Figuras del superhombre.

23 noviembre, 2014 § Deja un comentario

Hace décadas que la psicopedagogía, al servicio de las grandes potencias económicas, sirvió al giro procedimental, a la orientación hacia el formalismo consistente en “enseñar a aprender” sin especificación de contenido alguno. En sintonía con la “flexibilización” del trabajo, que pedía el despliegue de abstractas competencias para las que era precisa una vaga habilidad para adquirir rápidamente nuevas habilidades, dado que la función del nuevo trabajador iba a cambiar constantemente. Es un trabajo multifunción que se ha desligado de la vieja adscripción a uno u otro sector productivo.  El nuevo trabajador viaja realmente de un puesto de trabajo a otro, e incluso un mismo puesto de trabajo consiste en una diversidad de tareas genéricas que hacen de la figura decimonónica del “trabajo de oficio” un resto arqueológico. Este trabajo multifuncional, “creativo” y de compromiso débil o inexistente, está soportado por el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación, por una microelectrónica revolucionaria que ha permitido llevar a un nuevo grado de desarrollo la herramienta tecnológica. Desde pantallas intuitivas y accesibles, el trabajador se atiene a un proceso productivo muy semejante para la producción de cualquier cosa. Los más demandados “profesionales” son los promotores de aplicaciones informáticas que sirvan a esa facilitación tecnológica de la producción, no sólo en los sectores  primario y secundario, sino – y aquí la educación – en el sector de servicios.

La herramienta tecnológica suple la figura de ese trabajo, todavía concebido como de oficio y así se repetía la consigna de la “vocación docente”, que fuera el magisterio.  En vez de exigir que las llamadas “clases magistrales” lo fueran realmente, se ha ido persiguiendo al docente que – al parecer autoritariamente – se empeñaba en enseñar alguna materia determinada, tomando abusivamente la palabra. En su lugar ha medrado y prosperado – bien auspiciado por las potencias dominantes – el facilitador de tareas multifunción.

En algún momento se rendirán cuentas de los efectos devastadores de tanto progreso. Entretanto es interesante contemplar el proceso de demolición de la vieja civilización. Pasen y vean:

Marc Prensky. “Los profesores de hoy deberían eliminar las clases magistrales”

La respuesta de un profesor español indignado el experto en educación Marc Prensky

Anuncios

Rehala

19 noviembre, 2014 § 1 comentario

Mi abuelo fue un acreditado cazador y acerca de mi bisabuelo conocí anécdotas, a través de los más viejos de entre los adultos que vigilaron mi infancia, probablemente apócrifas. Tales anécdotas le eran atribuidas, sin embargo, con notable afecto y admiración. Es fácil entender que no profese el desprecio de la caza, tan común entre ecologistas y modernos en general.

Por si el caso de mi abuelo no fuera suficiente, como para mí lo es, aduzco el ejemplo de Miguel Delibes, cuyo discurso de ingreso en la Real Academia enlazo aquí, como prueba viviente de la armónica convivencia de la comprensión del mundo antropológico, de asimilación vivida del paisaje rural y de la naturaleza animada por el hombre, con el noble ejercicio de la caza.

Pese a todo cabe pensar la figura deformada de esta práctica noble y ancestral: la del cazador moderno, equipado con armas de precisión e indumentaria paramilitar, que mercadea con las reses que abate y paga precios de escándalo por puestos privilegiados en paisajes que desconoce, aún cuando los tiene ante el bozo.

Supongo que en el acto de matar animales de gran potencia biológica, amén de su asombrosa belleza, todavía pueden notar el placer de una violación arcaica, el envite de un sentimiento profundo de dominio. Han perdido – no quepa duda – cualquier sensibilidad de la trascendencia del acto que ejecutan. Se limitan a la cabeza de la bestia que puede servir para decorar sus paredes, a modo de mero trofeo. Entre sus posiciones de poder en el orden social y su inclinación – casi la dependencia – a este atávico gesto de mando, ha de haber una íntima vinculación.

El profundo hedor que emana la imagen que adjunto no procede de los restos de los animales que yacen a los pies de esta muchedumbre. Procede más bien del populacho vil de estos señores de nuestra plutocracia.

ignominia armada

Actitud negativa.

15 noviembre, 2014 § Deja un comentario

Decía mi admirado García Márquez que a los cuarenta había aprendido a decir que no, cuando es que no. Menos literariamente yo solía repetir – antes de cualquier pronunciamiento y para evitarlo – que todo es muy difícil.  Por lo demás, hace mucho que pasé los cuarenta – la fecha del acmé – y hace, por tanto, mucho que dejé de ser cortante. Me he vuelto romo y lento como un objeto gastado, como un anciano acaso prematuro, y sólo sé decir que no, porque nunca me parece que sea otra cosa. No decido entre lo que es y lo que no es. Nada es. Pero aquí hay un sutil elemento que me separa – adviértase – del mero nihilismo, al que – pese a todo – debo reconocer que se parece.

