Demolición

14 mayo, 2015 § 2 comentarios

Blando y sucio y asfixiante. Blando – de un relativismo que se esconde tras el disfraz de la tolerancia comercial -, sucio – de una polución que ha oscurecido el paisaje, pero también ha pervertido los vínculos personales – , asfixiante – de una estrechez que no deja espacio para que aliente la verdad. Vivimos en el lodo: blando, sucio y asfixiante. Léon Bloy ofrecía una tarjeta en la que se presentaba como entrepeneur de démolitions. Hoy no encontraría trabajo que hacer porque todo está demolido, vivimos anegados por el detrito del mundo.

Pudiera parecer paradójico que la forma realmente positiva de arrostrar el actual marasmo de podredumbre, consista en decir que no. Si fuera bastante la potencia de la negación habría entonces lugar para el ataque, es el gesto que define toda resistencia. Es cuestión de supervivencia:

“No utilicéis un nombre y después un adjetivo que contradiga al nombre. El adjetivo califica, no contradice. No digáis “dadme un patriotismo libre de fronteras”, porque es como si dijérais “dadme un pastel de cerdo sin cerdo”. No digáis “ansío una religión más amplia, en la que no existan dogmas especiales”, porque sería como decir “quiero un cuadrúpedo mayor que no tenga patas”. Cuadrúpedo significa algo con cuatro patas y religión significa aquello que compromete al hombre con una doctrina universal. No dejéis que el dócil sustantivo sea asesinado por el adjetivo exuberante y jubiloso…

No digáis “no hay credo verdadero, puesto que todos creemos que la razón está de nuestra parte y que los demás están equivocados”. Lo probable es que uno de los credos sea el correcto y que los otros estén en el error. La diversidad muestra que la mayoría de las opiniones deben ser erróneas, pero no demuestra, no con un mínimo de lógica siquiera, que todas tengas que ser correctas. Yo creo (porque lo afirman fuentes autorizadas) que el mundo es redondo. Que pueda haber tribus que crean que es triangular u oblongo no altera el hecho de que indudablemente el mundo tiene una forma y por lo tanto no tiene otra. Así pues, con el lamento de la imprecación repito que no digáis que la variedad de credos os impide aceptar alguno. No sería un comentario inteligente”

(G. K. Chesterton. 7.05.1910. Daily News. Citado en Pearce, J. G. K. Chesterton. Sabiduría e Inocencia. Encuentro. Madrid. 2009, pág. 201)

Hemos llegado al punto de completa imposibilidad de comunicación. Hay que tratar de sostener la necesidad lógica del viejo orden gramatical, porque arrastra el orden de la moralidad antropológica.  Algunos saben que repugna al lodo la idea misma de orden. Ya no hay que resistir desde el punto mismo en que se conservara alguna mínima estructura, porque simplemente ya no las ahí. Pero se encuentra en el lodo – en el lodo mismo – y todavía se encontrará por un tiempo, una voluntad de comunicación. Blando, sucio y asfixiante el lodo envuelve ese último esfuerzo de rigor, esa reducida potencia de constitución.  Mantenerse erguido y hablar con el rigor que la lógica exige, así como practicar las viejas formas de la cortesía o repetir costumbres heredadas es hoy un gesto impostado. Un gesto consumido por el entorno blando, sucio y asfixiante. Pero es preciso repetir la impostura hasta convertirla en hábito, incorporarla como postura sobre la que sea nuevamente posible elevar el espacio mínimo, pero necesario, que pide el orden antropológico. Erigir la roca sobre el fango, con la materia misma del fango, que permita elevar –  por encima del lodo sobrehumano – la figura salvada del hombre.

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§ 2 respuestas a Demolición

  • María. dice:

    Encuentro la impostura como cosa instalada en las entrañas del hombre … ardua tarea la de “elevar – por encima del lodo sobrehumano – la figura salvada del hombre”, si de otro hombre depende.

  • Escoliasta dice:

    Sobreentiendo hombre como persona. Una realidad muy compleja que constituye una unidad poliádica o constitutivamente plural, cuya posibilidad requiere de una estructura asimismo poliádica de relación – la comunidad, cuyo elemento matriz es – a mi juicio – la unidad de parentesco. Esta persona es la contrafigura del individuo substante de la sociedad moderna o de masas.
    Pero en todo caso, la salvación depende del hombre, está en sus manos, aunque no resulte posible con sus solas fuerzas. El auxilio necesario trasciende al individuo, pero la persona misma, pese a tener una dimensión o momento singular, se abre – a partir de la comunidad elemental – a una dimensión universal. Nunca podremos satisfacer la comprensión plena de esa dimensión universal, pero la filosofía debe tratar de adentrarse – hasta donde sea posible – en esa comprensión hasta alcanzar el límite en que quepa únicamente reconocer la impotencia y rogar auxilio.
    Lo que queda apenas aludido en un párrafo apresurado como éste es tanto que sólo puedo disculparme por resultar oscuro.

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