Judaísmo e Ilustración

10 octubre, 2012 § Deja un comentario

Dejo el texto de una nota a pie de página ocasionada por un “ominoso guión”; el que suele mediar en la expresión “judeo-cristianismo”.(Podría dedicarse, con su pizca de ironía, a todos los defensores de una metafísica de la cultura como baluarte o fundamento metapolítico de una Europa, que se quiere alternativa a la Europa realmente existente).

«309. Un guión que conduce a la pérdida de perspectiva que, aunque puede entenderse en el judaísmo cultural de, por ejemplo, G. Steiner,  se ha impuesto, sin embargo, en otros muchos como un automatismo irreflexivo. George Steiner modifica ocasionalmente la fórmula escribiendo “hebraico-nazareno”.  Ese judaísmo culturalista (secularizado) hace del cristianismo una nota a pie de página del judaísmo (“El judaísmo y sus dos principales notas a pie de página el cristianismo y el socialismo utópico, son descendientes del Sinaí”) porque no puede ver la especificidad de la Cristiandad latina y, sobre todo, altomedieval. Malentiende así la índole de “la idea de Europa” tendiendo a la metafísica de la cultura cuyo epitafio fueron las dos guerras mundiales. La prolongación de esa metafísica de la cultura en figuras como la de G. Steiner, magníficas en otros muchos respectos, resulta cada vez más irreal. No podemos asumir semejante posición de la gran cultura cosmopolita moderna como basamento metapolítico de la idea de Europa porque tiene detrás una concepción de la historia europea enteramente tergiversada.

                En última instancia el judaísmo cultural está imposibilitado para ver en la Cristiandad medieval las raíces metapolíticas de Europa, contribuyendo así a la crítica ilustrada a la que quisiera ver libre de todo vestigio medieval como requisito para una nueva Europa neoclásica. Entendiendo que es la crítica racionalista y el curso (moderno) de la sociedad europea la vía que conduce a Auschwitz nos oponemos frontalmente a las posiciones del judaísmo ilustrado:

“La “idea de Europa” está entretejida con las doctrinas y con la historia del cristianismo occidental. Nuestro arte, arquitectura, música, literatura y pensamiento filosófico están saturados de valores y referencias cristianas. La alfabetización europea surgió de la educación cristiana. Las guerras religiosas entre católicos y protestantes han configurado el destino europeo y el mapa político del continente. Otros factores desempeñaron sin duda su papel, pero lo que es absolutamente inseparable de la caída de Europa en la inhumanidad, desde la Shoah, es la designación cristiana del judío como deicida, como heredero directo de Judas. Es en el nombre de la sagrada venganza por el Gólgota como los primeros pogromos arrasan toda Renania a comienzos de la Edad Media. Desde estas matanzas hasta el Holocausto, la línea descendente es desde luego compleja y en ocasiones subterránea, pero también inconfundible. El aislamiento, el acoso, la humillación social y política de los judíos ha sido parte integrante de la presencia cristiana – que ha sido axiomática – en la grandeza y abyección europeas. Los campos de exterminio son fenómenos europeos ubicados, por una intuición monstruosa, en las más católicas de las naciones europeas. De nuevo, los crucifijos se mofan del perímetro de Auschwitz (…). La brutal verdad es que Europa, hasta ahora, se ha negado a reconocer y analizar el múltiple papel del cristianismo en la medianoche de la historia, cuánto más a retractarse de él… (…).

Hoy el cristianismo es una fuerza en decadencia (…) Quizá surja una Europa postcristiana, aunque lentamente y en formas que es difícil predecir, de las sombras de la persecución religiosa. En un mundo asolado ahora por un fundamentalismo criminal, ya sea el del sur o el medio oeste americano, ya el del islam, Europa occidental tiene tal vez el imperioso privilegio de elaborar y llevar a efecto un humanismo secular. Si puede purgarse de su propia herencia oscura haciendo frente a esa herencia con perseverancia, tal vez la Europa de Montaigne y Erasmo, de Voltaire y de Immanuel Kant pueda una vez más ofrecer orientación”

(Steiner, G. La idea de Europa. Siruela. Madrid. 2005, pp.73-77)»

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