Homologación

6 marzo, 2013 § Deja un comentario

Hace tiempo que (sobre)vivo dolorosamente (a) mi trabajo. Cercado por las exigencias administrativas trato de adecuarme a las demandas de los gestores, obligado por  requerimientos psicopedagógicos trato de cumplir las formalidades requeridas. A sabiendas de que toda resistencia es inútil, pero que el más exhaustivo cumplimiento no evitará – sino que supondrá – la anulación del resto de realidad que todavía conserva mi esfuerzo diario. No desisto de recibir mi acreditación para la labor que desempeño, sujeto a procesos infinitos de evaluación.

Las agencias se multiplican y el asedio asfixia mi tiempo. La evaluación amenaza con penetrar en el sancta sanctorum que he venido protegiendo, a riesgo de no resultar homologado. De penetrar en el espacio de mi singularidad se culminaría el proceso de mi despersonalización.

Es otro efecto de la abstracción de la existencia antropológica por las distantes demandas del mercado que, al parecer, tanto se beneficia de la standardization. La amenaza no es reciente, aunque sólo recientemente está alcanzando sus últimos objetivos. He repetido varias veces el anuncio de E. Jünger:

 “En una situación en que son los técnicos quienes administran los Estados y los remodelan de acuerdo con sus ideas, están amenazadas de confiscación no sólo las digresiones metafísicas y las consagradas a las Musas, lo está también la pura alegría de vivir. Quedaron atrás hace ya mucho los tiempos en que la propiedad era considerada un latrocinio. Del lujo forma parte también el modo propio de ser, el ethos, del que dice Heráclito que es el daimon del ser humano. La lucha por un modo propio de ser, la voluntad de salvaguardar un modo propio de ser es uno de los grandes, de los trágicos asuntos de nuestro tiempo”

En la extrema situación en que me hallo se me hace intolerable escuchar lugares comunes, frases hechas diseñadas para dotar al sujeto sin rostro de un suficiente argumentario.  La hueca formalización – de cuño económico – hace tiempo que alcanzó la labor académica. El vaciado no puede dejar de afectar a disciplinas, forjadoras de singularidad, cuyo tiempo indudablemente ha pasado y cuyo modelo es la forma de saber que la tradición conoció como filosofía. La cuestión del lugar (público) en que la filosofía encuentre su atmósfera es de sumo interés. Yo no lo encuentro por ninguna parte y tampoco puedo aceptar su retiro a la tumefacta privacidad. Se oyen voces que tratan de entender el modo en que la homologación destruye la escritura en su modo específicamente filosófico. Al respecto puede verse aquí un artículo reciente. En cualquier caso la abstracción de la singularidad personal no ha de dejar rastro alguno del viejo trabajo filosófico. No somos nadie porque somos cualquiera. Estas páginas acaso sean, en mi caso, el lugar por el que respira una herida que reconozco definitiva.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo Homologación en A Día de Hoy.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: