Entre tanto

2 septiembre, 2015 § Deja un comentario

En lo que haya de durar cierta acomodación y nueva postura, que todavía retiene mi indecisión y que ha de suponer cambios en la condición misma de estas páginas, dejo – como desde hace ya demasiado tiempo – fragmentos o pequeños hallazgos cuyo sentido requiere de un trabajo lento y, esencialmente, solitario. No se entienden – lo sé bien – y a menudo resultan ocurrencias o fortuitos hallazgos de no se sabe muy bien qué. El último me asalta en carta de Unamuno al joven Ortega, residente en Marburgo:

“He aborrecido con toda mi alma el fariseísmo, pero ahora aborrezco mucho más el saduceísmo. No es menester definirlo pues usted, que convive ahí con saduceos – y algunos de ellos judíos de verdad – lo conoce.  No se deje corroer por su ácido, le secarán el alma. Mírese en su hijo y no se deje ganar por esos horribles pseudo-objetivismos. Chapúcese en su cristianismo originario español, por ilógico y caótico que sea, y lávese en él de toda filosofía saducea que tiende a borrar el único problema, el único! Memento mori!

(Miguel de Unamuno a José Ortega/septiembre de 1911)

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