Realidad económica

27 febrero, 2013 § Deja un comentario

Hoy se ha realizado la reducción de la integridad de la realidad al proceso económico, con la consiguiente consideración de todo otro contenido de la existencia  a apariencia, ilusión o simple superestructura. La realidad impone su honda legalidad sobrepujando a los deseos e intenciones de los hombres. Su acción carece de valor real porque está determinada en profundidad por la verdadera realidad económica. Cumplir con las exigencias de la realidad constituye el deber del hombre verdaderamente consciente.

Esta reducción económica del mundo se manifiesta en la anteposición de la historia económico-social respecto de la vieja historia de guerras y batallas, historia de las acciones y los acontecimientos, la vieja historia a veces llamada “evenemencial”.

Pero es mentira y es preciso desvelar esa mentira. No debe sorprendernos que algunos marxistas lúcidos hayan visto mejor que nadie el embuste. Su oposición a los logros oficiales de la revolución sería también oposición al destino económico del mundo, que también se proclama en la actual economía de libre empresa.

“La historia económica, anotaba Rublev, tiene a menudo la nitidez engañosa de un informe de autopsia. Algo esencial se le escapa, felizmente, como a la autopsia: la diferencia entre el cadáver y el viviente”

(Victor Serge)

Notas para una comedia

23 febrero, 2013 § Deja un comentario

España. Invierno de 2013. Importantes concentraciones de ciudadanos que, molestos con la situación económico-política del país, participan en una marcha que ha rondado el Congreso de Diputados. La sede de una soberanía popular que, aunque vive allí, también parece residir en el pueblo.

Total – diría un castizo – que sale un señor y declara que todos los asistentes a la manifestación son “enemigos de las libertades” como los que, hace 32 años, irrumpieron en el Congreso. Notable analogía, me atrevería a señalar: acaso aquellos – como estos – fueran ciudadanos ejemplares o éstos – como aquellos – violentos golpistas.  Nada de esto me ha llamado la atención, sino el silencio acerca del nombre del emisor de declaraciones. El excelentísimo señor que juzga golpistas a los participantes en la manifestación, en relación a la cual nada tengo que decir, se llama SALVADOR VICTORIA. La soberbia no puede imputársele.

Sobre el dolor.

23 febrero, 2013 § Deja un comentario

El 6 de  mayo del 39 E. Jünger anota en su diario la necesidad de añadir a su escrito de 1934, Sobre el Dolor, un capítulo sobre la amargura. Alude al envejecimiento como una fuente de amargura, junto a la amargura de los desengaños o la procedente de las injusticias. Añade la amargura de la muerte que me parece que puede reducirse a la amargura por el envejecimiento.

Atento a la fenomenología de esa pasión me parece que la amargura tiene siempre como fuente la conciencia dolorida del irreparable paso del tiempo. Injusticias o desengaños no producen propiamente amargura, si no es por su relación con el tiempo perdido.  En efecto, Jünger añade: “La amargura no se aposenta en nosotros hasta la segunda mitad de la vida, cuando, con las arrugas del rostro, se pone de relieve el carácter ineludible de las líneas del destino. La amargura delata también una especie de inocencia perdida”

El 28 de abril de ese mismo año, antes de ser movilizado, había charlado con el vidriero de Kirchhorst, cuyo aspecto – pensó Jünger – le gustaría tener en su vejez: “pues reunía con los signos de la vejez una agradable forma de infantilidad. Mi pequeño hijo Alexander, que llama “tío” a todo el mundo: los niños saben aún que todos los hombres somos hermanos”.

De la amargura sólo preserva la inocencia, pero esta convive mal con el exceso de conciencia que supone la edad. Sin duda habría que saber ser como niños, pero hay caracteres en exceso sensibles a la temporalidad de la existencia. Jünger cumplió en el 39 los años que tengo hoy y estaba a punto de entrar en guerra. Su rostro senil manifiesta que encontró el camino.

Parábola metafísica y estado de la nación.

20 febrero, 2013 § 1 comentario

El viento seco del nihilismo dentro y fuera de la cámara de representantes. Un huracán sin estridencia barre el mundo feliz. ¿Alguien conoce el hastío que define el radical estado de la nación? El sordo dolor cotidiano en la masa de desesperados que tienen trabajo y familia produce mayor horror que la desesperación del hambriento, porque aquella no merece inmediata compasión. Es cierto que tampoco hay caridad para el hambriento, más allá del espectáculo de las emociones, pero hay una carcoma, un grueso gusano bien alimentado, en el eje de cada vida moderna. Empieza a asomar su cuerpo blando y traslúcido bajo el disfraz vacío de nuestra carne. El nihilismo sólo se vence abrasando ese gusano que nos habita.

Regeneración (moral)

12 febrero, 2013 § Deja un comentario

El término está lejos de ser nuevo entre nosotros y es recurrente al menos desde Joaquín Costa, aunque bajo títulos muy semejantes aparece siempre asociado a la vieja melopea del hundimiento de España.  Tema fácilmente vinculado a reformas educativas que alguna vez se pretendieron sociales o culturales y hoy se reducen a los planes de estudio y la gestión de los centros educativos.

Es una voz que se oye otra vez en boca de algunos reos de corrupción financiera o política, o de auténticos convictos de ser profesionales de la gestión pública. También en boca de algunos ingenuos de arriesgada y peligrosa buena voluntad. Ayer se oyó en un congreso de lujo y hoy en boca de compositores de argumentario.

Regeneración moral, se dice, acaso para dejar claro que no se trata de ninguna transformación real del sistema de producción, distribución y consumo. Ni siquiera de alguna transformación del aparato institucional y administrativo del Estado y de sus unidades autonómicas. Tampoco, por tanto, de las formas de vinculación personal o antropológica. Se alude a un ejercicio de conciencia capaz de dar a luz una conversión profunda de las actitudes y principios que rigen nuestra acción, una práctica espiritual que alumbre un hombre nuevo.

¡Como si la moral nada tuviese que ver con la casa de uno y sus costumbres, con su régimen de vida y con su agenda, con su alimento y su vestido, con la disposición del tiempo y del trabajo!… Y regeneración, además, con un prefijo recursivo o de repetición: ¿Qué estructura moral habríamos de regenerar?.

Disculpen que me calle aquí, pero hay veces en que cualquier comentario resultaría gravoso. “Las escorias pueriles abundan en el pensamiento reaccionario, mientras la llama marxista no lo acendra” (Nicolás G. Dávila)

Cinco minutos

9 febrero, 2013 § Deja un comentario

No aguardo cambio substancial alguno en relación al orden político-económico, aunque preservo una confianza firme en algunas personas. El gran interés que, a mi jucio, encierra el management (como su contrafigura, el marketing) radica en su carácter de modernas formas de elaboración de los pilares del orden antropológico. El convivium y/o el connubium pasan hoy por los análisis de los expertos en estas áreas. Nadie ajeno a esos campos se da cuenta hoy de la enorme potencia de una fuerza capaz de someter y acallar la más dolorosa indignación.

Un hombre joven, con dos hijos pequeños, se ha suicidado ante la ejecución del deshaucio que los hubiera arrojado a la calle y a vivir de nuestra casi siempre impostada caridad. No cabe esperar cambio substancial alguno de la realidad social, económica o política cuando, al ser entrevistado en televisión, uno de los amigos del fallecido tolera la interrupción del presentador que, antes de dejarle hablar, le sonríe para indicar que habrán de escucharlo sólo tras los cinco minutos de la publicidad. Esos cinco minutos son una magnitud absoluta y una traición sin matices por toda la eternidad.

El desorden que supone compensar vicios privados y beneficios públicos, el mismo caos que introduce la distinción entre la vida egolátrica o privada y la realidad visible o pública, es hoy tan cotidiano y ubicuo que apenas produce escándalo lo que debiera forzar una reacción.

El respeto ante el gesto del fallecido y su mayor significado ha de anteponerse a las exigencias de la publicidad. No es que ésta haya de desaparecer, es que ha de subordinarse a lo prioritario.  Sólo se nos hace invisible el desorden por omnipresente, inmediato y cotidiano. Como decía arriba: el síntoma no se encuentra en la cloaca, ni en su caudal… es sólo lo revuelta que baja la mierda.

Oclocracia

3 febrero, 2013 § Deja un comentario

Las cloacas de la democracia parlamentaria o del sistema de partidos han de ser siempre caudalosas. Al fin y al cabo es la dimensión política de un sistema productivo capaz de defender el beneficio público que esconden los vicios privados. Nuestra subjetividad sin columna vertebral lo entiende bien y sobran, por tanto, explicaciones.

Lo que resulta un signo no es la cloaca, ni siquiera su caudal sino lo revuelta que baja la mierda.

¿Dónde estoy?

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