Como vayamos pudiendo.

6 diciembre, 2014 § Deja un comentario

Desde hace tiempo me niego a atender públicamente a la cosa pública. Muchas razones pueden oponerse a esta actitud abstencionista y este mismo calificativo es ya una objeción para quien toma partido por la acción frente a la pasión, aunque la acción que ejecute se defina, a menudo, como re-acción, lo que puede leerse como acción multiplicada.

Federica Montseny, que se forzó a bañarse en la charca pestilente, título que aplicaba a la cosa pública, y, en general, la tradición metapolítica anarquista y, con ella, el viejo catolicismo me han enseñado a defenderme del Estado, llevando, también a este respecto, una vida insignificante. Pero aunque es cierto que la cosa pública no ha de reducirse a la cosa política, ha sucedido que el curso de la modernidad – bajo la ambigua consigna de igualdad y libertad – ha ido extendiendo la gestión política sobre cada vez más espacios de la vida y despachando de los mismos  – en nombre de sus ciencias y técnicas – a las viejas costumbres y sus vencidas supersticiones. Todo es política, dicen los revolucionarios. Desde semejante perspectiva tampoco yo habría podido abstenerme.

Me niego a aceptar la oposición política-sociedad, porque me parece que a la política sólo cabe oponer comunidad. Pero esta comunidad es, cada vez más, o un recuerdo remoto del que acaso derive una esperanza o, simplemente, un sueño peligroso cuando se fuerza esa concepción contra-natura que quiere ser una comunidad política, concepción que sólo puede alumbrar monstruos.

Los profesores Monedero o Iglesias, Bescansa o Errejón son los rostros más visibles del nuevo partido político PODEMOS, nutrido en sus cuadros de numerosa población académica. Me consta que la discusión relativa a la constitución política, quiero decir, la constitución en partido político de esa fuerza social, generada como reacción a la situación actual de España, ha sido una discusión abundante. El resultado de la misma ha sido el conocido: se ha inscrito un nuevo partido político, se han configurado sus cuadros y trata de dotarse del aparato que le permita – llegado el momento y si el momento llega, merced a la consulta electoral – hacerse con el control del Estado en sus diversas instancias administrativas, desde los ayuntamientos o las autonomías, al gobierno central del Estado.

No parece arriesgado considerar que el importante aliento electoral – todavía intencional – que el nuevo partido recoge tiene como fuente la reacción contraria a la situación presente, su motor es evidentemente reactivo aunque se trate de una reacción defensiva orientada, quizás, a recobrar la salud. Dado el estado actual de España también se ha visto por parte de algunos como un signo de descomposición.

Por lo demás, no creo que la referencia a la salud resultara atractiva para un electorado al que, sin duda, espantaría hoy cualquier alusión a la salvación o a un salvador de la patria. Aunque se tratara de una especie de salvador colegiado, público pero unánime, ése que los miembros del nuevo partido llaman la gente.

Y aquí, en la gente y en la patria, cuando estas palabras aparecen en el discurso de los actores del nuevo partido, encuentro ocasión para, sin traicionar mi reluctancia a entrar en la cosa pública, abordar este tema de actualidad política. Acaso porque las ideas de gente y de patria digan relación a una forma de comunidad, a un horizonte que – más allá del programa político pero arraigándolo y envolviéndolo, como raíz y como flor del mismo – desborda la figura del Estado.

Estas ideas no han sido determinadas por los miembros del partido, aunque tienen un efecto retórico enorme o acaso porque tienen ese efecto. Estas ideas no dejan de teñir las intervenciones de los representantes del nuevo partido, así como el programa que se ha presentado recientemente. El resto tiene un gran interés político y es constantemente atendido en medios de comunicación. Me parece que este punto encierra – si es que encierra algo – la que podríamos llamar la filosofía del nuevo partido.

En una organización de tan renombrados académicos no me cabe duda de que pronto aparecerá el tratado que establezca los fundamentos filosóficos o metapolíticos del partido. La ironía que aquí se esconde, no se dirige contra las personas – muy capaces, sin duda, de toda forma de producción académica – sino contra la imagen misma de un gobierno filosófico. rutina-de-trabajo_27439_11_1

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