Humildad forzosa.

9 febrero, 2014 § Deja un comentario

A propósito de una página de J. Pla (1897-1981)

Formula muy bien Josep Pla, me parece, la razón de cierto carácter propio de algunos profesores, especialmente en la educación secundaria pero – hoy también – en su prolongación en tantos estudios de grado. Este carácter radica en su incapacidad para ser escuchados o, acaso más propiamente, en la incapacidad general para escuchar. En las aulas se encuentra hoy el mismo murmullo confuso que en el centro comercial, en el debate televisivo o en el templo postconciliar… No es que hablen desde una campana de vacío, sino que su voz se ahoga en el murmullo incesante de opiniones, comentarios, pasatiempos o simples trinos, constante y confusamente excogitados.

Podría ser que – en realidad – la negativa a escuchar sea un elemento constitutivo de nuestro carácter moderno. La Era de la Crítica podría haber conducido a una egolatría que bloquea la atención a toda realidad distinta de uno mismo. En el caso del docente esa indiferencia absoluta de la mayor parte del alumnado constituye su rutina diaria.

J. Pla se refería a los pobres y a su actitud de escucha aparente como medio de supervivencia. No siendo pobre es evidente que la apariencia es innecesaria y se puede manifestar abierta indiferencia, incluso hostilidad. Pero también es cierto que la miseria – en cuanto a conocimiento – es lo que define al discente. La recomendación de no mostrar conocimiento alguno, si lo hubiera, también la cumplen bien la gran mayoría de los jóvenes de nuestros días.  Siendo además, como generalmente son, biológicamente fuertes parece que satisfacen del todo las exigencias del gran egoísta ampurdanés para ser felices.

“Los hombres quieren que les escuchen. Es lo que les gusta más. Les gusta más que el dinero, que las mujeres, que comer y beber bien. Un hombre escuchado se convierte en un presuntuoso absolutamente feliz. Ahora bien: cuando los hombres se saben escuchados, se vuelven débiles. Estos momentos de debilidad son la única rendija a través de la cual puede desprenderse una gota de generosidad del granito humano. Es de esos momentos de los que un pobre puede aprovecharse. Si no los sabe crear ni sacarles provecho, malo… El sistema de la parasitología, establecido naturalmente entre los hombres, y entre los hombres y las mujeres, se basa en la adulación – con el gusto física que da el hecho de sentirse adulado – y la forma más activa y disimulada (es decir, más eterna) de la adulación es saber escuchar de una manera natural, activa y discreta. Contribuye mucho a llegar a esta naturalidad no cometer la tontería de mostrar lo que uno sabe realmente. Los propios conocimientos – si es que se tiene alguno –  se han de saber disimular hasta el punto justo; sin caer, en cambio, en el extremo de acentuar demasiado la propia estupidez…

(…)

El arte de escuchar – continúa diciendo – se comprende es terriblemente cansado y vale realmente la pena poseer una renta para ahorrarse tener que practicarlo. A mi entender la forma más concreta y agradable de la independencia es poder vivir sin necesidad de escuchar a nadie. Los hombres muy fuertes, de una gran aptitud biológica, no suelen escuchar a nadie….”

Ésta ha de ser, si aceptamos lo que dice Pla,  la raíz de nuestra fortaleza y de nuestra humildad.

Conste aquí que no podría jamás estar de acuerdo con un señor que ha escrito “mientras sea un extraño puedo convivir perfectamente con la persona más contraria a mi manera de pensar”.

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