Silencio

11 julio, 2014 § 7 comentarios

¿Alguien se arriesga a una estimación de tan noble figura?

 

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§ 7 respuestas a Silencio

  • xafergarbas dice:

    Qué gozo y delicadeza de vídeo.
    Uno de los mejores profesores a cuyas clases he tenido la gracia de asistir.

  • desventajado alumno dice:

    Gozo y delicadeza… puede… y no es sorna… el video me parece “bonito”, un intelectual sofisticado mostrando sus objetos de coleccionismo; libros antiguos, el rollo de las plumas… un austero espacio bañado por la luz, lleno de mobiliario vintage delicadamente escogido… todo muy delicado y sugerente.

    SIn embargo no dejo de percibir la “impostura” y el manierismo… una artificio que prende y acaba por ser molesto. Su caso creo es típico y paradógico, la “impostura” un día dejó de ser máscara autoimpuesta(o impuesta) para “formatearlo” todo hasta la “esencia”…me temo que no oculta nada, “lo que se ve es lo que hay”, en eso creo que es transparente, el estilo, la forma me resultan “impostados” digo, pero es transparente; ahí la paradoja; La impostura hecha carne. Sigo el medio en el que suele colaborar Gabriel Albiac y estoy familiarizado con él y su estilo… a mi me harta.

    Por poner el contrapunto; no me imagino a Don Gustavo Bueno y su boligrafo Bic, que en videos y conferencias se ven junto a sus notas, alienado por esas frikadas relamidas… ¿estilográficas que se mandan a restaurar al otro lado del mundo?,¿”huida del PC” y manuscrito en una hoja de un determinado formato por cada párrafo porque es “lo necesario en su caso si quieres trabajar como es debido”?… ¿serán los destellos de un TOC?, o simplemente pura impostura manierista hecha carne.

    Intuyo en él una figura notable, pero su insufrible forma me hace recelar. La cultura tiene mucho de sofisticación, formas y maneras…pero en algún sitio estará el grado adecuado… Me quedo con la advertencia de Oscar Wilde; más o menos viene a decir que los “verdaderos artistas” suelen decepcionar en cuanto a formas, ocurrencia y gracia personal en su apariencia o en cómo se expresan o dan razón de su “arte”…. Acaso no ocurra algo parecido con los “intelectuales de verdad”.

  • desventajado alumno dice:

    Puede que mi comentario sea una extravagancia mía pero creo que en términos de Geometría proyectiva es manifiestamente claro!!!!…. pero bueno…

  • Escoliasta dice:

    Diría que no parece conveniente acudir al irredimible dandi que fue O. Fingal O`Flahertie Wills Wilde – amanerado, femenil, maniático, refinado – al inventor del “traje estético”, el señor del clavel verde en la solapa, ese mismo del que dejó dicho A. Gidé: “jamás escuchaba a nadie y prestaba una atención mínima a las ideas ajenas, puesto que no eran las suyas propias. En cuanto dejaba de resplandecer,se borraba a sí mismo… y sólo volvía a ser él mismo cuando estaba en su propia compañía”. Ese tipo o arque-tipo no debiera ser llamado a definir “verdaderos artistas” o “intelectuales de verdad”. Justamente, me pareció que el vídeo escondía un elemento – para mi gusto repugnante – de dandismo, el mal de D. Oscar.

    • desventajado alumno dice:

      La verdad es que citar a Oscar Wilde cuando uno habla del rechazo que le produce las formas afectadas y el manierismo es un tanto contradictorio sí… sin embargo en esa idea sobre “el verdadero artista” vs “el impostor” creo que acierta… La idea me pareció oportuna y la solté y sin venir a cuento nombrando el autor al que se la había leído.

      De cualquier manera creo que coincidimos; ese elemento del video nos hastía.

  • Escoliasta dice:

    Como sucede siempre estaríamos y no estaríamos de acuerdo.
    No sólo no es oportuno acordarse del dandi, tampoco me parece que lo sea oponer al filósofo. Yo quise evitar darle vueltas a estos asuntos antes por la importancia que les atribuyo, que por juzgarlos banales.Son, además, asuntos muy delicados porque estas superficialidades comprometen el fondo de nuestras personas. Por eso me limitaba a preguntar si alguien se arriesgaba a una estimación. Como en tantas cuestiones de la vida que llaman cotidiana, que es la vida antropológica – estamos en la casa misma del profesor Albiac – me parece que es cuestión de medida, es decir, de prudencia. Quiero decir que podría haber tanta afectación en las estilográficas delicadísimas de Albiac, como en el bic popular de Bueno. La diferencia podría estar – y lo digo con todas las reservas – en la ostentación. Bueno parece que no ostenta o no trata de que se vea su bolígrafo, pero de algún modo algunos lo notan. En el caso de Albiac es cierto que se dirigen a su propia casa de manera que se trata, precisamente, de enseñarla. Pese a esto me parece que la enseña con notable presunción, en ese exceso estaría un dandismo, que procede de la misma fuente que su toque de pedantería.
    Pero el bic de Bueno me trae a la memoria una anécdota que tuve ocasión de escuchar de su boca. Ahora no recuerdo el nombre del protagonista – pero era un viejo amigo de juventud de D. Gustavo que hacía gala de sus estrecheces y al que alguien le espetaría el siguiente diagnóstico revelador. “A través de los agujeros de tu capa veo tu soberbia”. No digo que haya semejante intención en el humilde bolígrafo que dices que Bueno utiliza. Pero al oponerlo a las estilográficas cabría señalarte a ti diciendo: A través del bolígrafo de Bueno veo tu soberbia.
    Pero el problema tiene un aspecto que va más allá de la anecdótica contraposición del escritor y el filósofo. Los objetos artesanales, a menudo dotados de una difícilmente definible belleza, la parsimonia y delicadeza en su uso… no son despreciables. La calidad de los objetos y duradera utilización esconden mucho más que una vana afectación de manera que contra Albiac no arrojaría tanto los objetos – entre ellos los libros – de que se rodea sino, únicamente, un exceso difícil de medir en su actitud cuando los presenta.
    Un amigo cercano – tanto o más que yo mismo – a la filosofía de Gustavo Bueno me recomendó un magnífico libro, en el que puede leerse:
    “Y me sobrevino la gran serenidad de la permanencia. Porque nada puedes esperar si las cosas no duran más que tú” (A. de Saint-Exupéry)

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