Piedra de toque-Clave de bóveda 2. 19/02/08

27 julio, 2012 § Deja un comentario

La primera entrada que dejé aquí llevaba este mismo título. De ahí el 2. que acompaña a la que ahora adjunto. El tema es, en efecto, el mismo. La primera iba asociada, no podía ser de otro modo, a la imagen del maestro Gustavo Bueno, y está enlazada aquí.

Esta otra consiste en dos citas, de dos autores mayores de nuestra tradición filosófica. Nadie discutirá el nombre del primero: I.Kant; pero a muchos sorprenderá el nombre del segundo: G. Bueno.  La opinión pública es, dice Nietzsche, la suma de perezas individuales de manera que poco nos importa esa sorpresa.  El problema planteado es de una dimensión que no alcanzará a medir científico social alguno, aunque lo desprecie, en apariencia, como cuestión metafísica. Es un problema crítico y de ahí que lo juzgara entonces como ahora: “piedra de toque- clave de bóveda”.

De entonces a esta parte he ido construyendo lo que un amigo me pedía en una nota: un comentario de ambos textos.  Voy entendiendo hasta el final el viejo dictum: Ars longa, vita brevis. Pero en mi disculpa aduciré, además de mi corta capacidad, la dureza de los tiempos.

“A un hombre íntegro sumido en los mayores infortunios de la vida, siendo así que hubiera podido evitarlos colocándose al margen del deber, ¿acaso no le sostiene la consciencia de haber honrado a la humanidad en su propia persona y haber conservado su dignidad?. Este consuelo no supone felicidad, ni tan siquiera la más mínima parte de ella. Desde luego, nadie desea tener ocasión para ello, y alguna vez quizá tampoco desee una vida en tales circunstancias. Pero vive, y no puede soportar mostrarse ante sus propios ojos indigno de la vida. Sólo vive todavía por deber, puesto que no encuentra el menor gusto en la vida. La respetabilidad del deber no tiene nada que conseguir con el disfrute de la vida. Posee su propia ley, así como también su idiosincrásico tribunal y, por mucho que uno quiera mezclar ambas cosas para brindar esa mixtura como medicamento al alma enferma, pronto vienen a separarse de suyo. Y, de no hacerlo así, la primera queda totalmente inoperativa en esa mezcolanza; pues, aun cuando la vida física ganase cierta fuerza con ello, la vida moral se consumiría sin remedio” (I. Kant. Crítica de la razón práctica).

“Pero la “filosofía de la felicidad” es una cáscara vacía cuando la felicidad se ha separado de los contenidos metafísicos (destino del Hombre, universalidad teológica o cósmica) que le dieron origen. Y a esta confusión contribuyeron los abundantes libros, que arrojan sucesivamente al mercado las editoriales, titulados filosofía de la felicidad escritos generalmente por profesores de filosofía que meten en el mismo saco, con el objeto de llenar el cupo de páginas concedidas, a una exposición de Epicuro y a una de Aristóteles, a Santo Tomás y a Bertrand Russell, como si todos ellos fueran respuestas alternativas a una misma cuestión previa y exenta: la Idea de la Felicidad humana; cuando, es la tesis de este libro, no se trata tanto de discutir si la felicidad humana es o no es posible, si existe o no existe, si su contenido es éste o el otro, sino de discutir si “existe” la Idea misma de la felicidad. Es lo mismo que ocurre en los debates teológicos acerca de si Dios existe o si no existe…: no cabe discutir esto, si Dios existe o si Dios no existe, porque de lo que hay que discutir es si existe o no existe la Idea de Dios”. (Gustavo Bueno Martínez. El mito de la felicidad)

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Comunidad católica: el afán de cada día. 3/11/07

27 julio, 2012 § Deja un comentario

Por entonces había publicado el maestro Gustavo Bueno un libro de importancia (“La fe del ateo”) cuya conclusión yo tomaba por las líneas que copiaba. Me llamó la atención la analogía con la figura de la pentalfa que, como se sabe, es emblema de la editorial que ha acogido lo más grave de la obra de D. Gustavo Bueno.

Sobre todo me llamaba la atención la estrecha semejanza entre esta fe y un escepticismo duro, la continuidad inversa que parece haber entre la fe del ateo (católico) y la fe del católico (im)posible que soy.  No hay más consistencia para la fe que sostengo, que la que definen las palabras de Bueno. Desde este punto de vista imagínense lo que empieza a importarme Europa, el Euro y, perdónenme, España.

¿Cuál es la consistencia de la fe (no religiosa) del ateo? (…). Bastará que tenga fe o confianza en alguna generación, en algunas personas de esta generación, por ejemplo, en un número indeterminado, pero finito y muy pequeño de personas, de las cuatro o cinco generaciones que van a sucederme. Pero nada más. A lo sumo confiará en que cuando lleguen a la vida adulta las personas de su confianza pertenecientes a esa cuarta o quinta generación tengan a su vez fe o confianza en un número indeterminado, pero finito y pequeño, de personas de la cuarta o quinta generación ulterior. Y así sucesivamente.” (Gustavo Bueno Martínez)

Pedagogía moderna 20/10/07

25 julio, 2012 § Deja un comentario

En octubre de 2007 mi hijo mayor apenas tenía tres meses. Hoy no puedo recordarlo, como si llevara junto a mí toda mi vida. No hace cinco años y han cundido como si fueran toda mi vida. Es, sin duda, toda mi vida.

Ahora, acaso algo más tranquilo, he aprendido que no seré el padre que debiera, pero que mis hijos me estimarán perfecto, esto significa – simplemente – no intercambiable, único, singular. Eso soy.

