Educación: Reforma o Revolución.

18 mayo, 2014 § Deja un comentario

El siglo en que vivimos padece la ruina definitiva de cualquier resto de verdadera educación, de Educación quiero decir.  Acaso sea precisamente en nuestros colegios privados – muchos de los cuales prometen una educación cristiana – donde el hundimiento resulte más patente. Justamente en estos últimos colegios de pago la contradicción alcanza un insoportable grado de definición.  Allí se educan la clase media y media alta de nuestra sociedad, esto significa en buena medida, la más aquilatada representación de la misma. No significa que la clase media y media baja – que se educa en colegios públicos – vaya a obtener ninguna garantía de educación gracias a esta circunstancia.

La pérdida de todo sentido de la Auctoritas, de toda noción de un verdadero Poder Espiritual, parece ser definitiva. Es casi obvio que sea entre los cristianos nominales – que son legión – donde la ruina sea más patente. No digo que no existan resistentes y ejemplos admirables en el seno de la Iglesia católica, pero digo que existen tanto dentro como fuera de la Iglesia porque ésta ha perdido  su tensión generadora y, con ello, su delicada fortaleza acogedora – potencias maternales – .

Así las cosas, es notable que haya sido preciso que el Estado  reconociera valor de autoridad a los llamados docentes – porque no son, ni pueden ser maestros -. Pero que el Estado conceda semejante autoridad indica, por sí mismo, la ruina. El Estado es el enemigo frontal de la Auctoritas y una Iglesia firme no debería esperar nada del Leviatán.

Nuestra educación contemporánea forma a los jóvenes – envejecidos prematuramente – para resultar competitivos en el mercado laboral , en la economía cósmica de nuestro tiempo.  Esa vejez prematura, a la que semejante instrucción coadyuva, aleja a estos jóvenes rancios del Reino de Dios y de toda forma de verdadera felicidad (Mt. 18:3). Por supuesto la ruina tiene su raíz en la misma descomposición del nudo familiar, del orden genético elemental de la existencia antropológica y desde allí se extiende inexorablemente al conjunto de la labor de constitución y  formación de los individuos. Legiones de almas turbias toman la primera comunión en sus caros trajes de niño de buena familia, perdido todo sentido de la comunión y de su celebración. Son jóvenes muy preparados para ingresar en el orden económico en puestos de alta responsabilidad. Capital humano de alto valor, jóvenes de elevado rendimiento que cierran en falso sus ojos al recibir el Cuerpo de Cristo. ¿Bastará este acto para lograr su renacimiento?.

El alejamiento de la Iglesia no es tampoco el camino. Hay que atacar el corazón mismo de la Iglesia para lograr entrar en él, tomarlo y ser tomado, para hundirse verdaderamente en su seno. Ese ataque ha de producir una conmoción peligrosa en las almas turbias de nuestros jóvenes, ha de sacarlos del orden en que se encuentran cómoda y vulgarmente instalados. Por mi parte, conozco la desolación de intentar el acceso a la Iglesia Real, que la iglesia “realmente existente” impide. No es fácil, pero una verdadera Educación ha de ofrecer las armas para ese combate contra el tiempo presente, incluida la iglesia actual. El proceso de degradación ha alcanzado un punto en que de esa preparación al combate forma parte la educación para el martirio.  No son sólo innecesarias, sino radicalmente contrarias a este esfuerzo, las clases de chino, los ejercicios gimnásticos, la formación para la ciudadanía o para la empresa… Ayunos del soporte real de la vida humana son inútiles también lo contenidos más nobles. Ha sido E. Cioran el que ha escrito:“Comparado con Aristóteles, un santo es un analfabeto. ¿Por qué, entonces, nos parece que podríamos aprender más de este último” . Hemos olvidado qué es lo que podemos aprender de un santo, que Aristóteles no enseña. La enseñanza de Aristóteles será una auténtica bendición sólo cuando se reciba en la posición correcta.  No dudo de que Aristóteles ayuda en general a sostener la corrección de la mirada, pero incluso Aristóteles puede ser conocido por un alma turbia.

Temo sumar algunos nuevos enemigos – a los que por desgracia ya tengo – al escribir estas líneas, pero hemos de empezar por reconocer en qué consiste nuestra educación, lamentablemente adecuada a lo que hoy entendemos por conocimiento o incluso por sabiduría.

“La sabiduría de este siglo se reduce a observar el mundo con la mirada amarga y sucia de un adolescente depravado” (N.G.D.)

 

 

 

 

España y Europa a través de Ortega.

10 mayo, 2014 § 2 comentarios

El lunes día 12 de mayo, a las 19:00, tendrá lugar en el salón de actos del Ateneo de la calle del Prado una mesa redonda en la que se abordará la cuestión de las relaciones España-Europa a través de la obra de Ortega.

Tanto los ponentes cuanto el tema me permiten certificar el valor de la cita. Por mi parte, me honra sobremanera ocupar el papel de presentador de Emilio Lamo de Espinosa y Juan Bautista Fuentes Ortega. Lo anoto aquí por si algún lector de estas páginas, interesado en el asunto, no sabía de la ocasión.