Cuando alguien se atreve a hacer alguna afirmación, en seguida veo que es que no. Por eso, supongo, me repugna tanto la tan valorada asertividad y de paso la actitud política. Iría a la política, como a la guerra, únicamente en mi propia defensa o como dice el maestro inglés por amor a lo que tengo a la espalda y no por odio a lo que tuviera enfrente. Si nadie me acosa, nunca me afirmo. Si me acosa simplemente me lo opongo, porque se me pone en contra. Le resisto, sin duda, para conservar mi propia condición, pero no avanzo sobre sus líneas más de lo necesario para desarmarle y concederle a continuación la huida. Soy un héroe triste, de victorias de supervivencia.

Me gustaría ser el hombre audaz y arriesgado, el filósofo afirmativo, que conoce el rumbo y lo señala. Me asombra el vigor y enjundia con que tantos definen la realidad. Viejos amigos y compañeros que tienen un proyecto para el mundo. Por mi parte soy incapaz de tales alardes de convicción, pero es que veo que es que no. Será – dirán los expertos – que me pueden mis “creencias limitantes”, pero yo diría que no. Si no fuera mucho afirmar me gustaría pensar que se trata de humildad, pero – para ser sinceros – no lo creo.

Actualidad, moho de la realidad.

9 noviembre, 2014 § Deja un comentario

A propósito de un programa actual de debate político en España.

La sociedad española está aprendiendo o recordando la vulgata marxista, con su ineludible contenido de verdad, a gran velocidad.  Pero olvida un elemento fundamental, oculto al propio marxismo, aunque no al viejo Marx, cuando era joven.  Pero ese elemento – que no pueden ver los viejos marxistas – trasluce en algunos momentos.

Julio Anguita tiene el aire de un profeta oriental, honesto, lúcido y veraz. Demasiado honesto y veraz.  En su rígida lucha de las ideas – un reflejo de la lucha de clases – casi geométrica, ataca al presidente de la comunidad extremeña por sus recién ventilados asuntos de corrupción. Olvida, sin embargo, que José Antonio Monago (¡cómo sigue recurriendo ese nombre “José Antonio” entre españoles!) viajó a Canarias a ver a su novia, con dinero del Estado.

Me limitaré a sumar el aforismo nietzscheano “lo que se hace por amor está más allá del bien y del mal”. Sin santificar el billete de embarque del Sr. Monago y sin querer burlarme de la indignación de izquierda del Sr. Anguita, déjenme que suspenda – con una sonrisa antropológica – y sólo en este caso el calificativo de “corrupción”.

Aprovecho para pedir su democrática abstinencia de esta democracia.  laculpaestuyaporvotar

Dejándonos de filosofías.

6 noviembre, 2014 § Deja un comentario

J. Sánchez Tortosa.  La derrota de la filosofía. 

Ser moderno

2 noviembre, 2014 § Deja un comentario

La formación del gusto nuevo o moderno en España parece haber conocido una inflexión con la configuración del Estado liberal, todavía bajo la regencia inmediata a la muerte de Fernando VII, y a lo largo del reinado de Isabel II que culmina en 1868.

En 1795 trataría de lanzarse una de las primeras revistas de moda pero el intento fue abortado por la censura, como lo sería todavía casi diez años después un nuevo ensayo, en 1804. Pero tras la guerra será irresistible el ascenso de las ideas liberales, pese a que su asociación con los invasores  induce una vaga reacción contraria.

El liberalismo sociológico y el modernismo se afianzan tras la guerra y bajo el reinado del rey felón y se manifiestan con plena vigencia a partir de 1833, año de la inflexión que mencionaba.

Cadiz primero, pero luego con pujanza incomparable Madrid y Barcelona, acogen un nuevo tipo de publicaciones. Revistas orientadas a la educación del gusto por medio de relatos, por medio de lo que se llamarán “notas de sociedad”, por medio de comentarios de cultura relativos a estrenos teatrales o musicales y toda forma de manifestación artística.  Desde mediados de siglo dichas publicaciones atienden en sus nuevas secciones de “salón y moda” a los aspectos llamados “materiales” del estilo de vida. La materialidad misma de las revistas mejora sobremanera gracias a los nuevos procedimientos de impresión y, en especial, en lo tocante a las ilustraciones y la naciente publicidad.

Hacia el fin de siglo en esta España, se dice que poco europea, las revistas de moda dedican un amplio espacio a las novedades, con detalladas descripciones de los nuevos productos, incluyendo patrones de confección y una importante cantidad de anuncios.  Algunas de estas publicaciones aparecieron largo tiempo, signo de la difusión de la nueva cultura del consumo, aunque se limitaran entonces a áreas geográficas muy específicas y a muy determinados grupos sociales.

