Vacación

7 agosto, 2015 § Deja un comentario

Una vez más ha vuelto la sensación de final y de acabamiento que me asalta cada verano, como supongo le ha de suceder a todos los sometidos desde su infancia al ciclo académico, acaba un curso y comienza otro. Entre ambos un tiempo de naturaleza especial que empieza como prolongación inercial y acaba en abismo.  Inercia de una actividad callada pero cuya intensidad puede concluir en desesperación. Pero si el tiempo es suficiente esa continuidad inerte, primero cede y finalmente desaparece. Entonces puede brotar la más peligrosa desorientación y la certeza infundada de un próximo hundimiento. Pero a estas alturas, conozco cada uno de los momentos y no me cuesta descabalgar esa bendita bestia que es uno mismo. Luego aparece la más perfecta pasividad y es el abismo.

Éste es el momento de dormir sin soñar y disfrutar del sabor asombroso del más sencillo de los alimentos. Es la hora de pasear o nadar, de dejarse arrastrar por el ritmo doméstico, es la hora de la conversación lenta y empedrada de larguísimos silencios.

Pero es el abismo porque esa complacencia en la interminable sucesión del tiempo no aniquila la inquietud, ni la somete. Apenas la duerme y la sosiega. Puede derivarse de una ligerísima conmoción del ritmo cotidiano, de un sencillo desplazamiento. Basta la sutilísima variación del sentido del silencio.

Entonces se abre el abismo que puede aparecer como un remolino pequeño en la divagación o un mínimo bucle en el compás de la memoria. La brújula de su desgobierno puede conducir con impenitente insistencia a una escena remota que no encuentra final y deja abierta una herida biográfica de la que brota una substancia densa y amarga, de la materia de la nostalgia y la derrota. También puede ser un objeto olvidado que remonta la escombrera de los días y se presenta de la mano de un amigo ausente y entonces cae sobre la pálida indiferencia la conciencia de fugacidad impotente y desoladora. El abismo tiene en mi caso forma de un paisaje estéril que dice en su intacta albura la ausencia de una obra, otras veces es un muro de incomprensión que me señala la falta de aquellos a los que perdí por una razón o por otra. Es siempre un abismo de privación y de impotencia.

Pero he aprendido a navegarlo. Medio siglo de vida asegura una cierta habilidad, aunque nunca el completo dominio del proceloso curso de los días. Mis padres viven su vejez, mis hijos crecen, mis ideas lenta y tentativamente se ajustan y aún alienta una cálida confianza en el sentido de la vida. Acaso alguna vez el tiempo me permita obtener de esa confianza una comprensión profunda y sencilla, acaso entonces escriba para alguien páginas que enseñen, con precisa exactitud y belleza, como no perder jamás el camino, la verdad y la vida.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo Vacación en A Día de Hoy.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: