Rehala

19 noviembre, 2014 § 1 comentario

Mi abuelo fue un acreditado cazador y acerca de mi bisabuelo conocí anécdotas, a través de los más viejos de entre los adultos que vigilaron mi infancia, probablemente apócrifas. Tales anécdotas le eran atribuidas, sin embargo, con notable afecto y admiración. Es fácil entender que no profese el desprecio de la caza, tan común entre ecologistas y modernos en general.

Por si el caso de mi abuelo no fuera suficiente, como para mí lo es, aduzco el ejemplo de Miguel Delibes, cuyo discurso de ingreso en la Real Academia enlazo aquí, como prueba viviente de la armónica convivencia de la comprensión del mundo antropológico, de asimilación vivida del paisaje rural y de la naturaleza animada por el hombre, con el noble ejercicio de la caza.

Pese a todo cabe pensar la figura deformada de esta práctica noble y ancestral: la del cazador moderno, equipado con armas de precisión e indumentaria paramilitar, que mercadea con las reses que abate y paga precios de escándalo por puestos privilegiados en paisajes que desconoce, aún cuando los tiene ante el bozo.

Supongo que en el acto de matar animales de gran potencia biológica, amén de su asombrosa belleza, todavía pueden notar el placer de una violación arcaica, el envite de un sentimiento profundo de dominio. Han perdido – no quepa duda – cualquier sensibilidad de la trascendencia del acto que ejecutan. Se limitan a la cabeza de la bestia que puede servir para decorar sus paredes, a modo de mero trofeo. Entre sus posiciones de poder en el orden social y su inclinación – casi la dependencia – a este atávico gesto de mando, ha de haber una íntima vinculación.

El profundo hedor que emana la imagen que adjunto no procede de los restos de los animales que yacen a los pies de esta muchedumbre. Procede más bien del populacho vil de estos señores de nuestra plutocracia.

ignominia armada

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§ Una respuesta a Rehala

  • Sentarse en un puesto disfrazado de cazador y disparar cuando pasan los ciervos no se si le hace a uno cazador, aunque se beba cazalla y se use un taburete incómodo. Imagino a esas personas con botas de agua, cuchillo grande y delantal plástico ensangrentado tras esos animales muertos.

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