Final.

25 junio, 2015 § Deja un comentario

Reviso mis notas años atrás, por estas mismas fechas. Se repite siempre el tono amargo, el gesto triste y derrotado. El final del curso me revela una y otra vez el más feo rostro de nuestra fea realidad. Un verdadero descubrimiento recurrente, un apocalipsis que manifiesta tras el velo el rostro de nuestro tiempo. Hoy resulta propia de lunáticos y farsantes, de impostores sin decencia, la pretensión de educar, formar o enseñar. Alcanza una cota de escándalo la pretensión de enseñar ciertas materias: filosofía, literatura, historia… Algo menos desesperada parece ser la pretensión de enseñar matemáticas, tecnologías, idiomas modernos… siempre amparada en la utilidad comercial, aunque el objeto de comercio sea aquí la propia vida. Pero bastará mantener un mínimo de lucidez para conocer el aliento vacío también de esta enseñanza.

Desautorizado siempre, vestigio o rémora de otro tiempo llego al final del curso para encontrarme con la obligación de asignar una nota, una calificación: un valor numérico al rendimiento de cada alumno, cliente o usuario de los servicios educativos. Me repugna el acto de calificar y la ceremonia de la evaluación, me repugna tener que hacer valer lo que nada vale, ante quien vale nada.  El tiempo parsimonioso del estudio y la conversación, de la verdadera lectura, del reposado volver sobre lo visto, oído y leído. El ambiente elemental que ha de envolver al estudio ha sido laminado absolutamente. ¿Qué queda hoy?. Una calificación falsaria o impugnada, un encuentro de comerciantes, una huida, una salida arriesgada. Jugar la impostura y el engaño consabido, un vacío ejercicio de desprecio mutuo entre el que asigna la nota y el que la recibe.

Pero así están las cosas y estamos forzados a evaluar y a ser evaluados. Sin verdadera estima, sin reconocimiento, sin afecto. Juicio de indiferencia exacta, injusta neutralidad y frío veredicto. Estamos todos suspendidos en la nada. El docente es un animal quebrado o enloquecido. Su naturaleza especular le permite reflejar la podre en que nos movemos, toda ella pasa por mi alma. Es la última causa de esta dolorosa náusea. 

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