Los límites de la crítica.

15 julio, 2015 § Deja un comentario

La extensión de la crítica emancipatoria a la dimensión, a mi juicio, constituyente de la condición humana (entendida dicha condición en términos en absoluto substancialistas) esconde un paso terrible. Se da cada vez que se propone una antropología alternativa o, lo que es lo mismo, un posthumanismo cuyo “fondo sin fondo” quiere ser una caprichosa nada. Mis afinidades con el pensamiento libertario acaban cuando se enumeran – al parecer, sin dificultad – las bichas nefandas: Estado, libre mercado, militarismo, crecimiento…, patriarcalismo. Ese patriarcalismo añadido sin problema, me parece un elemento de otro orden y ese orden – antropológico y metapolítico – merece ser atendido, no destruido. Me atrevo a señalar que debería ser conservado, en la medida en que subsista. Naturalmente no pretendo que se conserve la violencia doméstica o el autoritarismo… en realidad veo esos males como efecto – en el proceso de la modernidad – de la misma crítica, en cuanto pasa acríticamente de un orden a otro. Me atrevo – asimismo – a señalar que apenas nadie conoce la dimensión de esas estructuras de relación que llamamos unidades de parentesco y que la antropología moderna antes ha contribuido a oscurecer que a esclarecer su naturaleza.

Dejo aquí las intempestivas palabras de un biólogo:

“El reconocimiento de las jerarquías no es ningún obstáculo para el amor. El recuerdo debería decirle a cualquier persona que, como hijo, ha amado más – y no menos – a esas personas a las que miraba desde abajo y a las que se subordinaba de manera inequívoca, de lo que ha amado a un chico de igual edad. (…).

Uno de los crímenes de la doctrina pseudo-democrática es haber declarado como un obstáculo frustrante para todos los sentimientos amorosos la existencia de un orden jerárquico natural entre dos seres humanos: sin ese orden no existe ni siquiera la forma más natural de amor humano, esa que, normalmente cohesiona a los miembros de una familia; miles de niños han sido convertidos en desdichados neuróticos a causa de la conocida teoría educacional del non-frustration

(K. Lorenz.)

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