Hispano-América frente a Europa

28 junio, 2013 § Deja un comentario

Dejo un artículo de D. Alberto Buela, en su estilo tajante y sin los paños calientes de la corrección política que impone la atmósfera académica del decadente occidente – valga la redundancia – en que estamos, pero que no somos. Cualquiera respuesta real debiera desvestirse de esa travestida corrección.

Alberto Buela (13/6/2013)
Nosotros como dijo el Papa Francisco vivimos en “el fin del mundo” y por lo tanto no nos afectan los problemas de los países centrales. Y si nos afectan es colateralmente. Si lo miramos bien, es en el hemisferio norte (USA, Europa. Rusia, China, Japón) donde ocurren los grandes acontecimientos que conmueven al mundo. En el hemisferio sur casi no pasa nada que tenga sentido para los mass media que son todos del norte. Así hoy nos venden a Mandela, cerca de la Parca, como campeón de la humanidad, cuando este antiguo PC y agente de Stalin practicó un racismo a la inversa con los blancos de Sudáfrica y con los zulúes, originarios habitantes del país. Y ayer nos vendían a Menem como paladín del libre mercado y terminó hundiendo la Argentina.

De modo que cada vez que nos hablan de Occidente nosotros, que vivimos en el extremo Occidente, decimos como el poeta Anzoátegui: Qué Occidente no nos venga con el cuento de Occidente. Pero más allá del reparo notamos que Europa, en tanto que corazón de Occidente ofrece falsas respuestas a las agresiones que sufre y a los vejámenes y asesinatos de sus hijos que padece.

Así, acaban dos musulmanes de asesinar en plena calle de Londres a un soldado inglés, Lee Rigby, y el primer ministro inglés en lugar de declarar que fue el fundamentalismo musulmán el causante del asesinato y castigarlo, declaró muy suelto de cuerpo: el crimen es una traición al Islam.

Pero acaso, ¿le importa al algún musulmán que estos dos árabes hayan traicionado al Islam? No. Pues todo lo que sea en contra de Occidente es bienvenido para el mundo musulmán. Y esto desde su fundación ha sido, es y será así. Y el que no lo quiera ver no sabe sobre el tema o es “un entendimiento torcido”.

Ahora bien, si desde Inglaterra, que es como decir el meollo conservador y militar más concentrado de Occidente, puede su primer ministro cometer semejante desatino, qué nos está permitido esperar del resto de los dirigentes occidentales. Nada. En el 2012 fueron asesinados 105.000 cristianos en el ámbito del mundo musulmán, y salvo la investigadora inglesa que lleva la cuenta y algún obispo en alguna comisión perdida de las Naciones Unidas, ningún dirigente político occidental dijo nada. Occidente ha sido entregado “con pito y cadena” a los designios del Islam.( )

Y esto mismo lo afirma un interesante filósofo alemán Peter Sloterdijk en una reciente entrevista: Europa no será capaz de una política suficientemente defensiva porque no puede practicar una política tan fea. Además estaría obligada a desmentir sus ideales liberales y democráticos.

Los más lúcidos de los pensadores europeos (de BenoistCacciariBueno) nos hablan de una especie de feminización de la cultura de Occidente: el uso abusivo del teléfono celular, la vestimenta, la pérdida del imperativo, el cambio de usos y costumbres, el avance exponencial del mundo gay, la alimentación light con cigarrillos sin nicotina y café sin cafeína, etc. etc.

Ayer nomás, el Papa Francisco declaró públicamente que: en la Curia vaticana hay un looby gay que provocó la filtración de informaciones que obligó a renunciar a Benedicto XVI: hay que ver lo que podemos hacer. No es necesaria gran perspicacia para observar los modales y la cara de maricón que tiene el secretario de Estado del Vaticano.

Es decir, que los dirigentes de Occidente se niegan a ver lo que se cae de maduro, lo que es evidente, aquello que se muestra en forma descarada y manifiesta y dejan a los pueblos de matriz occidental librados a la voluntad de sus enemigos ( ). Lo mismo que hizo Venecia ante la caída inminente de Constantinopla. Si alguno de los que lee este breve comentario nuestro se quiere amargar, puede leer el libro de Steven Runciman de la vieja editorial Espasa Calpe ( ).