Decía entonces:

Recuerdo mi infancia como el orden sin tacha de un paraíso absoluto. Expresión enfática porque el absoluto es condición de cualquier paraíso. Indudablemente era un jardín soñado o imaginario como descubrimos al transitar a la edad adulta, y, por tanto, el paraíso – como ya anuncia su índole absoluta – es necesariamente falso. Y, sin embargo, no absolutamente falso dado que conserva un sentido positivo: absoluto en sentido positivo es un espacio limitado, donde el límite es el signo de la separación que nos desvincula del entorno. En esta medida la infancia es un orden verdaderamente absoluto. El niño parte, además, de la sola perspectiva interna y su habitación paradisiaca es (emic) necesariamente absoluta. Sólo desde más allá de la tapia conoce el adulto su glorioso desenfoque. Ahora bien, en la edad adulta entendemos, los que lo entendemos, que la infancia ha de gozar ese engaño de absoluta limpidez. Haber habitado semejante orden el tiempo suficiente es, además de una notable bendición, la condición necesaria de una firme estructura personal. A esa infancia achaco, por mi parte, la sobrecogedora ingenuidad que he conservado hasta bien entrada mi madurez. No se trata de la ignorancia del que no quiere ver el rostro duro y doloroso del mundo, sino la actitud del que sabe que el mundo esconde, precisamente, un rostro. Sólo así puede mirarse y ver la simple sutileza de una hoja, leerse y ver la compleja urdimbre de la historia, sólo así puede hablarse y decir el sentido hondo de las horas. Aventuro que todo el que con los años mantiene una curiosidad entusiasta y, bajo las agonías de la dialéctica, conserva un carácter honesto y fundamentalmente limpio ha vivido en ese falso paraíso absoluto. Absoluto es un espacio acotado o un recinto del que forma parte su límite, aquella muralla cálida porque protege y sirve finalmente de acicate y plataforma para toda salida al mundo, sólo sale al mundo el que tiene a dónde regresar. Es excusado decir que de este recinto forma parte esencial, como su centro vigilante, el legislador fundamental y fuente de toda sanción que es el Padre. “Proteger y nutrir” es el significado original de una paternidad vinculada inmediatamente al origen. Me pregunto si sabré ser esa muralla en el dominio de un mundo en demolición, en la creciente escombrera de una liberación que derriba recintos y, bajo figura de emancipación, arroja un escenario de detritos reciclables en un horizonte industrial sin barreras. Me hablaron de la entera curiosidad presente de un sabio venerable y he recordado que, en mi infancia, estaba prohibido pisar el césped. Una cosa lleva a la otra y yo, simplemente, agradezco tener un padre.

Recapitulación

24 julio, 2012 § Deja un comentario

Con el verano solemos hacer una pausa que delata a menudo la naturaleza de nuestras tareas ordinarias.  Huimos a la costa o nos entregamos a la lenta labor de dejar pasar el tiempo. Sucede en muchos casos que el ritmo nervioso y la falta de horizonte conduce a una esforzada actividad, que se quiere meramente lúdica pero parece, por el contrario, una endemoniada ocupación, que hubiera de cumplirse a plazo fijo y por necesidad. Jogging, rafting, puenting, swimming, jamming…

Por mi parte, y a la vista del largo lustro que he dedicado a ir poniendo ante otros mis ideaciones y simples ocurrencias, he decidido darle una vuelta al terreno recorrido y revolver entradas anteriores – creo que, en especial, las relativas a Educación e Historia – para contemplar el paisaje sin gloria de estos últimos años. Y dejo aquí – para empezar – una entrada que puede ser ya un emblema.

 Sic et non 5/8/07

El alma no está en el cuerpo, sino el cuerpo en ella.
Pero es en el cuerpo donde la palpamos.
El absoluto no está en la historia, sino la historia en él.
Pero es en la historia donde lo descubrimos.
(Nicolás Gómez Dávila)

Gustavo Bueno. De Europa. Mayo de 2012

19 julio, 2012 § Deja un comentario

Yes, Sir

14 julio, 2012 § Deja un comentario

Somos una colonia de una forma reciente de imperialismo especulativo, virtual, dinámico, pero que tiene referentes determinados. Imprecisos tras el espejismo financiero, son conocidos enemigos históricos y, en buena medida, se identifican con los elementos de esa biocenosis que llamamos Europa. Naturalmente tienen su contrapunto en el interior. Presión externa, tensión interna según proporción precisa.

El panfilismo angloparlante se presenta bajo su rostro más veraz aquí.

Nuestros aliados de amable gesto son bien vistos aquí.

Pero el lugar de la responsabilidad sigue estando en el corazón y en la cabeza de de todos y cada uno de nosotros.

Sic transit gloria mundi

España

12 julio, 2012 § Deja un comentario

La vieja antiespaña cuyo fantasma movilizó – se dice – la ideología franquista contra la España republicana resulta hoy de una potente solidez. Es curioso que cuando más se realiza menos visible parece resultar. Acaso porque los “ciudadanos de nuestra democracia” vivan en una atmósfera espectral y no quieran, es decir, no puedan ver la realidad: débiles, ficticios, especulativos. Entre la fantasmagórica irrealidad española se levanta una voz real de amarga lucidez.  Pío Moa merecería levantar su voz desde otra plataforma, pero en situaciones extremadas hay que aceptar el recurso a todos los medios disponibles.

Todos contra España. Pío Moa.

¿Dónde estoy?

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