Amor y cadenas.

29 noviembre, 2013 § Deja un comentario

Se ofrece en la prensa la imagen de un niño chino encadenado a causa de la agresividad que manifiesta, efecto de una grave enfermedad mental. Se nos dice que las condiciones de vida de su gente no les ofrecen otra alternativa. Sucede en el pujante país asiático, en la más poderosa economía emergente. Me ha llamado la atención esta imagen en la que las cadenas lacerantes hieren a quien no las lleva. Es una imagen trágica y ese gesto de dolor salva la enorme distancia.

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Anarcocatolicismo (y 3)

19 noviembre, 2013 § Deja un comentario

Hace algún tiempo que reclamo ese título. Siempre que me piden una definición en una palabra o, a lo sumo, en modo de consigna. Pero serían infinitos los matices a añadir, tantos que pudiera suceder finalmente que hubiera de revisarse el término.

Dejo unas líneas de un viejo texto escolar procedente del maestro F. Ayala:

“La dirección liberal del pensamiento económico culmina en el anarquismo. Smith había aconsejado que el Estado se mantuviera aparte de la economía, reducido a sostener el orden jurídico. La posición anarquista va más allá: pretende la supresión del Estado, por considerar su mera existencia como perturbadora. La gran figura del anarquismo en economía es el francés Proudhon, temperamento conservador, cuyas posiciones, argumentos y tesis más bien que preconizar una destrucción en el sentido del anarquismo práctico que vulgarmente conocemos, reivindican, como ideales, las condiciones de vida de la Edad Media, en la cual no existía el Estado soberano, que sólo a partir del Renacimiento hace su aparición en la historia de nuestra cultura occidental. Proudhon sostiene la idea del orden natural; proclama el valor de la familia, el valor de las células sociales primarias y espontáneas; se muestra afecto a un cierto tradicionalismo y – como solución política – propugna un federalismo anarquista, es decir, una comunidad constituida por pequeños núcleos sociales, vivos, ligados voluntariamente y combinados entre sí. Pero su pensamiento, muy rico, se formula a veces mediante expresiones violentas como la popularizada sentencia que proclama: “la propiedad es un robo”, reacción de un hombre de sensibilidad frente al estado de miseria que el proceso de la revolución industrial había ocasionado en una parte considerable de la población”

(Francisco Ayala)

Falta de limpieza.

16 noviembre, 2013 § Deja un comentario

Todo el mundo sabe ya que Madrid se está convirtiendo en lo que ha venido siendo: la capital de España. Capital del enorme espacio hollado por el soberbio pie del híbrido moderno de Estado y Mercado. Un hueco en que yace aplastada la potencia de generaciones, de cuya podre se nutren los enanos herederos de tan turbio espacio. Para reventar la pústula será necesario mucho más que listas abiertas y formas alternativas de participación. No me pregunten qué, ni cuánto será necesario: no puedo imaginar qué pudiera servir para resucitar la vida aplastada de los españoles, la mía propia, qué pudiera servir finalmente para colmar el vacío en que nos hervimos al ritmo lento de los siglos.

Me empecino en señalar el gesto firme de algunos españoles (empeño que me delata): los hay y los ha habido siempre, pero nunca fueron suficientes. Señalo a todos a los que España les duele, como una herida y una herida infectada.

José Luis Villacañas. “Entre la basura”

España.

10 noviembre, 2013 § 3 comentarios

Dejo aquí una entrevista reciente realizada a Juan Bautista Fuentes, catedrático de antropología filosófica de la Universidad Complutense de Madrid.  Especial atención merecen, a mi juicio, las últimas páginas de esta entrevista. De una parte por su relevancia ante nuestra actual situación, pero también, por lo que a mi respecta,  por mi plena concordancia con las mismas.

Política_Metapolítica_Modernidad._El caso de España.

(Juan B. Fuentes 2013)

Silencio

9 noviembre, 2013 § 1 comentario

Por todas partes se encarece el valor del silencio. Se señala la abrumadora potencia del ruido envolvente y pseudo-constituyente. Pero casi siempre esa reclamación del necesario silencio se funda en su pretendido valor meramente terapéutico. Aunque hay, según creo, mucho más aludido en esa verdadera salud que el silencio proporciona.

Pese a que Festo puso el origen de silentium en la simple interjección con la que se manda callar,  Gesenio – más allá de ese gesto severo – encontraba un vínculo estrecho con el hebreo Saláh y Salaú: ser salvo, estar seguro.

El silencio es, entre la basura que clama sus miserias, de una potencia ontológica incomparable. En el modo casi enigmático en que se expresan los metafísicos: ser es ser silencioso. El silencio es condición de la realidad y el trabajo real  no puede ir acompañado del oropel del alarde. No se trata de negarse a hablar o escuchar, sino a conceder la palabra – dicha u oída – únicamente a la verdad. Se trata del silencio no ya como ausencia de sonido, sino como evasión de la estridencia, huida de la opinión, retractación de la fea impertinencia. Es necesario renegar de y negarse a la sucia propaganda. El sonido puede estar presente en una infinita magnitud de decibelios sin negar el más profundo silencio: como entre la tormenta o en la batalla. Del mismo modo, un leve rumor desintegrado puede doler como el ruido más potente: como la voz engolada del experto en nimiedades, del panfletario en su tertulia o – más abajo – como el susurro tentador de la conciencia pervertida. Ciertamente en el estado de atronadora irrealidad en que vivimos se agradece el grado cero de sonoridad, se agradece incluso la privación de la música más sutil. Y esto es signo inequívoco de corrupción: efecto de una situación extrema. Ahora mismo agradezco la ebriedad y la plenitud de su presencia, sin perturbación de cualquier sonido. Mirar al techo y pensar en el tiempo insonoro, incoloro e insípido. Imprescindible para mantener la simple existencia, incluso más que su análogo físico: el agua. Agradezco con el punto final  este bautismo de silencio.

Nona, Decima et Morta. (1)

3 noviembre, 2013 § 1 comentario

Jamás se ha tomado la muerte con tan neurótica simplificación como en las celebraciones de la  importada víspera de difuntos, ese Halloween de pantomima. Para mi desgracia ha coincidido esa fecha con la pérdida de una persona muy próxima y mi perplejidad ante la feria infantil se ha convertido en muy severa repugnancia, puesto ante la obligación de hacer saber a mis hijos del fallecimiento de nuestro ser querido.

Ni terrorífica como quiere la risa nerviosa de los travestidos en andrajos, en rostro manchado de ceniza. Ni cómica en ningún sentido. La muerte es trágica. Sumamente trágica y, por lo mismo, absolutamente personal. Sólo cuando se ha oscurecido en grado extremo con el conocimiento de la idea, también la realidad de la persona, puede pretenderse que la muerte sea terrorífica. El aterrado buscará disfrazarla y, sin poder negarla, querrá descargarla de su dimensión trágica jugando con calabazas o representando la carne ardiente del cuerpo sagrado del hombre en proceso de descomposición.

La muerte, absoluta potencia de negación, puede ser y a menudo es  requerida, perseguida y deseada. Su trascendente objeción requiere mucho más que una mueca de espanto, que nada opone a la futilidad de nuestros días cuando nos enfrentamos desarmados al rostro sin gesto de la muerte. Hace falta apelar a un poder análogo de afirmación que permita esperar, contra nuestro propio oscuro deseo de abandono, la perfecta restauración de nuestros días.

Pero nada sabemos ya de esa fuerza afirmativa. Definidos técnicamente por la biología y su ingeniería asociada asumimos aterrados nuestra fecha de caducidad. ¿Truco o trato?.

¿Dónde estoy?

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