Gelassenheit

2 noviembre, 2012 § Deja un comentario

De la muy conocida tríada suspicaz – Freud, Marx, Nietzsche – sólo del último resulta imposible desembarazarse. Quedará siempre la herida cauterizada del nihilismo. Su cicatriz en carne viva.

Su anuncio para dos siglos se realiza minuciosamente y desconoce su tiempo quien no ha sentido en su piel el tacto de la Nada. Poco cabe oponer porque no está en nuestra mano alzar el muro que contenga la poderosa tormenta de arena. Enclaustrarse y resistir para salir al mundo alguna vez, acogerse a la grieta en la piedra, a la breve hendidura que el viento no alcanza, en suma, resitir no es ya una posibilidad a nuestro alcance.

Tampoco lamentarse, ni impostar un gesto de victoria torcida. Sólo nos queda afrontar el abismo con los ojos abiertos.

 

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