Metapolítica

22 octubre, 2012 § Deja un comentario

He utilizado aquí a  menudo semejante “rótulo” y, últimamente, en el largo título de un trabajo que me ha ocupado algunos años. Lo he llamado:  “Elementos para la comprensión de las raíces metapolíticas de Europa”.

Me encuentro ahora y enlazo ya antes de haberlo leído un “rasguño” de Gustavo Bueno relativo al rótulo en cuestión.

En torno al rótulo “Metapolítica”. Gustavo Bueno Martínez

Hispanidad

17 octubre, 2012 § Deja un comentario

Antes de que el mes acabe conviene dejar constancia aquí – y ante lo que se nos aproxima – de ciertos puntos que he encontrado expresados, una vez más, con el rigor y la claridad necesarios en el lugar de D. Aquilino Duque.

12 de octubre de 2012

 

Verdadera filosofía

10 octubre, 2012 § Deja un comentario

Dejo enlace a un texto que juzgo de gran importancia, uno de los pocos que puedo suscribir sin matizar. Entiendo que resulta no ya actual, sino urgente.

Juan B. Fuentes.  Frente a Marx y la Ilustración.

Judaísmo e Ilustración

10 octubre, 2012 § Deja un comentario

Dejo el texto de una nota a pie de página ocasionada por un “ominoso guión”; el que suele mediar en la expresión “judeo-cristianismo”.(Podría dedicarse, con su pizca de ironía, a todos los defensores de una metafísica de la cultura como baluarte o fundamento metapolítico de una Europa, que se quiere alternativa a la Europa realmente existente).

«309. Un guión que conduce a la pérdida de perspectiva que, aunque puede entenderse en el judaísmo cultural de, por ejemplo, G. Steiner,  se ha impuesto, sin embargo, en otros muchos como un automatismo irreflexivo. George Steiner modifica ocasionalmente la fórmula escribiendo “hebraico-nazareno”.  Ese judaísmo culturalista (secularizado) hace del cristianismo una nota a pie de página del judaísmo (“El judaísmo y sus dos principales notas a pie de página el cristianismo y el socialismo utópico, son descendientes del Sinaí”) porque no puede ver la especificidad de la Cristiandad latina y, sobre todo, altomedieval. Malentiende así la índole de “la idea de Europa” tendiendo a la metafísica de la cultura cuyo epitafio fueron las dos guerras mundiales. La prolongación de esa metafísica de la cultura en figuras como la de G. Steiner, magníficas en otros muchos respectos, resulta cada vez más irreal. No podemos asumir semejante posición de la gran cultura cosmopolita moderna como basamento metapolítico de la idea de Europa porque tiene detrás una concepción de la historia europea enteramente tergiversada.

                En última instancia el judaísmo cultural está imposibilitado para ver en la Cristiandad medieval las raíces metapolíticas de Europa, contribuyendo así a la crítica ilustrada a la que quisiera ver libre de todo vestigio medieval como requisito para una nueva Europa neoclásica. Entendiendo que es la crítica racionalista y el curso (moderno) de la sociedad europea la vía que conduce a Auschwitz nos oponemos frontalmente a las posiciones del judaísmo ilustrado:

“La “idea de Europa” está entretejida con las doctrinas y con la historia del cristianismo occidental. Nuestro arte, arquitectura, música, literatura y pensamiento filosófico están saturados de valores y referencias cristianas. La alfabetización europea surgió de la educación cristiana. Las guerras religiosas entre católicos y protestantes han configurado el destino europeo y el mapa político del continente. Otros factores desempeñaron sin duda su papel, pero lo que es absolutamente inseparable de la caída de Europa en la inhumanidad, desde la Shoah, es la designación cristiana del judío como deicida, como heredero directo de Judas. Es en el nombre de la sagrada venganza por el Gólgota como los primeros pogromos arrasan toda Renania a comienzos de la Edad Media. Desde estas matanzas hasta el Holocausto, la línea descendente es desde luego compleja y en ocasiones subterránea, pero también inconfundible. El aislamiento, el acoso, la humillación social y política de los judíos ha sido parte integrante de la presencia cristiana – que ha sido axiomática – en la grandeza y abyección europeas. Los campos de exterminio son fenómenos europeos ubicados, por una intuición monstruosa, en las más católicas de las naciones europeas. De nuevo, los crucifijos se mofan del perímetro de Auschwitz (…). La brutal verdad es que Europa, hasta ahora, se ha negado a reconocer y analizar el múltiple papel del cristianismo en la medianoche de la historia, cuánto más a retractarse de él… (…).

