoy llaman “crear opinión”, diría que no me importa la opinión – aunque sea masiva – sino la verdad si quisiera dármelas de puro. Nada más lejos de mi intención. Me importa la opinión que es, de suyo y siempre, masiva. Pero intentaré siempre conducir la opinión hacia la verdad.

He leído la larga entrevista que lleva por título La administración del miedo.  Nuevamente distancias de matiz, es decir, abismales pero íntimas y una cuestión de estilo que lo aproxima al modo francés de las últimas tres o cuatro décadas, poco geométrico. Ahora bien, más allá de todo esto he encontrado en Virilio páginas mías, que él firmó hace años. Y un sentido común que desborda estilo y matices. No conocía nada de su vida y de su obra más allá del par de pequeños libros de que dispongo y la breve entrevista que menciono, donde – súbitamente – he encontrado la honda raíz común que me lo aproxima tanto.

¿Diría que la dinámica del progreso, o sea, el deseo continuo de liberación se ha impuesto a su contenido (ocuparse de la felicidad de la humanidad) o bien es la propia noción de promesa lo que ha desaparecido?

Creo, en efecto, que la noción de promesa ha sufrido importantes cambios y que el nihilismo ha calado profundamente en la modernidad. El nazismo, claro, fue adelantado en esta materia. Como cristiano que soy, me gusta rememorar la siguiente consideración. Un filósofo pregunta a su interlocutor: “¿Así que no cree Ud. en Dios? -No. – ¡Vaya!, reponde el filósofo. ¡Pues entonces cree en todo lo demás!”. Es ese “todo lo demás” lo que está desapareciendo. Pronto no creeremos en nada y el nihilismo habrá alcanzado su quintaesencia. Habremos entrado en lo que llamo el monoateísmo, fe paradójica de quien no cree absolutamente en nada. Incluso los ámbitos más favorables al nihilismo, como los grandes centros financieros, están minados por una suerte de nihilismo hiperbólico. Los agentes del mundo de las finanzas han perdido la confianza, lo cual es muy preocupante dado que la base del capitalismo son la confianza y la competencia. ¿Por qué han perdido la confianza? Por una razón de una simplicidad bíblica. Porque la confianza no sobrevive al mundo de la instantaneidad. Debe construirse, ganarse en el tiempo. La confianza instantánea o la fe instantánea no son reales. Hace falta tiempo para confiar, hace falta tiempo para tener fe. Son cosas que se elaboran: necesitan un tempo, un ritmo. Por eso la liturgia, como “acto del pueblo”, es tan importante. En consonancia con lo anterior, el mono-ateísmo consiste, en cierto modo, en no creer en nada del “gran” todo. A partir de ahí podemos entrar o puede volver a retoñar la era de la filolocura. y con ella una especie de hiper-fascismo. Estamos, con la crisis sistémica de la Bolsa, en el umbral de una situación tan extrema.”

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo Razón última o al final de la razón. en A Día de Hoy.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: