Una retirada a tiempo y temporal.

10 noviembre, 2012 § 1 comentario

Estas entradas que fueron inicialmente una herramienta a mi servicio, empiezan a obligarme. No es una coerción invencible, pero ya obliga con mucha fuerza el mero saber que alguien lee lo que uno escribe.  Yo lo agradezco sobremanera y de todo corazón, un agradecimiento que es proporcional a la fuerza con que la responsabilidad me abraza.

Dulce atadura, sin duda. En castizo se dice que sarna con gusto no pica. Pero así y todo, cuando otras obligaciones me aprietan no hallo la calma para cumplir con la que esta escritura entraña. Así las cosas, anuncio a mis benditos lectores, que ahora sin fantasía puedo nombrar en plural, que me tomo un descanso hasta la próxima Navidad. Coinciden además mis muchas obligaciones de este tiempo inmediato con un importante hueco o vacío: no tengo nada que decir y la coyuntura está para hablar claro; y yo claro no lo tengo. He terminado algo y me tomo unos días de descanso de esta, aunque deseada, verdadera obligación voluntaria. Espero volver con alguna palabra clara, con alguna comprensión más ajustada de nuestro día de hoy. Aprovecho para felicitaros las próximas navidades, en las que volveremos a encontrarnos. Quedad con Dios.

Metapolítica (2)

7 noviembre, 2012 § Deja un comentario

Y ahora D. Alberto Buela replica al erudito y crítico rasguño de D. Gustavo Bueno. Es un rasguño que no deja herida, creo. Al menos Buela la elude, y hace bien. No cabe duda de que el término “metapolítica” no es unívoco y la cuestión radica en determinar si resulta siquiera análogo en la boca de todos los que hoy lo usamos, así como en precisar la índole de esa pretendida analogía.

De Bue a Bue.

Gelassenheit

2 noviembre, 2012 § Deja un comentario

De la muy conocida tríada suspicaz – Freud, Marx, Nietzsche – sólo del último resulta imposible desembarazarse. Quedará siempre la herida cauterizada del nihilismo. Su cicatriz en carne viva.

Su anuncio para dos siglos se realiza minuciosamente y desconoce su tiempo quien no ha sentido en su piel el tacto de la Nada. Poco cabe oponer porque no está en nuestra mano alzar el muro que contenga la poderosa tormenta de arena. Enclaustrarse y resistir para salir al mundo alguna vez, acogerse a la grieta en la piedra, a la breve hendidura que el viento no alcanza, en suma, resitir no es ya una posibilidad a nuestro alcance.

Tampoco lamentarse, ni impostar un gesto de victoria torcida. Sólo nos queda afrontar el abismo con los ojos abiertos.

 

¿Dónde estoy?

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