El Sentido de la Educación.

13 agosto, 2012 § Deja un comentario

En estos últimos años y conociendo, como conozco, el colapso de la educación entre nosotros, no he podido dejar de dar vueltas al asunto. El derrumbamiento de la educación trasciende sobremanera a las instituciones educativas especializadas y es el signo manifiesto del oscuro proceso de la modernidad.  El lugar crítico – a mi juicio – alcanzado ya por el hundimiento se encuentra en la familia. Una institución total de carácter monógamo, patriarcal y asimétrico que puede darse por desaparecida. Para deleitable emancipación de su yugo multisecular, según parece.

 Así las cosas las instituciones educativas sólo sirven para prolongar la liberación o bien para negarla medianta una disciplina formal y externa, que sólo sirve para resecar el carácter y endurecer en vano al joven, naturalmente desorientado. A este respecto – se me acusará de gremialismo – entiendo que los centros educativos están a menudo poblados por esforzados resistentes y, en cualquier caso, gente laboriosa entregada a su tarea con mayor tesón del que puede observarse entre la élite hegemónica de jornaleros o periodistas, politiquitos y gestores de lo público y numerosos emprendedores que, en su terno oscuro, han decidido decidir el rumbo del cosmos.

Alentados por esa élite, hace mucho tiempo que habitan las instituciones educativas ideólogos de la motivación, psicopedagogos empeñados en descubrir el secreto a voces de la educación y en difundirlo entre los simples profesores que, a menudo con ignorancia culpable, secundamos o asumimos la aplicación de sus principios revolucionarios al oficio más hondamente tradicional. Una suerte de management educativo ha inficionado los pilares de la escuela. Haremos – según parece – al brillante ciudadano emprendedor del futuro, otra vez el hombre nuevo o el superhombre.

La cosa ha llegado al punto irreversible en que nos encontramos.  Hace ya mucho tiempo en que en esa labor pseudoacadémica me atengo a razones de supervivencia y presto atención al posible – cada vez más improbable – resto del viejo mundo. Allí donde encuentro una vía de comunicación no dejo de explorarla, donde el bloqueo que me separa del alumno tiene la sombría densidad del presente puro, danzo la danza pedagógica y mastico la amargura  trágica correspondiente. Por eso se me paga, me han dicho en ocasiones, por tanto no recurro a mis superiores. Ocasionalmente hallaréis un compañero en situación semejante y, entonces, con la impotencia del soldado de infantería en una enorme batalla de material os daréis mutuo cobijo y nada más.

Esa honda desesperanza – ese desasimiento – se mantiene, sin embargo, alerta y a la espera de que la circunstancia permita alguna vía real de acción. El trance histórico pudiera en breve llegar al punto en que el presente ofreciera su definitivo rostro.

Pero dejo aqui algunas huellas del tránsito sin retorno al día de hoy.

Permanente Estado de Excepción 09/10/11

La patulea gobernante ha decidido desprenderse de cualquier pudor. Hace tiempo que en España la ley es sistemáticamente negada, obliterada, desoída. Son los propios tribunales, cuando no es el mismo poder legislativo el que pasa por encima de la legalidad que sanciona, por no hablar del constante escarnio que hacen de nuestra indigente legalidad los poderes autonómicos o locales. Es de una impudicia que ya no avergüenza a nadie, pero que podría estropear el estómago al que conservara mínimamente erguida la columna vertebral. Esto al margen de la substancia misma de esa legalidad, diseñada para su violación: prostituida, escarnecida, engañada desde su concepción.
En la medida descomposición del sistema público de educación también se ha pasado ya de la lenta degradación legal – promovida tanto por la nueva izquierda como por su derecha clásica – a la imposición inmediata de la potente decisión del cacique. Sirva un ejemplo: tras haber reducido en torno a un 10% del personal en algunos institutos públicos de la comunidad de Madrid se les ofrece ahora satisfacer ese porcentaje perdido con nuevos profesionales – “profesores transformacionales” – procedentes de la Fundación “Empieza por Educar”. Profesores que no han concurrido al sistema público de oposición y que ocuparan plaza junto a los funcionarios docentes, cuya extinción en la educación secundaria no se hará esperar. Por supuesto, seguirán idéntico destino en un plazo  breve los asimismo funcionarios docentes de la educación universitaria.
La pánfila población del Estado (abochornaría, al que tuviera el menor conocimiento histórico, llamar “España” al Estado que nos carea) mira a un lado y a otro, desprovista de toda orientación. El pensamiento filosófico y político español sucumbió hace tiempo al dulce bienestar democrático, y de su vieja existencia no queda nada.Basta ver los últimos programas de televisión dedicados a nuestros “filósofos”. (“pienso, luego existo”)

 

 

 

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