Nosotros desde el fin del mundo asistimos con pena a la destrucción de una tradición de la cual nos nutrimos y de la que somos deudores, pero como no es la única tradición cultural que nos conforma, que nos da forma, también le podemos rezar a la Pachamama. Sin embargo, tenemos la esperanza de que, islamizada Europa, el cristianismo pueda renacer en Iberoamérica.

Lo que barruntamos es que no va a ser una restauración genuina del cristianismo porque nuestros dirigentes políticos, culturales y religiosos, que no son mejores que los europeos, son en su mayoría pro sionistas y eso es una ventaja relativa, habida cuenta que el sionismo es la única oposición frontal al totalitarismo musulmán. Entonces el cristianismo que se impondrá será de sesgo hebreo, donde se van a licuar todas las relaciones y distinciones teológicas conflictivas del cristianismo respecto de los llamados, anfibológicamente,“hermanos mayores”. En el mejor de los casos se nos impondrá un cristianismo sin aristas donde desaparecerá todo lo heroico.

Esto es lo que vemos sine ira et studio, sucintamente, desde América.

[1] El sociólogo Massimo Introvigne, coordinador del Observatorio sobre la libertad religiosa afirmó que “se estima que en 2012 murieron por su fe 105 mil cristianos, es decir, uno cada cinco minutos. Son proporciones espantosas”. Y monseñor Silvano Tomasi afirmó: “Cada año más de 100.000 cristianos son asesinados violentamente por alguna causa relacionada con su fe».

[1] Hace unos días nomás, se suicidó delante del altar de Notre Dame en París, el excelente historiador Dominique Venner en protesta por esta situación

[1] La caída de Constantinopla, Espasa-Calpe, Bs.As.-Madrid, 1973

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Anarcocatolicismo (y 2)

26 junio, 2013 § Deja un comentario

En un aciago momento de la historia de Europa se produjo una horrorosa alianza del Trono con el Altar. Esa unión aberrante está ejemplarmente simbolizada en la figura del cardenal del absolutismo y príncipe de la  tolerancia A. J. du Plessis, Richelieu. Francia se situaba – ya entonces – en la vanguardia del  proceso de la  modernidad. Richelieu significa el gesto torcido del que fuera el amable rostro de la madre Iglesia. Ese rostro ha ido a menudo afeándose, sin que yo niegue que conserve intacto el fondo de su verdad eterna.

Pero la Iglesia católica, la Iglesia, ha sufrido crecientemente una ambigüedad que se compadece mal con su naturaleza fundada absolutamente en la verdad. La relación difícil con la Iglesia de católicos ardientes, a lo largo del siglo pasado y el presente, y tanto más cuanto más ardiente fuera su fe, indica esa insoportable ambigüedad. Acaso Charles Péguy sea el que mejor encarne la contradicción vivida de un cristiano sin Iglesia, pero mucho me temo que el número de los desamparados ha sido creciente a lo largo del siglo.

Pero de nuevo la enorme figura del magister laetus ha sido capaz de enjugar esa ambigüedad – como sólo parece posible desde Inglaterra y el caso asombroso de los católicos ingleses da testimonio de esa sutil circunstancia -.  No diré que así como el catolicismo inglés es asombroso por su potencia restauradora, el catolicismo español…

No me resisto a hacer tronar la voz desgraciadamente profética del enorme inglés (que aquí evoca al menos el estilo de otro católico (im)posible – Lèon Bloy -):

“Un ejército ha marchado a través del desierto, con su columna, según la frase militar, en el aire; bajo el mando de un jefe confiado, tiene la seguridad de lograr comunicaciones mucho mejores que las antiguas. Cuando los soldados están casi agotados por la marcha, y cuando la tropa ha sufrido horribles privaciones a causa del hambre y la intemperie, se dan cuenta de que han avanzado sin apoyo en dirección al territorio enemigo, y de que los signos de actividad militar que pueden verse en todas partes son sólo los del cerco enemigo que se va cerrando. Súbitamente se detiene la marcha y el jefe arenga a sus hombres. Hay muchísimas cosas que podría decir. Algunos pensarán que sería mejor que no dijera absolutamente nada. Muchos sostendrán que cuanto menos diga, tanto mejor. Otros opinarán, y con muchísima razón, que se necesita aún más coraje para una retirada que para un avance. Tal vez se le aconseje animar a sus hombres desilusionados, amenazando al enemigo con una desilusión más dramática, declarando que todavía lo vencerán, que escaparán de la red aunque ya esté echada, y que su fuga será todavía más victoriosa que la victoria común. De todos modos, hay un tipo de arenga que el jefe no dirigirá nunca a sus hombres, a menos que sea mucho más tonto de lo que parece por su error primero. No dirá: “Ahora estamos ocupando una posición que tal vez les parezca humillante; pero les aseguro que no es nada al lado de la humillación que sin duda sufrirán cuando hagan una serie de tentativas inevitablemente fútiles para mejorarla o para replegarse hacia lo que quizá consideren tontamente como una posición más fuerte. Me divierten mucho sus absurdas insinuaciones; porque de todos modos nunca me parecieron gran cosa sus antiguas comunicaciones sarnosas.” Ha habido motines en el desierto otras veces, y es posible que el general no muera en combate con el enemigo.

