El Mal.

23 mayo, 2013 § 5 comentarios

Una noticia reciente vuelve a presentarme el núcleo insoslayable de una grave dificultad, envuelta en la cuestión de la sustantividad personal del mal.

Una de las fronteras, quizás insalvables, que me separan de la verdadera fe es la que afirma la existencia real y positiva del mal. Existencia de una realidad tan positiva como personal, realizada en la figura del ángel caído.

Ahora bien, el inabarcable G. K. Chesterton, de cuya fe jamás dudaría, aduce cierta dificultad en su  discurso constitutivamente dialéctico al distinguir entre algunos elementos de la fe, dignos de orgullo, que aparecen junto a elementos de la fe que no merecen un orgullo análogo. Y seguido, además, de un deslizamiento de la creencia (en la Santísima Trinidad, en la misa, la confesión o el Papa) al conocimiento (del Demonio).

“Estoy orgulloso de ser ortodoxo en lo que se refiere al misterio de la Santísima Trinidad y al de la misa, estoy orgulloso de creer en la confesión y en el Papa. 

Pero no estoy orgulloso de creer en el demonio. Para ser más preciso, no me siento orgulloso de conocer al demonio. Yo tuve la culpa de conocerlo y de tomar un derrotero que, de haberlo seguido, me habría llevado a la adoración del demonio o adonde demonios hubiera sido.  Sobre esta doctrina, por lo menos, no hay rastro de vanidad ni de autoengaño que entorpezca mi conocimiento. En un asunto así, se puede muy bien estar intelectualmente en lo cierto sólo a costa de equivocarse moralmente”

En efecto, no puedo estar más de acuerdo con el admirable maestro inglés. Yo no me atrevo a afirmar mi certidumbre intelectual a causa, precisamente, de la incertidumbre moral que envuelve. Pero Chesterton continúa:

No me impresiona la afectación ética de los escépticos sobre la mayoría de los demás temas. No me intimida que un joven diga que no puede someter su inteligencia al dogma, porque dudo que haya usado su inteligencia ni siquiera para definir qué es el dogma. No me impresionan mucho los que dicen que la confesión es una cobardía, porque tengo serias dudas de que tengan la valentía de confesarse. Pero cuando dicen “El mal es sólo relativo”; “El pecado es sólo negativo”; “No existe la maldad positiva, es únicamente la ausencia de bondad positiva” entonces sé que dicen tonterías superficiales porque son mucho mejores personas que yo, más inocentes y más normales y están más cerca de Dios”

Jamás afirmaría que el mal sea relativo o que el pecado sea sólo negativo. Que esto signifique afirmar la realidad personal del mal, realizada en la figura del diablo, me parece que no es necesario. Ese mal se realiza positiva y afirmativamente en la intención personal, aunque distribuida en el innumerable conjunto de individuos descompuestos, que conforma la población de las sociedades de la modernidad “realmente existente”. Una modernidad  cuyos atributos están distribuidos en una pluralidad de sociedades históricas que han ido asumiendo, de distinto modo y a distinto ritmo, el mismo orden  socioeconómico, político y cultural hoy hegemónico y global. Es ese orden el que me parece constitutivamente malo y su maldad se oculta, precisamente, arguyendo cierta falta de realidad, cierta ausencia e insubstancialidad. Se oculta tras la negación de toda realidad a la naturaleza o a la condición humana.  A este respecto suele citarse el texto inaugural y programático de Pico della Mirandola que sirvió de introducción a sus 900 tesis, un texto cuya posición anuncia un curso que desemboca en el útero artificial y en las tecnologías de la identidad.

La cuestión es complejísima y requiere un tratamiento extenso y parsimonioso. Porque entiendo que la cuestión del bien y del valor afecta al núcleo de la ontología, al nervio metafísico de cualquier filosofía y, en mi caso, conmueve los últimos fundamentos de mi, por lo demás, escasa comprensión del pluralismo materialista al que siempre he querido atenerme. Creo que no dejó de afectar al  elemento nuclear del pensamiento del Magister Laetus.

 “En la polémica religiosa, durante la mayor parte de mi vida, he defendido el espiritualismo frente al escepticismo, aunque ahora, naturalmente, defendería el catolicismo incluso frente al espiritualismo”

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§ 5 respuestas a El Mal.

