Subversión

2 junio, 2014 § 3 comentarios

A Bernard de Mandeville se le conoció popularmente como Man Devil. El más conocido tergiversador o transvalorador – diría un nietzscheano – recibió el título de ministro del mal. Su consideración de los vicios (privados) como beneficios (públicos) no era, sin embargo, un hallazgo propio aunque su Fábula de las abejas se convirtió en el más popular libelo de su tiempo, promotor de esa perversión.  Hoy cualquier manual de economía (política) esconde en su neutralidad racionalista la misma consideración. Se esperaba que esa negación del bien común en nombre del interés egoísta acabara arrojando un estado de abundancia en que podría – como si nada hubiera pasado – retomar el camino recto del bien común.  Se aguardaba el “estado estacionario” o incluso decrecentista en que los hombres entregarían su vida al cultivo de fines por sí mismos valiosos. Hemos perdido toda noción de esos pretendidos fines intrínsecamente valiosos, porque – en los siglos de negación – nos hemos deshecho de la fuente trascendente de la que pudiera recibir ese valor. Porque el valor de semejantes fines no es intrínseco o inherente y ésta es la cuestión.

J. M. Keynes, el gran economista del bienestar, también selló el pacto moderno con el diablo. Sus esperanzas mundanas, históricas, de un reino del hombre en la tierra, fundado en semejante alianza, han arrojado nuestro presente. Sólo nos queda disfrutar de este Paraíso Inverso del bienestar.

“Durante al menos otros cien años debemos fingir, por nosotros mismos y por todos, que lo bueno es malo y lo malo es bueno; porque lo malo es útil y lo bueno, no.  La avaricia, la usura y la precaución deben ser nuestros dioses durante un poco más de tiempo, porque son las únicas nos pueden sacar del túnel de la necesidad económica y guiarnos a la luz”

(John Maynard Keynes)

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§ 3 respuestas a Subversión

  • Chestersoc dice:

    Esa cita de Keynes es magnífica. ¿Me podrías proporcionar la referencia?
    Muchas gracias, Juan Carlos

    • Escoliasta dice:

      Procede de un artículo de 1930 (resultado de una conferencia pronunciada en Cambridge en 1928): “Las posibilidades económicas de nuestros nietos”. Se encuentra en sus “Ensayos de persuasión”. Crítica. Barcelona. 1988.

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