Nota de paso.

5 abril, 2015 § Deja un comentario

En un estado de cuya descripción debiera ocuparse un conocedor profundo del espíritu humano, he pasado esta Semana Santa leyendo un novela. Con la salvedad del D. Quijote, que reviso cada año, debe hacer lustros que no me acercaba a este género. Pero no es por desdén hacia un género moderno, sino porque la novela exige un esfuerzo interpretativo que no estoy en condiciones de hacer.  Siempre he reconocido, sin embargo, la enorme dificultad que ofrece la representación de los fenómenos, la reproducción de la vida misma y su estructura dramática, dificultad enorme que explica por qué son muy pocas las buenas novelas. 

Mientras decido si acepto el consejo del psiquiatra como sucedáneo de ese conocedor del espíritu humano, dejo aquí una pequeña llamada de atención. La novela es la reciente “Hombres buenos” de Arturo Pérez-Reverte. No valoraré al autor, ni a su obra, me limito a reconocer que valga lo que valga el resto – que yo no conozco – Reverte ha llegado a conocer bien la carpintería, quiero decir, que es hábil en la labor de construcción de escenas y personajes. Y salpica la novela de referencias a esa técnica de construcción; referencias que tienen, por su carácter actual, un sabor de mucho interés para el contemporáneo: sus referencias a Julián Marías, a Víctor de la Concha o Francisco Rico – entre otros – resultan a veces simpáticas, a veces interesantes, siempre novelescamente sugestivas. Su pericia en escenas y personajes haría de Reverte ese conocedor del espíritu humano que precisa mi entendimiento en tan delicado estado. Aventuro que el tratamiento sería inmisericorde y extremo, como suelen serlo las respuestas de sus personajes de perfil más duro. Un consejero semejante no toleraría, ni concedería la palabra, al menesteroso en que me vengo convirtiendo pero lo que me queda de firme no permitiría un mal gesto. El psiquiatra es, sin duda, más dialogante.

Y digo todo esto, sin aceptar las posiciones de sus personajes, académicos de lustre, ilustrados, que viajan al París pre-revolucionario en busca de una primera edición completa, la que al parecer adorna la biblioteca de la Academia Española, de la Encyclopédie de Diderot y D´Alambert. Pero esos señores, como no olvida jamás Reverte y de ahí mis simpatías, siendo ilustrados, son españoles. A ver si alguien puede dar razón de semejante conjugación.

Y españoles tanto uno  como otro que conocen bien el paño. No en vano es uno al modo de D. Quijote – alto y seco – y el otro al modo de Sancho – bajo de talla y grueso -, aunque en el caso ambos son profundamente letrados. Que saben de qué hablan cuando hablan de España lo deja claro el pasaje que cito:

“- ¿Y usted, señor brigadier?  – se interesa D´Alambert -. ¿Confía en los ciudadanos, o en los reyes?.

– Yo no confío ni en unos, ni en otros.

– ¿Pese a ser español?

Una pausa prudente por parte de don Pedro. Pensativa. Luego una sonrisa triste.

– Precisamente por eso. – dice con suavidad.

– En parte, estoy de acuerdo con el señor brigadier – concluye D´Alambert -. Yo tampoco me fío del ser humano entregado a sus propios arrebatos, y a sus solas fuerzas y límites individuales.

– Monarquía ilustrada, entonces. – sugiere Bertenval, bromeando.

– Y católica, a ser posible – apunta con timidez, don Hermógenes, que ha tomado el comentario en serio. 

Se miran unos a otros mientras el bibliotecario parpadea cándido, sin comprender.

– Todo es respetable – opina D´Alambert tras un corto silencio.

Un mozo llena otra vez las tazas a requerimiento de Bertenval, y durante un momento conversan todos de cosas triviales. …”

Como decía, el esfuerzo de interpretación de este cruce de palabras me exigiría un breve ensayo. Ese apuntado anarcocatolicismo (ni reyes, ni ciudadanos), la apelación del matemático francés a la debida tolerancia (“Todo es respetable”) y su confusión de la desconfianza del español ante reyes y ciudadanos con su escasa fe en el género humano. Por fin, el tímido candor profundamente serio de D. Hermógenes (“Y católica, a ser posible”). La huida del tema que podría comprometer la reunión… En fin,  el saber no sabiendo del novelista dice aquí demasiado, por eso prefiero la lectura de textos menos complicados.

§. Hombres Buenos. Arturo Pérez-Reverte.  Alfaguara. Navarra. 2015.§

 

 

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