  • Carlos dice:

    Tengo mis serias dudas de que las cuestiones dogmáticas de fondo confirmen la personificacion y entificacion del mal en tanto sustancia maligna. De hecho San Agustin, hablando del demonio y del mal, apela a que nada puede existir sin que tenga un atomo de conexion con el bien, declinando por lo demás el principio de no contradiccion ontológico en términos teológicos. La trinidad tampoco incluye referencia distributiva al mal dentro de su circularidad y el propio Cristo dice eso de “son legión”; precisamente por no poder ser Uno… De ahí que tenga poco sentido hablar de una personificacion del mal ya que el diablo carece por lo dicho de rasgo personal alguno. No veo ahí a Chesterton como paladin de la ortodoxia sino acaso de una pedagogía religiosa muy concreta que quizá olvide algo del misterio de la Cruz y del dolor. Un dolor que no escapa al misterio de la encarnacion sino que proclama que éste queda constituido sobre el dolor. Como las columnas de las Iglesias románicas con los demonios y dragones a la base… O como ese Cristo pantocrator que exhibe su mano ensangrentada y herida con todo la asamblea celestial detrás… Como en Santiago en El portico de la gloria… Sin cruz, sin capacidad para abrazar el dolor, no hay persona. No es un tema de ingenuidad sino de potencia.

    • Escoliasta dice:

      Sin el conocimiento del asunto que tú posees, a mí tampoco me parece excesivamente ortodoxa – en efecto – la afirmación que parece derivarse de las palabras de Chesterton. Desde San Agustín, como señalas, pero también es doctrina que se refiere comúnmente a Santo Tomás, justamente la que define la posición contraria, es decir: la que sostiene el carácter privativo del mal. Yo enseño que esa tesis está supuesta en la validez del pseudo-argumento ontológico. La referencia a un Sujeto de todos los predicados en grado sumo exigiría pensar como negativos o, al menos, privativos los atributos peyorativos o estimativamente aversivos, que se predican, acaso propiamente, de las criaturas. Es verdad que hablo de la cuestión sin un conocimiento de primera mano.
      Ahora bien, la sutil inteligencia de Chesterton señala un problema grave cuando señala que esa posición intelectual esconde un error moral. No me cabe duda de que la tradición habrá respondido a la cuestión pero negar la realidad sustantiva del mal parece aligerar en exceso la responsabilidad y, en cualquier caso, la tensión moral. La cuestión merecería – me parece – tratamiento por parte de un conocedor profundo de las formas de una lógica mayor o material que determinara con precisión la íntima conjugación del bien y el mal, sin perjuicio de su imprescindible diferencia. A mí me faltan las herramientas lógicas que pide el ejercicio de la dialéctica. No alcanzo a entender esa “declinación” del “principio de no contradicción ontológico en términos teológicos”.
      Por lo que toca a la índole personal del mal… la cuestión moral se yergue nuevamente en primer plano. La “astucia de la razón” o cualquier proceso dialéctico impersonal al que pudiera identificarse con el Mal ocupando su lugar (pero también con el Bien) me parece que es la salida propia de un teísmo racionalista. Forma sutil de dicho teísmo, por tanto, me resulta el idealismo. Por lo demás “astucia” supone intención – inteligencia y voluntad – y señala pues a un sujeto al menos proto-personal, el mismo que puede pasar de un estado o fase en sí, a un estado o fase para sí. Si negamos carácter personal al mal: ¿se lo negamos a Dios?. ¿Cómo conjugar las ideas de Bien y Mal sin concluir un panteísmo que identifica Dios y Mundo o, más aún, Dios y la Nada o Dios y Mal?
      Ni soy teólogo ni me atrevo a afrontar ante alguien que conoce la tradición teológica estas cuestiones. Las presento con perpleja humildad. Quisiera no salirme de un plano inmanente, casi sólo sociológico, por eso – sin negar la “realidad” del mal y sin afirmar su “realidad sustantiva” – señalo – al final – que esa inteligencia y voluntad personales pueden identificarse con la acción personal de los individuos-ciudadanos de las sociedades modernas. No son Uno, desde luego, sino “legión” en el mero sentido de multitudes de hombres pero sus voluntades convergen en buena medida en una orientación que puede designarse como el “proyecto de la modernidad”, pese a que una amiga recientemente, indicaba que no hay una modernidad sino tantas como naciones políticas. Me parece que se equivoca en un sentido nuevamente histórico-dialéctico. Hay una modernidad que puede llamarse – usando la vieja fórmula soviética (de Suslov, según parece)- la “modernidad realmente existente” o hegemónica. Pueden rastrearse en el pasado, pero también persistentes en el presente – si bien subordinadas y temporalmente vencidas – otras formas históricas que pudieran juzgarse – al menos cronológicamente – modernas. Habría así, acaso una “modernidad hispánica”, pero hemos de reconocer que su configuración no es evidente – por no haberse realizado históricamente, sino de modo muy imperfecto, a causa de su (siempre relativa) derrota -.
      Pero estas son cuestiones derivadas.
      Finalmente entiendo que apuntas a la conjugación que busco cuando me remites a la Encarnación y al dolor, a la base demoníaca de las columnas que sostienen la vieja iglesias románicas. Admito que esa es la dirección pero, quiero comprender más allá de la imagen que, sin duda, ya dice mucho porque en buena medida el pensamiento filosófico es icónico o imaginativo (a mi juicio como todo pensamiento que se desenvuelve en un idioma histórico o eso que otros llaman una lengua natural). Con ese “más allá de la imagen” no quiero pedir una explicación “geométrica” de la cuestión sino una práctica biográfica, una experiencia organizada que me permita comprender – en mi carne – el misterio.
      En cualquier caso, te agradezco enormemente el apunte y te envío un fuerte abrazo.