TARJETON - ORTEGA2

Estilos.

3 mayo, 2014 § 2 comentarios

Cada época graba su imagen en el tiempo con un determinado estilo. A este respecto me parece que la actualidad está dominada por la vulgaridad más abigarrada y la elevación de la masa sin compostura a tribunal de última instancia. Pero este grado extremo de degeneración es el cabo de un proceso de muy larga duración.

Dos textos iluminan el estado actual del mundo.  En el Manifiesto Comunista de 1848 se lee el siguiente texto, que esconde algo de asombroso:

“Dondequiera que llegó al poder la burguesía destruyó todas las condiciones feudales, patriarcales, idílicas. Ha desgarrado despiadadamente todos los abigarrados lazos feudales que ligaban a los hombres a sus superiores naturales, no dejando en pie, entre hombre y hombre, ningún otro vínculo que el interés desnudo, que el insensible “pago al contado”. Ahogó el sagrado paroxismo del idealismo religioso, del entusiasmo caballeresco, del sentimentalismo pequeño-burgués, en las gélidas aguas del cálculo egoísta. Ha reducido la dignidad personal a valor de cambio, situando en lugar de las incontables libertades estatuidas y bien conquistadas, un única desalmada libertad de comercio. En una palabra, ha sustituido la explotación disfrazada con ilusiones religiosas y políticas por la explotación franca, descarada, directa y escueta.” (Marx K. y Engels F. Manifiesto Comunista)

Sin duda el segundo texto es menos citado, aunque proceda de una obra universal. Se trata de El Gatopardo publicado en 1960, aunque la escena refiere a Noviembre de 1860. G. Tomasi di Lampedusa describe los caracteres del burgués revolucionario y el viejo aristócrata tardofeudal, así como la ambigua naturaleza de su relación:

“Al multiplicarse los contactos tras el compromiso nupcial, don Fabrizio comenzó a sentir una singular admiración por los méritos  de Sédara. Acabó habituándose a las mejillas mal afeitadas, al acento plebeyo, a los trajes extravagantes y al pestilente aroma a sudor, y estuvo en condiciones de apreciar la rara inteligencia de aquel hombre; muchos problemas que al príncipe le parecían insolubles don Calogero los resolvía en un abrir y cerrar de ojos; liberado de las mil trabas que la honestidad, la decencia e incluso la buena educación suelen imponer a las acciones de muchos otros hombres, el alcalde avanzaba por el bosque de la vida con la seguridad de un elefante que, arrancando árboles y aplastando madrigueras, camina en línea recta sin advertir ni siquiera los arañazos de las espinas y los gemidos de sus víctimas. En cambio al príncipe, educado en pequeños y amenos valles recorridos por los céfiros corteses de los “por favor”, “te agradecería”, “me harías la merced”, “has sido muy amable”, las charlas de don Calogero lo transportaban a un páramo barrido por vientos estériles y aunque en el fondo de su corazón seguía prefiriendo las quebradas de los montes, no podía dejar de admirar el ímpetu de aquellas corrientes de aire que de las encinas y cedros de Donnafugata conseguían arrancar arpegios hasta entonces nunca oídos”. (G. T. de Lampedusa. El Gatopardo)

Cabernet y tempranillo.

1 mayo, 2014 § 2 comentarios

Aunque convendría no voy a hacer un elogio del vino, ni hablaré del que esta noche me tiene sobrecogido. Son décadas de íntima comunión y es mi mejor amigo pero no haré su elogio porque, amén de estar ya hecho, su principal efecto sobre mí consiste en dejarme vacío. Cuando es bueno, como hoy lo es, me paraliza súbitamente y me deja suspendido del color de una piedra o del tibio olor del aire y puedo estar horas contemplando sin ver el lento crecimiento de la hierba. Tiene un notable efecto sobre la memoria: suspende el análisis a la vez que intensifica el recuerdo de remotas percepciones. Puede dolerme como si fuera de hoy una juvenil desilusión o entusiasmarme todavía el gesto exacto de un rostro amigo, recuperado intacto de tres décadas atrás.  Me gusta, en estos casos, beber acompañado pero en silencio y sufro  como una pérdida fundamental la actual ausencia de  alguna vieja presencia silenciosa con la que no compartí nada largas noches de absoluta cercanía.  No he tenido nunca amigos abstemios.

En momentos como éste de comunión silenciosa añoro algunos paisajes y el olor exacto de algunas noches sin historia. Suelo acercarme a la jara del jardín, al tomillo o al espliego y aliento allí el peso total de mi memoria. Evoco el estado del mundo que yo habitaba en los primeros años ochenta. Esta suspensión de mi conciencia actual y de sus cargas , esta retirada de mí y de mis afanes intrascendentes, esta verdadera epojé  es el resultado de una buena educación pero sólo se logra cuando el vino ha madurado horas de sol en taciturno reposo, dentro del espacio luminoso de una botella.

Escuché una vez a un poeta borracho que hablaba solo, recuerdo que se llamaba Claudio Rodríguez.  Empiezo a hacer lo mismo: hablo solo o hablo para mí.

Salud o Amén.

¿Dónde estoy?

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