Educación moral

23 febrero, 2015 § Deja un comentario

“En todo caso la escuela era muy libre y los maestros justicieros. El año que nos tocó una señorita recibí mi primer castigo. No recuerdo por qué falta, se me obligó a extender la mano; en ella cayó un varazo dado con ganas. Sin embargo, sin ira. Una vez azotado se me dijo: – ahora a sentarse -. A poco rato, la misma maestra me hizo alguna pregunta como las demás, el asunto se había liquidado. Hay algo de noble en un castigo así, severo y honrado. Se paga la falta y se sigue viviendo ya sin carga alguna de remordimiento. Nunca he sido partidario de la blandura de cierta pedagogía posterior que suele convertir al maestro en juguete del niño y al estudiante en censor del catedrático. Un manazo justo en la infancia, una explicación oportuna en el colegio, en la Universidad, producen un efecto de saneamiento, de higiene indispensable de toda labor colectiva. La condición de eficacia está no más en ejercer la autoridad sin odio…”

(Vasconcelos. J. Ulises Criollo)

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