Figuras del superhombre (2)

2 diciembre, 2014 § Deja un comentario

La sociedad democrática de mercado – con su educación garantizada y sus medios de comunicación o entretenimiento – ha fraguado la figura de un nuevo ciudadano, dotado de todas las evidencias necesarias para la vida en el nuevo orden cosmopolita. En la gran ciudad del presente camina ataviado con el indumento del hombre seguro de sí y preparado.

Sus evidencias son graníticas e inamovibles. Sabe de las virtudes de la democracia, pese a reconocer carencias que se superarán mediante el expediente de profundizarla, las carencias de la democracia se suplen con más democracia. Observa mientas mira al cielo o sin apartar la vista de la página de una novela premiada.

Hace tiempo que la filosofía y la historia resultan para el nuevo hombre de interés sólo arqueológico, el adorno de una cultura colmada. Puede interesarse por Marco Aurelio como se interesa por Mafalda. Incluso su religiosidad, quizás nominalmente cristiana, le resulta una opción más y, por supuesto, la más humana.

Conoce el valor supremo de las tecnologías de vanguardia, sin olvidarse, pese a todo, de los requerimientos de conservación de un planeta verde esmeralda. Admira los logros de la ingeniería en cualquier sector y se entretiene en museos o en teatros, en asambleas o en aulas. Se entretiene de la seriedad sacramental de la ingeniería humana.

Este príncipe de la tolerancia cohabita con ideologías, con géneros y razas, con religiones y programas, convertidos en perfiles y avatares en la pugna por lograr la aquiescencia electrónica de las masas. Seguidores a los que, cada día más, ha de gustarles su página.

En el dominio privado de su casa no sólo adora a sus animales y diseña cada aspecto de su reino de esperanzas acolchadas, ordena su convivencia anti patriarcal con una pareja comprensiva, culta y atildada. Practica un sexo sin estridencias pornográficas – respetables por lo demás – pero también sin .los rigores y silencios de los tiempos de ceniza, medieval y crucificada.

No desestima tener hijos o adoptarlos. Seguro de ser buen padre, se reconoce capaz de formar el más audaz capital humano. Pero no olvida tampoco que hay que saber cesar la vida, cuando el rendimiento de los años se agoste en un pantano de dolor y llanto.

Cuando encuentro por las calles al hombre nuevo no puedo dejar de sentirme cohibido ante su mirada eficaz y poderosa. No es conformista, quiere obtener reconocimiento y admiración. La exige y yo le ofrezco siempre mi pasmo, que interpreta, inalterablemente, como un signo de reconocimiento.

No hace falta añadir que el nuevo hombre – señor de su autoestima – se equivoca. Vislumbro el huracán que hará harapos su delicado manto de seda primorosa, que romperá su corazón hastiado y que acaso logre la resurrección del hombre viejo oculto tras su máscara de maquillada sombra.

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