Edipo y Telémaco

28 diciembre, 2014 § Deja un comentario

El psicoanálisis es capaz de decirlo todo porque – en su tortuosa clave – es capaz de concebir lo que más a propósito resulte al caso. Sean los que sean el propósito y el caso, precisamente porque su naturaleza de magma ideológico, pregnante y envolvente, es de una densidad capciosa siempre orientada a su fin mendaz pero exculpatorio. Ése es el único mérito que estoy dispuesto a conceder al freudismo: una potente capacidad de envolvimiento, de pregnante atractivo que ha cautivado a una innumerable legión de ciudadanos modernos, por la forma simple de su estructura, ligada a su capacidad falsamente absolutoria.

Ahora encuentro en la reciente traducción de un trabajo de Massimo Recalcati una inviable revisión de la mitopsicología freudiana, revisión en la que se dice Telémaco, donde se dijo Edipo. En ella el mismo Lacan puede aparecer como adalid de una familia preservadora de la Ley de la Palabra y puede oponerse al “libertarismo ingenuo” del 68. Pero en buena medida es de esos liberadores suspicaces (freudomarxistas y nietzscheanos), la responsabilidad de la actual aniquilación del orden del mundo y ninguna revisión puede absolverlos. Es demasiado tarde ya y no es la jerga oscura y confusa del freudismo y sus epígonos la que ha de devolvernos la Palabra.

En cualquier caso, es hermosa la figura anhelante de Telémaco, icono del hijo y héroe de la tradición.

“Edipo es incapaz de ser hijo y la misma suerte aguarda a Narciso. Estas dos figuras de la mitología clásica fueron elevadas por Freud y el psicoanálisis a personajes paradigmáticos del teatro del inconsciente. Pero ninguno de los dos llega a acceder a la dimensión generativa del heredero que el ser hijo conlleva. Edipo nunca deja de estar prisionero de su odio, revestido de amor por su padre – el padre como Ideal y el padre como rival constituyen los dos polos de la oscilación típica de lo que Freud denomina “complejo de Edipo” -, mientras Narciso es incapaz de separarse de su propia imagen idealizada, cuya fascinación le conduce hacia el abismo del suicidio. La rivalidad (Edipo) y el aislamiento autista (Narciso) no hace posible el movimiento singular del heredar, sin el que se viene abajo toda filiación simbólica y, en consecuencia, la transmisión del deseo de una generación a otra”

Recalcati, Massimo. “El complejo de Telémaco. Padres e hijos tras el ocaso del progenitor”. Anagrama. Barcelona. Noviembre de 2014
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