Anarcocatolicismo (y 5)

30 diciembre, 2013 § Deja un comentario

Mendigos reclutados para limpiar Fukushima

Se tachará de populista toda apelación a la piedad, se dirá nuevamente que se invoca a las vísceras – que en cualquier caso son parte del hombre – cuando se pone ante los ojos la miserable falta de conmiseración. Algún liberal tecno-económico señalará lo acertado de la decisión que en un sólo paso encuentra solución a una demanda del mercado laboral y extrae de la higiénicas calles japonesas a unos sujetos recalcitrantes que no pudo expulsar la sanidad pública.  Aquí la mendicidad se castiga con 700 euros de multa y se concibe – cada vez más – en proximidad con la psicopatología. 

En absoluto puede responder a esta apelación cualquier partido meramente político en el juego de la democracia parlamentaria. No puede el liberalismo hegemónico, ni su contrafigura socialista democrática que admite estos errores como desviaciones o magnitudes despreciables que no ponen en cuestión la estructura político-económica que ha tomado el mundo.  Pero estas “desviaciones” no entran en absoluto dentro de los índices de error del cálculo siendo, por tanto, despreciables. Estas desviaciones constituyen un clamor que apela al fundamento de nuestra personalidad.

Hay que entender el carácter sacramental de la figura  del pobre en el catolicismo medieval que alcanza los umbrales de la modernidad (recuérdese, por ejemplo, que – todavía sujeto a la tradición – fue un mendigo el padrino de bautismo del señor de la Brède, Barón de Montesquieu) para no reducirla a su dimensión – cada vez más su única dimensión – de clase socioeconómica. Una reducción que ejercita también el marxismo pretendidamente revolucionario.

Jamás habríamos de olvidar el profundo sentido de la figura del pobre cuando se predica la “austeridad voluntaria”, asociada al necesario decrecimiento. Cuando se busca asimismo alguna forma de construcción o reconstrucción de la comunidad sobre bases ya no meramente políticas.

Cuando el miserable (miseror: compadecer) deja de serlo, puesto que no mueve a compasión, algo fundamental ha quedado destruido por el curso del mundo.  Ha quedado abolida toda posibilidad última de reconstrucción comunitaria. Conjúguese con las defensas inmisericordes (1) del derecho femenino al aborto y se tendrá cerrado el círculo de la más completa negación.

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(1) Una salvedad que no gustará a nadie. Entiendo que hay defensas del llamado derecho al aborto que no son inmisericordes.

Cronografía.

25 diciembre, 2013 § 2 comentarios

Algunos acontecimientos señalados han tenido lugar durante los años de mi edad, algunos ejemplos bastarán. Cuando yo  nací ningún ser humano había plantado su pie sobre el suelo lunar, España era un país en vías de desarrollo – según pude leer en mis libros de texto – pero dotado de entidad propia, todavía al margen de la CEE.  La URSS contendía con los USA en la guerra fría que prolongó durante más de cuarenta años la tensión irresuelta en la última guerra mundial. El vencedor de la guerra civil española, cuya memoria se mantenía en la persona de todos los adultos que envolvieron mi infancia, gobernaba el país.

Muchos acontecimientos insignificantes para el gran mundo han visto mis años. En mi pueblo – que era y es el pueblo de mi padre – no había agua corriente,  sino una fuente en el centro del pueblo de la que había que acarrear el agua a unas casas en las que no había servicios o retretes y el sistema de alumbrado público consistía en no más de cuatro o cinco bombillas cubiertas por una especie de plato de peltre que apenas las protegía de la lluvia. Se sacrificaban animales los días de fiesta y se convivía con las bestias. Siempre he dicho que, siendo yo un niño de ciudad, mis vacaciones tenían el más exótico destino: la Edad Media. En la ciudad en crecimiento exponencial pagábamos media jornada al maestro para que atendiera nuestra educación. Le dábamos en mano el dinero de la “permanencia” los que, en efecto, permanecíamos a su lado un par de horas todas las mañanas, más allá de las que sufragaba el Estado.