Hoy el cristianismo es una fuerza en decadencia (…) Quizá surja una Europa postcristiana, aunque lentamente y en formas que es difícil predecir, de las sombras de la persecución religiosa. En un mundo asolado ahora por un fundamentalismo criminal, ya sea el del sur o el medio oeste americano, ya el del islam, Europa occidental tiene tal vez el imperioso privilegio de elaborar y llevar a efecto un humanismo secular. Si puede purgarse de su propia herencia oscura haciendo frente a esa herencia con perseverancia, tal vez la Europa de Montaigne y Erasmo, de Voltaire y de Immanuel Kant pueda una vez más ofrecer orientación”

(Steiner, G. La idea de Europa. Siruela. Madrid. 2005, pp.73-77)»

Fatal Encuentro

3 octubre, 2012 § Deja un comentario

Hace veintiséis años leí un comentario escrito por Borges que pasó al trasfondo de mi consciencia, donde siempre lo tuve vagamente presente. Hace nueve años me encontré con una edición entonces reciente de la Autobiografía de G. K. Chesterton y el viejo comentario de Borges pasó a primer plano. Desde entonces he leído de principio a final al maestro inglés.

Hoy mismo, por una azarosa fatalidad, he vuelto a encontrar las dos páginas que J. L. Borges dedicara a Chesterton en 1952. Las he encontrado de una luminosa profundidad apenas explicativa, hondamente paradójica. Evito los ejemplos y recogo los lugares donde se enuncia la idea.

“Poe y Baudelaire se propusieron, como al atormentado Urizen de Blake, la creación de un mundo de espanto; es natural que su obra sea pródiga de formas de horror. Chesterton, me parece, no hubiera tolerado la imputación de ser un tejedor de pesadillas, un monstruorum artifex (Plinio, XXVIII,2), pero invenciblemente suele incurrir en atisbos atroces. (…).

Tales ejemplos, que sería fácil multiplicar, prueban que Chesterton se defendió de ser Edgar Allan Poe o Franz Kafka, pero que algo en el barro de su yo propendía a la pesadilla, algo secreto, y ciego y central. (…)

Esa discordia, esa precaria sujeción de una voluntad demoníaca, definen la naturaleza de Chesterton… (…)

Recuerdo dos parábolas que se oponen. La primera consta en el primer tomo de las obras de Kafka. Es la historia del hombre que pide ser admitido a la ley. El guardián de la primera puerta le dice que adentro hay muchas otras* y que no hay sala que no esté custodiada por un guardián, cada uno más fuerte que el anterior. El hombre se sienta a esperar. Pasan los días y los años, y el hombre muere. En la agonía pregunta: “¿Será posible que en los años que espero nadie haya querido entrar sino yo?”. El guardián le responde: “Nadie ha querido entrar porque a ti sólo estaba destinada esta puerta. Ahora voy a cerrarla”. (Kafka comenta esta parábola, complicándola aún más, en el noveno capítulo de El Proceso). La otra parábola está en el Pilgrim`s Progress, de Bunyan. La gente mira codiciosa un castillo que custodian muchos guerreros; en la puerta hay un guardián con un libro para escribir el nombre de aquel que sea digno de entrar. Un hombre intrépido se allega a ese guardián y le dice: “Anote mi nombre, señor”. Luego saca la espada y se arroja sobre los guerreros y recibe y devuelve heridas sangrientas, hasta abrirse camino entre el fragor y entrar en el castillo.

Chesterton dedicó su vida a escribir la segunda de las parábolas, pero algo en él propendió siempre a escribir la primera”

(* – Nota de Borges – La noción de puertas detrás de puertas que se interponen entre el pecador y la gloria están el Zohar. Véase Glatzer. In Time and Eternity, 30; también Martin Buber: Tales of the Hasidim. 92)

Su dialéctica conjugación con Belloc, la polémica unanimidad con su propio hermano, de algún modo bien vista por su señora cuñada Mrs. Cecil Chesterton, forman parte de esa compleja y plural naturaleza del maestro inglés. Tras ella creo que palpita una esencial contradicción, que acaso esté en el nervio de la más aquilatada antropología católica y que, por tanto, estará presente en el corazón de todos los hombres.

¿Dónde estoy?

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