Una gran nación y civilización ha seguido durante cien años o más una forma de progreso que se mantuvo independiente de determinadas comunicaciones antiguas, bajo la forma de antiguas tradiciones acerca de la tierra, el hogar y el altar. Ha avanzado bajo el mando de dirigentes confiados, por no decir absolutamente seguros de sí mismos. Tenían la plena seguridad de que sus leyes económicas era rígidas, su teoría política acertada, su comercio beneficioso, sus parlamentos populares, su prensa ilustrada y su ciencia humana. Con esta confianza sometieron a su pueblo a ciertos experimentos nuevos y atroces: lo llevaron a hacer de su propia nación independiente una eterna deudora de unos pocos hombres ricos; y a apilar la propiedad privada en montones que fueron confiados a los financieros; a cubrir su tierra de hierro y piedra y despojarla de hierbas y de granos; a llevar su alimento fuera de su propio país con la esperanza de volver a comprarlo en los confines de la tierra; a llenar su pequeña isla de hierro y oro, hasta recargarla como barco que se hunde, a dejar que los ricos se hicieran cada vez más ricos y menos numerosos, y los pobres más pobres y más numerosos; a dejar que el mundo entero se partiera en dos con una guerra de meros señores y meros sirvientes; a malograr toda especie de prosperidad moderada y patriotismo sincero, hasta que no hubo independencia sin lujo, ni trabajo sin perversidad; a dejar a millones de hombres sujetos a una disciplina distante e indirecta y dependientes de un sustento indirecto y distante, matándose de trabajo sin saber por quién y tomando los medios de vida sin saber de dónde; y todo pendiente de un hilo de comercio exterior que se iba haciendo cada vez más y más delgado. Todavía pueden decirse  muchas cosas a las gentes que han sido llevadas a esa situación. Convendrá recordarles que una simple rebelión desordenada empeoraría las cosas en vez de mejorarlas. Ciertas complejidades deben tolerarse por un tiempo, porque corresponden a otras complejidades, y las dos deben simplificarse juntas cuidadosamente. Pero si pudiera decir una palabra a los príncipes y gobernantes de semejante pueblo, a los que lo han llevado a esa situación, les diría tan seriamente como puede un hombre decir algo a otros hombres: “Por Dios, por nosotros y, sobre todo, por vosotros mismos, no os precipitéis ciegamente a decirles que no hay salida en la trampa a la cual los condujo vuestra necedad; que no hay otro camino más que aquel por el cual vosotros los habéis llevado a la ruina; que no hay progreso fuera del progreso que ha terminado aquí. No estéis tan impacientes por demostrar a vuestras desventuradas víctimas que lo que carece de ventura carece también de esperanza. No estéis tan deseosos de convencerlos de que también habéis agotado vuestros recursos, ahora que ha llegado el final del experimento. No seáis tan elocuente, tan esmerada, tan racional y radiantemente convincentes para probar que vuestro propio error es aún más irrevocable e irremediable de lo que es. No tratéis de reducir el mal industrial mostrando que es un mal incurable. No aclaréis el oscuro problema del pozo carbonífero demostrando que es un pozo sin fondo. No digáis a la gente que no hay más camino que éste; porque muchos, aun ahora, no lo soportarán. No digáis a los hombres que el único sistema posible, porque muchos ya considerarán imposible resistirlo. Y un tiempo después, ya demasiado tarde, cuando los destinos se hayan vuelto más oscuros y los fines más claros, la masa de los hombres tal vez conozca de pronto el callejón sin salida donde los ha conducido vuestro progreso. Entonces tal vez se vuelvan contra vosotros en la trampa. Y si bien han aguantado todo lo demás, quizás no aguanten la ofensa final de que no podáis hacer nada; de que  ni siquiera intentéis hacer algo. “¿Qué eres, hombre, y por qué desesperas?”, escribió el poeta. Dios te perdonará todo menos tu desesperación. El hombre también os puede perdonar vuestros errores y quizás no os perdone vuestra desesperación.”