Muchas personas sin trascendencia histórica han pasado por mis días. Algunos han sido hombres nacidos en el siglo XIX. Hasta tuve ocasión de contemplar un uniforme de los soldados españoles que tuvieron que salir de Cuba tras la derrota.  Pero esa fecha quedaba ya muy lejos del foco de luz. Del todo iluminado por la memoria de mi abuelo quedaba el desastre de Annual, el abuelo había sido camillero en Marruecos y nombraba con un sonoro Don, que yo siempre le pongo, a Don Miguel Primo de Rivera.  La única razón procede de que así me lo transmitió mi abuelo.  Y a través de mi abuela soñé un fusilamiento y una tuberculosis mortal, ambos ligados a mis dos abuelos que fueron sus esposos. Nunca sé cuál de los dos fue propiamente mi abuelo, si el fusilado o el tuberculoso. Algún eco del maquis me transmitió el abuelo que hubo de hacer de guía por el monte, siempre con la consigna bien cumplida de no buscar el choque. Él mismo era un humilde barbero dotado del orgullo, al parecer tan sorprendente, del viejo pueblo español. Utilizaba con una corrección formal impecable el Usted incluso en referencia a viejos conocidos y, desde luego, siempre que se encontraba ante una mujer.

Ya forman parte plenamente de mi vida consciente los ruidos de la transición, las campañas electorales y la España desarrollada, ingresada en la UE: normalizada, homogeneizada y democráticamente gestionada.  El atentado contra Carrero Blanco en el 73  apenas pudo alterar la vida diaria de un niño, pero el 23 de febrero de 1981 estaba ya empezando a mirar el mundo.

Digo todo esto porque ahora, que estamos doblando – por fin – la esquina de un año que me ha sido aciago no puedo dejar de medir la profundidad – por supuesto tan sólo relativa – que van alcanzando los días.

Los cristianos celebramos la Natividad del Señor, en un ciclo reiterado que enseña bajo la especie del tiempo una imagen de la eternidad. Pero mi cristianismo no tiene la firmeza que reconozco en otros y, acaso por eso, no puedo dejar de padecer una dolorosa sensación de pérdida asociada al curso de los años. Espero que el Dios recién nacido se burle de mi nostalgia terrenal el día en que me regale el don inapreciable de su Espíritu. Entretanto os deseo Feliz Navidad y un magnífico año 2014, y la fuerza que os permita sobreponeros a las ruinas del tiempo para encarar cada día con el temple que precisa.

Embutidos

19 diciembre, 2013 § Deja un comentario

Y resultó ser un anuncio de embutidos. Bochornoso y ridículo catálogo de luminarias atacadas de idiocia. Desean seguir siendo de aquí por no se qué de un cierto carácter… Cine de autora, con un elenco de los más fino. Acaso soy, por español, definitivamente Extranjero.

Estas miasmas que contribuyen a enrarecer la pestilente atmósfera en que alentamos. Este espíritu de bacteria que ha llegado a definir la evanescente realidad de España, ese vaho hediondo que desprende la cocción a fuego lento del enorme organismo español,esa saturada mala sombra de nuestra historia moderna… De un extremo a otro del horizonte meramente político la misma insoportable putrefacción.

Extranjero oriundo de la vieja España, extinta.

Extravagancia.

15 diciembre, 2013 § Deja un comentario

En hazteextranjero.com ofrecen la posibilidad de hacerse extranjero. He visto que, en realidad, dicen facilitar el acceso a otra nacionalidad que la española. Podría tentarme hacerme extranjero, pero no inglés, holandés, francés, alemán… o cualquier otra posibilidad. Prometen allí facilitarnos el acceso a una nacionalidad más útil. Pero “útil” es una palabra que me repugna: evoca inmediatamente términos como  “utilitarismo” y me trae a las mientes el conocido panfleto de Sieyès en el que se define la nación como el conjunto de los ciudadanos útiles. Ante semejante definición se hace innecesario el anuncio, puesto que yo no podría ya ser más extranjero, quiero decir más inútil. También recuerdo la sentencia del maestro Chesterton: “Libre es el que hace mayor número de cosas inútiles”. De suerte que estoy “libre” de nación, en razón de mi inutilidad, y puedo ser juzgado perfectamente extranjero.

 Sin embargo, me gusta pensar que tendrán un éxito fantástico y todos mis compatriotas accederán a otras nacionalidades más útiles. De este modo acaso cumplirían su promesa de hacerme extranjero, convirtiéndome de paso en el último español.

Anarcocatolicismo (y 4)

15 diciembre, 2013 § Deja un comentario

La de autoridad es una categoría antropológica fundamental y presupuesta en todo ensayo de legitimación del poder político, es decir, una categoría inscrita en el ejercicio del poder político si éste – frente al poder sin determinación – supone su propia legitimación, como quiera que ésta se realice. No ha de asumirse legitimidad, directa y sencillamente, como legitimidad democrática.