Las revistas se ajustan con exactitud a modelos ingleses y, sobre todo, franceses. Así la primera gran revista de moda en España – El Correo de las Damas. Periódico de Música, Amena Literatura, Teatros y Modas – que aparece por vez primera el 3 de junio de 1833 es una réplica de las francesas Petit Courrier des Dames (1821-1868) y Journal des Dames et des Modes (1797-1868) -. La revista en España copia el formato con atención precisa a las nuevas imágenes.

El discurso modernizador de este periodismo ilustrado busca la promoción de nuevas actitudes y maneras, la formación – en suma – del nuevo hombre que será, finalmente, el hombre moderno. En ellas se substancia, me temo, el grandilocuente discurso ilustrado, liberal, moderno. ¿No es el dandismo la esencia de la modernidad?.  Ángel Lavagna, fundador y editor del Correo de las Damas, escribió en el primer número.

“Los periódicos son un termómetro seguro del a prosperidad y educación de un pueblo. Felizmente ya podemos repetir esta verdad con orgullo, si atendemos a que en pocos meses hemos visto aparecer en nuestra patria, bajo la protección de nuestro benéfico gobierno, multitud de papeles públicos […] que rivalizan en el loable empeño de difundir las luces y propagar las sanas ideas fundamentales para el bienestar de la nación” (3.6.1833)

Tras la máscara de John Locke el atildado rostro de George B. Brummell.

_________________________

Tomo la información de: Cruz Valenciano, Jesús. El surgimiento de la cultura burguesa. Siglo XXI. Madrid.2014

Resistencia antropológica.

1 noviembre, 2014 § Deja un comentario

Llama la atención la resistencia de la “vieja superstición”. Se diría que alienta en ella una “fuerza irracional” que no llamaré invencible – dado que ha sido vencida – pero que es, en todo caso, de una tenacidad incomparable. En las condiciones de la atmósfera menos respirable parece seguir viva una costumbre, un modo de relación personal y una forma de celebrarla, un hábito fortalecedor, una comunión que se conoce y se consagra.  Los actuales buscadores de formas que se dicen alternativas de comunidad debieran atender a esa “superstición” derrotada pero incorregible que todavía, con asombrosa “contumacia”, se empeña en no entrar en razón.

La comunidad real no se presenta en catálogos, ni abundantes tipologías, no podemos elegir la comunidad que construiremos acaso porque esa comunidad es constituyente y posee una estructura determinada, una factura que no ha sido hecha por las manos de un individuo substancial – señor de su realidad – que haya decidido darse esa identidad comunitaria, como – según algunos – se dan constituciones las nubes de individuos que quieren ser las sociedades contemporáneas.

Para algunos esa pertinacia tiene el fundamento biológico de un instinto.  “El instinto: cuando la casa arde olvidamos incluso el almuerzo. Sí, pero luego lo recuperamos sobre la ceniza” (F. Nietzsche)Desde luego, muchos vivimos en las ruinas de una casa quemada pero, si nos sentamos a comer, no es porque nos mueva el instinto de nutrición. Es una potencia más profunda que la biología por la simple razón de que  la biología humana está conformada por la estructura elemental comunitaria. Si nos sentamos a comer sobre las brasas es para celebrar en común nuestra vida salvada.

Reconforta conocer episodios de resistencia insensata, capaces de conmover con una resistencia conservadora cualquier intención revolucionaria. Entretanto aguardamos la revolución que reconstruya o conserve las condiciones radicales de una tan poco biológica “naturaleza humana”. La revolución desatada en defensa de una verdad… al menos milenaria.

“Cuando en 1614 el infortunado elector Juan Segismundo I de Brandeburgo trató de defender a los predicadores reformados frente al odio popular, entre la multitud berlinesa se oyó un grito: “¡Tú, maldito calvinista negro! ¡Tú, nos has robado las imágenes y destruido nuestros crucifijos: ahora acabaremos contigo y con tus sacerdotes calvinistas!”. Los reformados plantaban cara a las Iglesias Luteranas, que, en medio de una diversidad inmensa de prácticas tradicionales, parecían haberse convertido en el cobijo de la religión tradicional como había sucedido antes de los levantamientos de la Reforma. La Misa luterana (todavía llamada así) pasó a oficiarse en parte en latín por unos clérigos  con vestiduras religiosas que durante el servicio religioso consagraban el pan incluso al estilo tradicional. En el imaginario popular Lutero se había convertido en un santo y su mera imagen era capaz de impedir que las casas se incendiaran siempre que estuviera clavada en la pared del salón. Todavía hasta bien entrado el siglo XIX, los grupos luteranos daneses en visita pastoral se alarmaban al encontrar parroquias rurales donde desde hacía siglos los fieles se deleitaban con las peregrinaciones, los manantiales sagrados, los festivales y la intercesión de los santos, y Dinamarca no era el único lugar…” (Diarmaid MacCulloh. Historia de la Cristiandad)

 

 

¿Dónde estoy?

Actualmente estás viendo los archivos para noviembre, 2014 en A Día de Hoy.