Estilos.

3 mayo, 2014 § 2 comentarios

Cada época graba su imagen en el tiempo con un determinado estilo. A este respecto me parece que la actualidad está dominada por la vulgaridad más abigarrada y la elevación de la masa sin compostura a tribunal de última instancia. Pero este grado extremo de degeneración es el cabo de un proceso de muy larga duración.

Dos textos iluminan el estado actual del mundo.  En el Manifiesto Comunista de 1848 se lee el siguiente texto, que esconde algo de asombroso:

“Dondequiera que llegó al poder la burguesía destruyó todas las condiciones feudales, patriarcales, idílicas. Ha desgarrado despiadadamente todos los abigarrados lazos feudales que ligaban a los hombres a sus superiores naturales, no dejando en pie, entre hombre y hombre, ningún otro vínculo que el interés desnudo, que el insensible “pago al contado”. Ahogó el sagrado paroxismo del idealismo religioso, del entusiasmo caballeresco, del sentimentalismo pequeño-burgués, en las gélidas aguas del cálculo egoísta. Ha reducido la dignidad personal a valor de cambio, situando en lugar de las incontables libertades estatuidas y bien conquistadas, un única desalmada libertad de comercio. En una palabra, ha sustituido la explotación disfrazada con ilusiones religiosas y políticas por la explotación franca, descarada, directa y escueta.” (Marx K. y Engels F. Manifiesto Comunista)

Sin duda el segundo texto es menos citado, aunque proceda de una obra universal. Se trata de El Gatopardo publicado en 1960, aunque la escena refiere a Noviembre de 1860. G. Tomasi di Lampedusa describe los caracteres del burgués revolucionario y el viejo aristócrata tardofeudal, así como la ambigua naturaleza de su relación:

“Al multiplicarse los contactos tras el compromiso nupcial, don Fabrizio comenzó a sentir una singular admiración por los méritos  de Sédara. Acabó habituándose a las mejillas mal afeitadas, al acento plebeyo, a los trajes extravagantes y al pestilente aroma a sudor, y estuvo en condiciones de apreciar la rara inteligencia de aquel hombre; muchos problemas que al príncipe le parecían insolubles don Calogero los resolvía en un abrir y cerrar de ojos; liberado de las mil trabas que la honestidad, la decencia e incluso la buena educación suelen imponer a las acciones de muchos otros hombres, el alcalde avanzaba por el bosque de la vida con la seguridad de un elefante que, arrancando árboles y aplastando madrigueras, camina en línea recta sin advertir ni siquiera los arañazos de las espinas y los gemidos de sus víctimas. En cambio al príncipe, educado en pequeños y amenos valles recorridos por los céfiros corteses de los “por favor”, “te agradecería”, “me harías la merced”, “has sido muy amable”, las charlas de don Calogero lo transportaban a un páramo barrido por vientos estériles y aunque en el fondo de su corazón seguía prefiriendo las quebradas de los montes, no podía dejar de admirar el ímpetu de aquellas corrientes de aire que de las encinas y cedros de Donnafugata conseguían arrancar arpegios hasta entonces nunca oídos”. (G. T. de Lampedusa. El Gatopardo)

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§ 2 respuestas a Estilos.

  • Chestersoc dice:

    Excelentes los textos, cada uno por sus motivos. El de Marx me recuerda algunos párrafos de Chesterton en ‘Esbozo de sensatez’. Coinciden en el diagnóstico, pero no en la solución.
    En cuanto al Gatopardo, qué gran obra!

  • Escoliasta dice:

    Muchas gracias. Es muy agradable conocer a otros sociólogos lectores del Defensor Fidei.

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