En la modernidad – alejados intencionalmente de la arquitectura metapolítica de la Cristiandad medieval – la diferencia entre ambos planos ha quedado enteramente desdibujada. La crítica atomizadora de la citada arquitectura medieval, forjada en los tres primeros siglos del pasado milenio, ha confundido enteramente dichos órdenes. Pues bien, si en algún punto del espacio de la modernidad se constata la distancia entre ambos planos, es en la mejor tradición anarquista.

Sin duda se redefine constantemente – a menudo sin acudir al referente histórico preciso – entre reaccionarios y católicos. Sólo entre los más lúcidos defensores del catolicismo tradicional se conserva consciencia intacta de la distinción pero casi siempre, por decirlo de algún modo, sin aliento combativo porque se esgrime, la conjugada oposición entre poder y autoridad, a la defensiva.

El anarquismo es una realidad moderna que ha sido vencida y prácticamente desterrada del campo de batalla. Pero que puja por presentarse de nuevo sobre el terreno, con armas y pertrechos. Uno de sus viejos doctrinarios escribe una nota a pie de página en su historia de la revolución rusa.

“¿Qué es en el fondo un poder político? ¿Qué es la actividad política? ¡Cuántas veces lo he preguntado a miembros de partidos políticos avanzados sin obtener jamás una contestación inteligible! Se puede llegar a saber lo que es la actividad social, económica, administrativa, jurídica, diplomática y cultural; pero ¿qué es una actividad política? Se pretende que es la actividad administrativa central propia de un país; luego, poder político significaría poder administrativo. Pero ambas nociones no son de ningún modo idénticas. A sabiendas o no, se confunde política y administración, igual que se confunde Estado y Sociedad. La actividad administrativa es una parte de integrante de cualquier actividad humana como principio coordinador y organizador. En cada dominio, los hombres que poseen el don de organización deben ejercer normalmente sus funciones de organizadores, de administradores. Estos hombres, trabajadores como los demás, deben asegurar la administración de las cosas sin erigirse en poder político, el cual permanece indefinible pues no existe función política específica en una comunidad humana y desaparece cuando las funciones reales son cumplidas pos los servicios correspondientes. 

Goldenweiser, jurista ruso, cuenta en sus memorias, publicadas en los Archivos de la Revolución rusa, revista de los emigrados refugiados en Berlín antes de la última guerra, que en tiempos de la revolución vivía en una ciudad de Ucrania, zona muy agitada. Por obra de los acontecimientos, la ciudad permaneció algún tiempos sin poder, ni blanco, ni rojo. Con gran asombro, Goldenweiser comprueba que, en ese período, la población vivía y trabajaba igual o quizás mejor que en los tiempos en que había poder. (…).  los períodos históricos con sociedades relativamente felices han surgido en épocas de débil poder político: la antigua Grecia, algunos períodos de la Edad media… (…).

Se pretende que para poder administrar hay necesidad de imponer y mandar con medidas coercitivas. Un poder político sería, pues, una administración central de un país por medios compulsivos. Sin embargo, un servicio administrativo popular puede recurrir, si es preciso, a medidas extremas, sin valerse de un poder político específico permanente. 

Se afirma que los pueblos son incapaces de crear por sí solos una administración eficaz. En el transcurso de este libro se hallarán suficientes pruebas de lo contrario” (Volin)

Prudencia

14 diciembre, 2013 § Deja un comentario

La única actitud prudente es la contención. Ante el grado de ignominia, zafiedad e insolencia que hemos de soportar cotidianamente debemos contener, acallar y negar la respuesta inmediata. Calcular las fuerzas propias y las opuestas, medir la potencia del golpe preciso y prever la reacción.  Todavía no se ha conocido un caso de desesperación que haya llevado a la agresión elemental a un parado, un estafado, un ofendido, un indignado. La indignación no llega a violenta y, aunque ha de llegar, tampoco la explosión desesperada es el modelo. La gran explosión masiva está muy lejos, acaso infinitamente lejos y, en tal caso, la contención habrá de convertirse en auto-negación. El horizonte es el desierto.

Pero hay que atravesarlo diariamente y caminar sin referente y sin sentido, sin otro sentido que seguir viviendo. No desesperar y complacerse, ocasionalmente, con la posibilidad de descuajar del mundo tanta podredumbre bien acomodada. Urnas vacías, desasimiento y abstención, indiferencia y humildad paciente. A la espera de que llegue el día  es la granítica paciencia del campesino la mejor virtud.

Soberano de las circunstancias.