  • Carlos dice:

    Creo que esa imbricacion entre mal y bien iría en esa línea del principio de no contradiccion ontológico -todo es en el ser; nada hay fuera del ser- que no desplaza el dolor -y la multiplicidad- sino que lo abraza en tanto necesidad en el contexto de la tarea del ser. “Todo tiene algun genero de conexion con el bien para poder existir” dice San Agustin; o lo que es lo mismo todo tiene algun género de sentido… De no ser así algo quedaría fuera de la cuestion del Ser, que no es sino la de la unicidad, la del sentido, la del logos y por tanto la cuestion teológica radical. Entender esto, ingenuamente al margen del dolor, como bien dices plantea un problema moral de calado -como ve Chesterton-. Aunque, a diferencia de él, creo que eso arraiga el mal en una negatividad aparente que queda incluida en el proyecto divino… De haber personificacion o sustantivizacion del mal, sencillamente, se trasladaría la cuestion de Dios a la de un principio del bien que se confrontaria al del mal… Dejando de lado la cuestion de Dios como la de la Unidad, la del misterio de la vida, causa primera, logos, verdad universal, sentido, motor inmovil, inspirador de la analogia entis, etc… Dejando todo esto de lado y sustantivizando el mal en tanto anti-dios… Lo que nos instalaría en una referencia teológica necesariamente dualista o maniquea donde no cabría salvacion universal -la buena nueva- sino, acaso, una sabiduría secreta que nos permitiera salir de este mundo… En realidad, entiendo, que el misterio no es nada secreto sino la vida y la alegría y la mistica, entiendo, rinden tributo a la alegría y a la vida

  • Carlos dice:

    Otro tema interesante para lo que planteas es deslindar figuras que no son la misma y a veces se confunden. Como la del diablo de la del anticristo; y ese proceso del nihilismo que indicas es estrictamente el anticristo tienes razón; pero antes que personificar el mal en muchos creo solo muestra enfermedad y degradacion de lo que puede ser y no es… Algo que quiere suplantar al logos en un género de irrealidad que irrumpe y que no puede cuajar en nada salvo en dolor y alienación… Pero esa no es la cuestion del diablo -el que divide- aunque tenga conexion con él. O como la de esos demonios, que son legion, por que no pueden cristalizar en persona alguna ni en nada con fuste ontológico sino exclusivamente pretender la miseria y la degradacion de la vida sin apuntalar una vida o figura alternativa. Finalmente como decía en facebook me equivoque al decir que Chesterton personificaba el mal -si no, no sería católico- pero al casi sustantivizarlo casi lo personifica… Chesterton ve un problema moral en pasar de puntillas por la cuestion del dolor y es cierto; pero la solucion que adopta -de quiasisustantivizar el mal- creo que chirría algo en términos de ortodoxia.

  • Carlos dice:

    Más que negatividad aparente como dije antes diría negatividad en el orden del tiempo… Por cierto, si solo hubiera eternidad y plenitud, sin orden del tiempo, sin dualidad y confrontacion, sin dolor…este mundo no sería…

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