Simpatía

17 mayo, 2013 § 2 comentarios

Por muchas razones, pocas veces he podido encontrar – aunque recuerdo bien La leyenda del santo bebedor (J. Roth) – ocasiones de tan exacta simpatía. Verdaderamente no conozco a M. Duras y esta referencia me es enteramente advenida. Pese a todo, sé de qué habla.

———

“He vivido sola con el alcohol durante veranos enteros, en Neauphle. […] En general, los obsesos sexuales no son alcohólicos. Los alcohólicos, incluso «a nivel de vertedero», son unos intelectuales. El proletariado, que ahora es una clase más intelectual que la clase burguesa, de muy lejos, tiene una propensión al alcohol, en el mundo entero. El trabajo manual es sin duda de todas las ocupaciones del hombre la que le lleva más directamente hacia la reflexión, es decir hacia la bebida. Ved la historia de las ideas. El alcohol hace hablar. Es la espiritualidad hasta la demencia de la lógica, es la razón que intenta comprender hasta la locura por qué esta sociedad, por qué este Reino de la Injusticia… y que siempre concluye con una misma desesperación. Un borracho es a veces grosero, pero raramente obsceno. Algunas veces se encoleriza y mata. Cuando se ha bebido demasiado, se vuelve al principio del ciclo infernal de la vida. Se habla de felicidad, se dice que es imposible, pero se sabe lo que quiere decir la palabra.
Carecemos de un dios. Este vacío que se descubre un día en la adolescencia nada puede hacer que jamás haya tenido lugar. El alcohol ha sido hecho para soportar el vacío del Universo, el mecimiento de los planetas, su rotación imperturbable en el espacio, su silenciosa indiferencia en el lugar de vuestro dolor. El hombre que bebe es un hombre interplanetario. Se mueve en un espacio interplanetario. Es allí donde permanece al acecho. El alcohol nos consuela, no amuebla los espacios psicológicos del individuo, sólo sustituye la carencia de Dios. No consuela al hombre. Produce lo contrario, el alcohol conforta al hombre en su locura, lo transporta a las regiones soberanas donde es dueño de su destino. Ningún ser humano, ninguna mujer, ningún poema, ninguna música, ninguna literatura ni ninguna pintura puede sustituir esta función del alcohol en el hombre, la ilusión de la creación capital. Está ahí para remplazarla. Y lo hace en toda una parte del mundo que habría debido creer en Dios y que ya no cree en él. El alcohol es estéril. Las palabras del hombre dichas en la noche de la borrachera se desvanecen con ella tan pronto como llega el día. La borrachera no crea nada, no va con las palabras, ofusca la inteligencia, la sosiega. He hablado bajo los efectos del alcohol. La ilusión es total: lo que uno dice, nadie lo ha dicho aún. Pero el alcohol no crea nada que permanezca. Es el viento. Como las palabras. He escrito bajo los efectos del alcohol, tenía una facultad para dominar la borrachera, que me venía sin duda del horror por la borrachera. Jamás bebía para estar borracha. Jamás bebía deprisa. Bebía todo el tiempo y nunca estaba borracha. Estaba retirada del mundo, inalcanzable, pero no borracha.
[…]
Un cuerpo alcohólico funciona como una central, como un conjunto de compartimentos diferentes vinculados entre sí por la persona entera. El primer afectado es el cerebro. Es el pensamiento. La felicidad por el pensamiento primero y luego el cuerpo. Es ganado, empapado poco a poco, y transportado-, es la palabra: transportado. A partir de cierto tiempo se tiene la elección. Beber hasta la insensibilidad y la pérdida de la identidad, o permanecer en las primicias de la felicidad. Morir de algún modo cada día, o bien seguir huyendo.”

(Marguerite Duras. La vida material, traducción de Menene Gras Balaguer para Plaza & Janés)

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§ 2 respuestas a Simpatía

  • alfonso dice:

    No sé si has leído Herejes, de Chesterton. Hay ahí un artículo de título Omar y la sagrada viña, que trata el mismo tema: el alcohol y el por qué se bebe. Según él uno no debe beber cuando es desdichado, sino cuando es feliz y se es alegre sólo cuando se logra creer que hay cierta alegría eterna en la naturaleza de las cosas.
    Marguerite Duras me parece que dice lo mismo, pero desde la posición de quien no ha encontrada semejante alegría.

    • Escoliasta dice:

      Conozco el artículo de Chesterton. Acaso tengas razón. Chesterton murió en 1936, Duras en el 96 y cada día se agudiza más la descomposición. Hay que seguir luchando por defender lo que queda de vida comunitaria – condición de la felicidad – y con ello se defiende uno mismo. Pero no es posible luchar con plena confianza en la victoria. No podemos ignorar la soberbia potencia del enemigo que ya cala en nuestro propio interior. Sabes que beber juntos es saludable en todos los sentidos, convivir realmente. Que encontremos pronto nueva ocasión. Un abrazo fraterno.

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