3 diciembre, 2013 § Deja un comentario

En la década de los 50 del siglo XIX, exiliado en Inglaterra, Carlos Marx escribió la mayor parte de sus abundantes contribuciones periodísticas. Destaca su aporte al New York Tribune y su análisis del gobierno británico de la India. En sus artículos de aquel tiempo atendió también a la guerra de Crimea y expresó cierto delirio al delatar reiteradamente al presunto espía prusiano Lord Palmerston, Primer Ministro inglés, en sintonía con el visionario David Urqhuart.

Pero a propósito del dominio británico sobre la India deja ver, una vez más, su oscuro fatalismo economicista. Marx conoce con exactitud la revolución social capitalista que el dominio británico arrastra. Era perfectamente visible entonces, como lo es hoy. En 1850 la India seguía siendo gobernada por la Compañía de las Indias Orientales, sociedad con apoyo estatal pero privada. La Compañía de las Indias Orientales era tanto una empresa para el desarrollo comercial y económico, cuanto la auténtica autoridad colonial. Marx sabe bien que el huracán social-capitalista había sido capaz de demoler las estructuras tradicionales del subcontinente indio. “La máquina de vapor y la ciencia británicas destruían, en todo el Indostán, la conexión entre la agricultura y la industria manufacturera (…) separando el Indostán gobernado por Gran Bretaña de todas sus antiguas tradiciones y de la totalidad de su historia”

Pero su comprensión de la desolación económico-técnica que acompaña al imperialismo británico no sirve a su crítica y contestación. ¿No debiéramos ver, entonces, el programa marxista en continuidad con ese horizonte imperial desolador?.

“…por muy lamentable que resulte para el sentimiento humano ver cómo esa multitud de laboriosas organizaciones sociales, patriarcales e inofensivas, se desorganizan y descomponen, y sus miembros pierden al mismo tiempo su antigua forma de civilización y los medios de subsistencia heredados, no hay que olvidar que estas idílicas comunidades aldeanas, por inofensivas que parezcan, siempre han constituido la sólida base del despotismo oriental, que han coartado el intelecto humano dentro de los límites más pequeños (…). No hay que olvidar que estas pequeñas comunidades estaban contaminadas por las distinciones de casta y por la esclavitud, que subyugaban al hombre a las circunstancias externas, en lugar de elevarlo a la condición de soberano de las circunstancias, que transformaron un Estado social capaz del autodesarrollo en un destino natural inmutable”

En un pasaje del Manifiesto Comunista, citado innumerables veces, Marx acudía asimismo al “sentimiento”. Más precisamente aludía al “velo emotivamente sentimental” que la burguesía arranca de las relaciones familiares. También allí acudía al carácter “idílico”  de los lazos que “ligaban a los hombres a sus superiores naturales”.

“Dondequiera que llegó al poder, la burguesía destruyó todas las condiciones feudales, patriarcales, idílicas. Ha desgarrado despiadadamente todos los abigarrados lazos feudales que ligaban a los hombres a sus superiores naturales, no dejando en pie, entre hombre y hombre, ningún otro vínculo que el interés desnudo, que el insensible “pago al contado”. Ahogó el sagrado paroxismo del idealismo religioso, del entusiasmo caballeresco, del sentimentalismo pequeñoburgués, en las gélidas aguas del cálculo egoísta. Ha reducido la dignidad personal al valor de cambio, situando, en lugar de las incontables libertades estatuidas y bien conquistadas, una única desalmada libertad de comercio.  (…)

La burguesía ha despojado de su aureola a todas las actividades que hasta el presente eran venerables y se contemplaban con piadoso respeto. Ha convertido en sus obreros asalariados al médico, al jurista, al cura, al poeta y al hombre de ciencia.

La burguesía ha arrancado a las relaciones familiares su velo emotivamente sentimental, reduciéndolas a meras relaciones dinerarias”í 

Aquí, sin embargo, la vista no está puesta en el exótico mundo asiático sino en el suelo de la vieja Europa. Esas estructuras demolidas por el dominio tecno-económico (burgués) que ha hecho al hombre, y en primer lugar al inglés,  “señor de las circunstancias” esconden evidentemente la sólida base del despotismo occidental.

La destrucción había empezado sobre nuestro suelo, el suelo de la Cristiandad y, por la misma anterioridad cronológica, también entre nosotros habrá de alcanzar en primer lugar su expresión más acabada. Ahora que nos afirmamos como soberanos de las circunstancias es hora de empezar a reparar en que esa circunstancia no ha sido nunca un medio físico disponible para su explotación económico-técnica.  El soberano – como en el viejo cuento – camina, con su fingida actitud de dominio, a la intemperie y con el culo al aire.

¿Dónde estoy?

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