Anarcocatolicismo

24 junio, 2013 § Deja un comentario

En la imagen más popular – en el más noble sentido del término – y más extendida de  Gilbert K. Chesterton se puede ver un humor agudo, una capacidad literaria y expresiva asombrosa y un compromiso firme con posiciones que son, sin embargo, a menudo poco populares – en el más vulgar sentido del término -.

Dos títulos en su magnífica obra  me parecen radicalmente impopulares, verdaderamente “intempestivos” en el doble sentido de, por una parte, contrarios a la opinión dominante, en su presente y en el nuestro y, de otra parte, intemporales y válidos para toda época, justamente por asentarse en un plano antropológico substancialmente distinto de la dimensión histórica de la realidad humana.  Se trata de dos obras muy conocidas: “Lo que está mal en el mundo” (1910) y “Los límites de la cordura” (1926).

Acaso se trate de los escritos más atentos a la doctrina emanada de la encíclica “Rerum Novarum” (1891), aunque elaborada por el ingenio incomparable del maestro inglés alcanza una potencia y una sutileza verdaderamente tajantes. Una eficacia cortante de cuya violenta exactitud sólo pueden dar testimonio las palabras mismas del alegre maestro. Creo que acaso junto al tradicional título de “distributivismo”, con el que se nombra su doctrina económico política, cabría situar un título que truena amenazador pero reúne en una tensa síntesis dos momentos que quizás gustara comprender en una sola expresión a este señor de la dialéctica: Anarcocatolicismo.

“Lo que sostiene el arco es la compensación de la presión de cada piedra separada sobre cada una de las otras. La compensación es a la vez ayuda mutua y mutuo obstáculo”

Epidemia

8 junio, 2013 § Deja un comentario

Si fuera únicamente que la industria del cine vive sobre-expuesta a los medios de comunicación y a la opinión planetaria, si fuera que esta epidemia es una pandemia que ha tomado la sociedad universal del presente… Si fuera la forma desesperada e ilusoria, degradada y trágica, que adopta el último vestigio de vínculo personal. Una forma que se conjuga profundamente con ese otro resto de degradada y pervertida realidad antropológica que se esconde tras el asesinato indiscriminado.

Metafísica del “management”

3 junio, 2013 § Deja un comentario

Un signo de nuestra desorientación puede señalarse, sólo señalarse, atendiendo a la filosofía de éxito de nuestro tiempo. Podríamos discutir sobre el carácter de su éxito y sobre su naturaleza de filosofía. Pero eso me llevaría fuera del asunto.

Por un lado Reinhard K. Sprenger, que cita una frase atribuida a Henry Ford: All I want ist a good pair of hands, infortunately I must take them with a person attached. (“Todo lo que quiero es un buen par de manos, desgraciadamente sólo las obtengo unidas a una persona”)

Sprenger – de una extraordinaria inteligencia – resulta de una, asimismo fuera de lo común, inconsistencia terminológica. Pasa sin reparo alguno del individuo a la persona, por no hablar del vaivén entre los adjetivos individual, particular y singular. Pareciera no tener idea alguna de persona y, sin embargo, su aguda inteligencia no le permite desviarse de la realidad.

Por otro lado, en noviembre de 2011, otro escritor de gran éxito – Jaron Lainer – se ocupaba de estos mismos problemas. Lainier es conocido por su enorme talento para la ingeniería informática. Empresas a las que contribuyó sobremanera fueron luego compradas por Oracle, Adobe o Google. Es Doctor Honoris Causa por el Instituto de Tecnología de New Jersey en 2006. Es músico, artista gráfico y escritor. En fin, se le presenta como “la primera figura de la tecnología que ha logrado el estrellato en la cultura contemporánea”.

Toda esta presentación tiene por objeto mostrar que no es Jaron Lainier un teólogo metafísico, ni siquiera una catedrático de filosofía o una ilustre eminencia en derecho romano.  Tiene una inteligencia sólo comparable a su ignorancia en esos terrenos, comúnmente juzgados obsoletos por los atentos a la productividad. Terrenos quebradizos por arcaicos y ajenos – al parecer – a la eficacia productiva y al rumbo de la realidad. Pues bien, la parte primera de su gran éxito editorial del año 2011: Contra el rebaño digital, lleva el siguiente título: ¿Qué es una persona?. Es esta una cuestión cuya respuesta se enriquecería profundamente con el conocimiento de la más rancia tradición metafísica y teológica. Una tradición cuya actualidad no habrá que encarecer ante los que reconocen allí el valor de una filosofía perenne.

Es cierto que la polilla pseudo-erudita de una academia tomada por esa forma de escorbuto que deriva de la sola ingesta de traducciones y ensayos de relumbrón, aunque conoce los textos antiguos ignora – en la mayor parte de los casos – los problemas reales. Acaso exista la posibilidad de su verdadera renovación. Pero cuesta creerlo.

“Coaching” Ejecutivo-Organizativo

2 junio, 2013 § 4 comentarios

Creo que no hay cuestión antropológica más acuciante y fértil que la siguiente: ¿Por qué trabaja el hombre (moderno)?

Las técnicas del llamado coaching remiten a un entrenamiento que dice afianzar el liderazgo, facilitar la toma de decisiones, se supone que acertadas, promover el trabajo en equipo, la delegación y comunicación, la solución de conflictos y negociación … Cada vez más presentes, hasta hacerse imprescindibles, en la alta gestión empresarial se dirigen hoy a casi todos los terrenos de la vida.

En este campo la más rancia tradición filosófica tiene algo que decir y, recientemente, trabajos como el muy notable de P. Sloterdijk, Has de cambiar tu vida vuelven, de algún modo, sobre el tema. Ahora bien, la naturaleza y complejidad de la labor filosófica no se compadece bien con la perspectiva del entrenamiento ejecutivo-organizativo. De entrada su alcance es indudablemente mucho mayor que el de las citadas técnicas de gestión y su perspectiva no sólo trasciende, sino que invierte íntegramente, el enfoque empresarial.

Ahora bien, llegar a hacer valer estas palabras exige el conocimiento de la tradición filosófica y, especialmente, de la antropología filosófica, aunque también del triunfante discurso de los gestores y entrenadores. Desde la posición a la que se accedería desde ese conocimiento, resultaría sospechoso el fácil mimetismo de los que buscan explotar el “encuentro de la filosofía y el espíritu emprendedor”. Acaso porque esperábamos más de los eruditos y viejos conocedores de la tradición metafísica occidental. Es probable que esa atribución de conocimiento sea un error y no debiéramos esperar más de los profesores y expertos de la cosa filosófica, como no lo esperamos de nuestros politiquitos gobernantes.

Tampoco esperábamos más de algunos – de cuyos nombres no quiero acordarme – que aplican técnicas análogas desde hace tiempo a la educación pero también a la paternidad. Hoy educan el talento emprendedor. La cuestión es de enfoque y, consiguientemente, de horizonte. Ahora bien, que no quepa duda de que es necesaria la lectura de la reciente bibliografía relativa a la gestión empresarial. Me refiero, naturalmente, a las obras de éxito – dado que el éxito es su criterio de verdad – de los expertos en coaching, management , talento emprendedor, técnicas de liderazgo y el abundante resto de técnicas adecuadas a lo que – sin pudor – llaman “personas de alto potencial”.

Habrá que definir la notable inversión que se esconde en esas obras tras las constantes referencias a nombres y títulos de la tradición filosófica. Una tradición que, sin embargo, parece resultar obsoleta para los gestores de la cosa pública. Acaso, esta es la cuestión, esa obsolescencia se refiera al enfoque y al horizonte que sostuvo dicha tradición si es que, más allá de su enorme diversidad, cabe determinar un común punto de fuga. Ante la esbelta y saludable figura de la filosofía del futuro hará falta verdadera potencia filosófica acaso coexistiendo con la actitud heroica de un Diógenes de Sinope.

¿Dónde estoy?

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