Resignación

24 marzo, 2015 § Deja un comentario

Trato de llevar a cabo un acto espiritual de importancia vital pero sumamente difícil de cumplir, trato de resignarme. Asumir, conceder y perdonar, pero también trato de devolver una autoridad prestada. Sólo así podría vencer las peligrosas delicias de la melancolía y las terroríficas amenazas del resentimiento.

Esta necesidad de resignación tiene algo que ver con mi edad, que empieza a ver la pendiente creciente de la decadencia, pero – sobre todo – tiene que ver con mi oficio y con su concepción misma como oficio. Me dedico a la enseñanza de la filosofía y específicamente de la filosofía social o la teoría sociológica, en un entorno en que todo discurso en un campo semejante es visto – con una densa convicción – no sólo como libresco y vanamente erudito sino como irrelevante, una vez que contamos con la evidente respuesta a toda posible dificultad en ese terreno. La durísima evidencia, imposible de conmover, que aportan las ciencias naturales del hombre – es decir, las neurociencias, la biología política o, en otro plano, la economía y la psicología científicas – hace de cualquier recurso a la hermenéutica una singular extravagancia.

Es posible que haya mucho de caracteriológico o idiosincrásico en esta poderosísima certeza de vacuidad o de hastío de uno mismo que padezco, pero – me temo – que es también un signo de derrota. Y no soy sólo yo el vencido, lo cual carecería de interés público: la filosofía desaparece definitivamente – tras décadas de agonía – de la enseñanza secundaria, hace tiempo que los profesores de la materia – empezando por las facultades de filosofía – estaban dedicados a labores extrañas a la naturaleza de esa disciplina, asesores técnicos diseñan los polimorfos programas de acción política y económico-social, el mundo de la cultura se entretiene en su emotiva expresión de la subjetividad antropológica, en realidad se complacen en la exposición del sujeto moderno, partidos y sindicatos se ajustan al estado del mundo en el que cumplen su función de “conciencia crítica” de la nada más homogénea.

Quedan, si quedan, restos del naufragio, voces de amigos envejecidos y rotos, voces quebradas. Queda el terror de un mundo en escombros higiénicos y luminosos que habrán de habitar mis hijos. Y queda alguna tarde robada al hastío en compañía de la familia o los amigos, queda el cultivo de una biblioteca y de un pequeño jardín, queda lo que queda de naturaleza lentamente cultivada. Este elemento restante es toda mi esperanza de salvación entre horarios de docencia inane y agónica desesperanza. Largos viajes a ninguna parte, de una a otra aula. Sin tiempo para la lectura o la labranza, se pierden mis lechugas y mis libros se cansan de esperar su hora. Mientras pasan rostros de cansancio sin misericordia que, en los últimos tiempos, me miran con el desprecio adecuado al impostor o al viejo loco que se ignora.

Esta enorme campana de evidencias equivocadas que cubre la atmósfera europea se vendrá abajo. Pero no quiero conceder al resentimiento nada, ni quiero entregarme a las engañosas delicias de la melancolía. Me pregunto si sabré resignarme al atributo que se me aplica de rara extravagancia, de desvarío interesante, pieza de análisis para las ciencias del hombre o de divertimento para alumnos de humanidades contemporáneas. Hay algo más, pero es cierto que mi carácter contribuye a mi demolición acelerada.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo Resignación en A Día de Hoy.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: