La perspectiva hispánica

23 agosto, 2015 § Deja un comentario

Abro los borradores que acabaron como entradas abortadas y encuentro la siguiente anotación que parece ser una cita. No sé quién es su autor, aunque me parece que le encaja bien a D. Francisco Ayala. A su vista recuperan estas páginas su valor inicial de libreta de trabajo.

“…podemos decir nuestra palabra con igual derecho y tal vez con mayor acierto los pertenecientes a la gran rama hispánica, forzada desde el Renacimiento, por la fatalidad del proceso histórico-cultural, a una posición pasiva y subordinada que, en compensación, la exime de cargos graves en al actual catástrofe, y le deja la conciencia hasta cierto punto despejada.

(…)

¿Cómo ha podido llegarse a semejante situación? ¿Cómo nos hemos vuelto extraños, ajenos hasta ese punto para los demás miembros de la cultura occidental? ¿Por qué hemos sido relegados a su periferia?

…la Reforma…como signo de un fenómeno cultural plenario. (…), pues antes de Lutero había conocido la cristiandad repetidas herejías, y varios cismas de la Iglesia, sin que por ello llegara a sucumbir la comunidad de los cristianos. En cambio a consecuencia de la Reforma, puede – ya a mediados del siglo XVII – emitir Cromwell en unos de sus discursos estas apreciaciones: “Porque, en verdad, vuestro gran enemigo es el español… Es así naturalmente por razón de la hostilidad que en él hay contra todo lo que sea de Dios… con Francia se puede hacer la paz; con España, no, que es un Estado papista…” (…) No se distingue por confesiones en sentido estricto (con Francia, también católica, se podían, sin embargo, concertar paces) sino por naciones. El enemigo era el español, no el papista.

Estamos ya, sin duda, en presencia del espíritu totalitario.

Para llegar a eso, era necesario que la ruptura cultural del Occidente, se hubiera hecho definitiva. La vieja Cristiandad se encuentra separada ahora en unidades políticas independientes. (…) Las naciones se van extrañando unas de otras. (…) Si el proceso de diferenciación nacional fuera estudiado al detalle, como es hora de hacerlo, se alcanzaría un esclarecimiento satisfactorio del concepto de nación, siempre dudoso y turbio. A falta de ese estudio retengamos provisoriamente los siguientes datos.

1. Formación, dentro de la comunidad europea, de Estados soberanos – es decir, de Estados cerrados en cuyas manos se encuentra la instancia política decisiva…

2. Consiguiente pérdida de significación política primordial de la Santa Sede y del Imperio.

3. Desaparición del complejo jurídico unitario (…) el derecho de gentes aparece bajo figura un derecho internacional cuya positividad – volatilizado el viejo derecho natural en una pura validez desprovista de vigencia – se apoya en el convenio y tiene como sola garantía la comunidad cultural de las partes, cada vez más deleznable.

4. … politización de la cultura.

5. Abandono del latín….

6. Cultivo del saber en ramas nacionales…

7. Debilitamiento progresivo de los estamentos y ascensión político-social de nuevas clases (burguesía y, después, proletariado) formadas de hecho y pese a cirscunstanciales ideologías, en ideales nacionales diversos.

A estas notas podrían añadirse otras muchas….”

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