La figura del campesinado

16 agosto, 2012 § Deja un comentario

Hay un misterio encerrado en la figura del campesino. He ido tras él de modo irregular y con escasa dedicación, pero he atisbado – pese a todo – el sentido y el valor de esa figura. Kafka lo entendió a primera vista y Tolstói lo entendió mejor.

Franz Kafka. [Náufragos] /15/03/09

A modo de archivo de la catástrofe y, como tal, fragmentario y diverso, abro ahora un nuevo campo, o – acaso más propiamente – añado una etiqueta bajo la que quisiera recoger los numerosos gritos de auxilio, las declaraciones finales, los diagnósticos de la tragedia, las perspectivas personales del gran acontecimiento. Son muchos los que han dejado memoria del hundimiento o han tratado de alcanzar un madero de misericordia, un resto flotante del viejo mundo anegado o bien se han entregado en un gesto último y ejemplar. Uno de estos náufragos lúcidos es, sin duda, F. Kafka. Tras construir su enfermedad que, por fin, irrumpe en agosto de 1917 Kafka obtiene su primer permiso largo – de ocho meses – en el Instituto de Seguros en que trabaja y se retira a una aldea del noroeste de Bohemia, Sirem, donde su hermana gobierna la granja de su cuñado. Allí – cuenta su biógrafo Klaus Wagenbach – pudo observar por vez primera la vida de los campesinos. Su impresión puede juzgarse externa y lo es, pero creo que no debiera considerarse ingenua:

“Impresión general sobre los campesinos: nobles que se han refugiado en la agricultura, donde han organizado su trabajo de un modo tan sabio y humilde que encajan sin fisuras en el conjunto y se pasan la vida a salvo de bandazos y mareos, hasta que mueren entre bienaventuranzas. Verdaderos ciudadanos de la tierra”.

No-Resistencia. Una observación 04/02/10

La doctrina schmittiana del katechon puede contemplarse como la más actual barrera filosófica contra el avance de la doctrina de la no-resistencia al mal (Mateo 5, 39) cuyas raíces se quieren tan antiguas como la conversión de Roma bajo Constantino el Grande y el Papa Silvestre. Podría no ser contemporánea de la misma conversión romana pero en todo caso el valdesianismo, que data ya del siglo XII, acredita una notable antigüedad y, realmente, no parece que pueda objetarse nada a la presencia constante de una oposición al catolicismo romano desde el momento mismo de su constitución. La heterodoxia es un momento de la ortodoxia. El núcleo crítico de las doctrinas de cuáqueros, menonitas, baptistas… pero también de los dujobori rusos puede cifrarse en la citada doctrina de la no-resistencia al mal con la violencia.
Cabe concebir como una forma de “romanticismo político”, en el sentido de C. Schmitt, cualquier formulación moderna de la citada doctrina: “La relación entre protestantismo y romanticismo se impone por sí misma: no sólo los contrarrevolucionarios católicos la han señalado, sino también los protestantes alemanes”  (C. Schmitt). Encuentro, sin embargo, que esta doctrina escapa de la tipificación del mencionado romanticismo político y alcanza una gravedad teológica y política sin parangón. Sin negar la relación entre protestantismo y romanticismo la cuestión de la no-resistencia no puede desdeñarse como una doctrina ocasionalista y subjetivista, característicamente romántica.
Cito un documento recogido por L. Tolstói:
.
“2 de octubre de 1818. Tiflis
Esta mañana, el comandante me ha dicho que no hace mucho enviaron a Georgia a cinco campesinos que habían pertenecido a un terrateniente de la provincia de Tambov, y que habían sido entregados para servir en el ejército, pero que se habían negado a hacerlo. Los azotaron con látigos y los apalearon en repetidas ocasiones, pero con tal de no servir, se entregaron sin resistirse a las más crueles torturas diciendo: “Déjennos marchar, no nos hagan daño, nosotros no se lo hacemos a nadie. Somos todos iguales, y el zar es un hombre igual a nosotros; ¿por qué tenemos que pagarle tributos, por qué tenemos que arriesgar nuestras vidas para matar a otras personas que no nos han hecho ningún mal?. Nos podéis cortar a pedazos, pero no cambiaremos nuestras convicciones: nunca vestiremos capote militar ni comeremos rancho. Aquel que se apiade de nosotros, que nos dé una limosna, porque del Estado nunca hemos querido nada, ni lo queremos“. Así son las palabras de estos mujiks que además aseguraban que en Rusia hay muchos que piensan como ellos. Fueron llevados en cuatro ocasiones ante el Comité de Ministros, que finalmente decidió informar al zar sobre el asunto. Éste ordenó que fueran enviados a Georgia para ser corregidos, y mandó al comandante jefe que le informara mensualmente sobre los éxitos que fuera obteniendo en la labor de reconducir su modo de pensar”

No parece que esta actitud pueda analogarse a la romántica, si puede oponerse el romántico al mártir. Acaso se funde antes en el carácter del mujik que del protestante, pero sus protagonistas reunían la condición de campesinos con la de dujobori y molokanes, grupos cristianos rusos, representantes de lo que suele llamarse anarcocristianismo.

 

 

Anuncios

Etiquetado:, ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo La figura del campesinado en A Día de Hoy.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: