Sin consigna

9 enero, 2013 § Deja un comentario

Sin órdenes, ni señas de paso. Más abrumado que falto de orientación. Se trata del hastío ante el presente estado del mundo que no concede ni siquiera la derrota porque no se ofrece a la batalla.

Conservo todavía el sentido suficiente para no disfrutar de cualquier herida en cualquier cuerpo, para no anhelar la visión extática de cualquier campo de gloria. Paciente ante la hora inexorable en que habremos de definirnos para siempre.

No puedo evitar una melancolía profunda ante la objetiva intrascendencia de mis días y un arañazo seco cuando veo el gesto infantil y alegre de mis hijos.  Supongo que la incertidumbre ha debido acometer incluso a los más firmes en el momento del último tránsito. Todos debieron sentirse abandonados. Trataré de alinearme al lado de los justos aunque sabiendo que afrontaré así a mis hermanos. Espero disfrutar del valor que me permita discernir un sentido a lo que hago, porque – cada vez lo veo más claro – llega un punto en que la comprensión del estado presente del mundo deja de ser ya propiamente un acto de inteligencia porque requiere, sobre todo, un gesto de valor. Sin duda no puede ser cobarde la inteligencia, pero hoy hay que empezar a anteponer su dimensión de valiente afirmación a la acuidad cognitiva o simplemente intelectual del teórico. Espero tener razón y valor en la lucha.

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