Melancolía afirmativa.

18 marzo, 2014 § 2 comentarios

No es fácil encontrar hoy un gesto franco y generoso. El que hace gala de franqueza suele añadir de inmediato el mazo que le otorga su posición de dominio.  La franqueza es, entre nosotros, un lujo que sólo los poderosos pueden permitirse y que jamás ejercitan con generosidad.

La apariencia de confianza es hoy la virtud impostada de los débiles. Cuando estás en manos de otro, manifestar confianza  es sólo la triste demanda de un menesteroso.

No es posible hoy un esfuerzo sostenido y tenso orientado a objetivos remotos, sólo hay lugar para una actividad agitada dirigida a logros inmediatos. Padecemos una existencia gaseosa y volátil. En definitiva flatulenta.

Ver crecer las plantas: las yemas nacientes, las ramas tendidas, los brotes anunciados… y esperar que culmine el ciclo de su iluminación precisa. Esperar luego, confiado, en el curso venidero. O asumir el fruto del huerto labrado por las propias manos y bendecir que haya el sol y el viento, la lluvia y el curso reiterado de las horas.

Fórmula de nuestra felicidad: un sí tras otro, un acto sin historia y sin otro objeto que su deleitable existencia. (Recordando a mi olvidado Pacific Nihil)

 

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Leopoldo M. Panero (1948-2014)

6 marzo, 2014 § Deja un comentario

No sentiste crisálida aun el peso del aire
en tu cuerpo aun sin límites no hubo deseos alas
en tu cuerpo aun sin límites ciega luz no sentiste
oh diamante aun intacto el peso del aire.

A lo lejos azules las montañas qué esperan
Por dónde van las águilas cruzan sombras la nieve
Canta el viento en los álamos los arroyos susurran
las luciérnagas brillan en las noches serenas
olor denso a resina crepitan las hogueras
Con antorchas acosan y dan muerte a los lobos
En combate de luces derrotada la nieve
Nada turba al jazmín al aire florecido

Y sus rubias cabezas sobre la hierba húmeda

Son sus ojos azules un volcán apagado
En el viento naufragan sus cabellos de oro
De sus muslos inmóviles tanta luz que deserta

Cómo duele en la sombra desear cuerpos muertos.

La mies amarillea caen a tierra los frutos
Ellos vuelven cansados y no hay luz en sus ojos
Pero los huesos brillan y dividen la noche
Estantigua que danza alrededor del fuego
La hora es del regreso y no hay luz en sus ojos
Salpicaduras al borde del camino cabellos aplastados
La hora es del regreso tened cuidado aguardan.

Las luciérnagas brillan en las noches serenas.

Canta el viento en los huesos como en álamos secos
entra en el pecho silba y ríe en las mandíbulas
entre las ramas flota de un ruiseñor el canto
y como un río el viento acaricia sus cuencas

A lo lejos azules las montañas qué espera
Una antorcha en la mano de mármol una llama de gas bajo el arco
vacila
Y sus nombres apenas quiebran la luz el aire

Sepultará la tierra tan débiles cenizas
volarán sobre ellas golondrinas y cuervos
sobre ellas rebaños pasarán hacia el Sur
se alzará sobre ellas el sueño de pastores
y desnuda la tierra morirá con la nieve
La hora es del regreso en sus labios asoman
olvidadas canciones rostros contra el poniente

Qué voló de sus labios al cielo y sus ojos azules
qué lava derramaron en qué ocultas laderas

En sus ojos azules se posaba la escarcha
antaño fue el deseo siempre arrancada venda
oh qué fuego voló de sus labios al cielo
aquellos labios rojos que otros nunca olvidaron.

Pero el viento deshace las últimas nieblas
otros creen que es el frío en las manos caídas
Olvidan que la llama no sólo se apaga en sus ojos
que después no es el frío, es aún menos que el frío.

(Canto a los anarquistas caídos sobre la primavera de 1939)

Modus hodiernus

1 marzo, 2014 § 1 comentario

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