Transhumanismo y comercio.

10 junio, 2015 § 2 comentarios

Por razones que no vienen al caso he incurrido en el error de pasear por la Feria del Libro de Madrid. Sé bien que el mercadeo literario, cada vez más degradado, debe ser evitado, pero no lo he hecho. Creo que el resultado me servirá de escarmiento. Además recaí en el mal paso para el que justamente está diseñado ese espacio comercial: compré un libro dejándome llevar por la apariencia. Me lo rubricó uno de sus autores, en realidad coordinadores, con mucho afecto y sus mejores deseos. Como del volumen no puedo decir nada bueno, prefiero omitir la referencia que será, sin embargo, fácilmente reconocible. En efecto, basta señalar que estos Sres. coordinan la participación de doscientos trece autores a lo largo de casi quinientas páginas. Esas participaciones resultan de los comentarios suscitados por dos breves artículos ofrecidos en la prensa digital y muchos de ellos apenas sobrepasan las dimensiones de los gorjeos del Twitter. Podría tratarse de valiosa literatura aforística, pero simplemente diré que no es el caso.

El enjambre resultante acaba siendo dizque ordenado por los propios coordinadores según “palabras clave y preguntas de interés”, y ampliado con una bibliografía que, me temo, podría multiplicarse infinitamente. Nadie dirá que los participantes son unos indocumentados porque vienen no sólo nombrados, sino titulados de prestigiosas instituciones y sonoros cargos. Añadiré que por lo fragmentario o, digamos, roto de la obra también parece muy ajustado el nombre de la editorial que produce el tomo. Se añaden unos fotografías cuyo interés al objeto de esta obra sin objeto sólo puede resultar misterioso. Diré que son bonitas fotografías.

El mayor interés de la obra – a mi juicio – deriva de su carácter de sucedáneo de la ausente filosofía académica. Científicos de problemáticas ciencias, soberanamente ayunos de cualquier gnoseología, emiten juicios y opiniones en el democrático espacio electrónico, avalados por sus saberes y profesiones que, al parecer, constituyen garantía suficiente del valor de la emisión. Una ingenuidad tras otra, formulada a veces con grave solemnidad, a veces con amanerada torsión postgramatical, acaban sumando la no-figura de la noosfera aditiva cuyas ramificaciones – siempre interesantísimas, se dirá – son el material para la nueva gestión del conocimiento. Ingenieros de la información de las nuevas empresas planetarias de la información y la “comunicación” son las fuentes reverendas del pensamiento aditivo, son individuos muy inteligentes, pero sin el oficio que confiere la desaparecida academia que, en modo alguno, debe confundirse con una universidad perfectamente asimilada a la noosfera global. No en vano los participantes en el tomo proceden en buena medida de ese “espacio universitario”. Recuerdo, a este respecto, los esfuerzos que en torno a la idea de persona ofrecía, hace ya unos años, uno de esos nombres grandes del pensamiento post-académico: Jaron Lanier. “Hace unos años” es una expresión que – en este nuevo no-lugar – produce carcajadas. En ese no lugar también el tiempo poseería otra naturaleza y la durabilidad del texto se mide en minutos.

En fin, el enjambre de ruidosos insectos con el que me he hecho resulta de gran interés como signo fugaz del tiempo de la constante transición que llamamos hoy. Si lo he referido aquí es porque me lo sugirió la nueva obligación de ofertar asignaturas que – admitidas primero por los miembros de la Coordinación del Centro en que trabajo, profesores de muy diversas materias (Historia, Filología, Tecnología, Matemáticas, Inglés…) – serán luego elegidas o no por el alumnado. Mis clases o lo que hayan de ser deben partir de tan comercial prolegómeno. A esa oferta me obliga la nueva condición de mi materia en la reciente ley de educación. Hablando con compañeras formadas en el campo de la Física y de una u otra Ingeniería creo haber visto que su concepción de la filosofía, y de su lugar en la educación, la aproxima a esa nueva forma de “enjambre pseudocognoscitivo” que, por tanto, me convierte en gestor del conocimiento que proporciona el nuevo cerebro mundial en red.  Ese ensordecedor zumbido, que no entiendo como pueden analogar al canto de las aves, producido por el aluvión masivo de innumerables opiniones democráticas. Desisto de poner orden y sólo puedo dar testimonio del final del mundo, a eso queda reducido el tiempo que me queda.

Yo, que siempre he odiado a las simpáticas avispas.

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§ 2 respuestas a Transhumanismo y comercio.

  • Jose Carlos Aguirre dice:

    es que el mundo ya se termino -el apocalipsis ya se produjo- y solo queda un holograma

  • Escoliasta dice:

    El oscurecimiento paulatino del mundo o el proceso de la modernidad se puede dar por culminado en un momento u otro. La noche no deja de oscurecerse, desde luego, y en esa medida el proceso no ha terminado. Pero hace ya tiempo que vamos a ciegas. Cualquier luz es ya muy lejana pero sólo volviendo a las fuentes premodernas podríamos hallar alguna impotente iluminación. Un consuelo – acaso eficaz – procede de la amistad que pueda abrirse paso en nuestras condiciones de vida. Un fuerte abrazo.

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