Escena

6 septiembre, 2015 § Deja un comentario

Desde una insondable lejanía veo cómo mi hijo me pide agua. Es la hora de irse a dormir. Él baja las escaleras y me pregunta si puedo darle un vaso de agua. Yo le digo

  • Por supuesto. Toma, mi amor.

Me mira y me da las gracias.

  • Es que con una botella tan grande, el agua se me mete por la nariz.
  • Ya – añado – no te preocupes, toma un vaso, mejor.

Me mira con un gesto de extrañeza, debe notar que estoy completamente borracho. Trato de ser amable y de que no se me trabe la lengua.  Me lanza un beso desde las escaleras, con el vaso mal cogido entre las manos. Es una bendición de Dios.

Yo estoy borracho. Me duelen todas las cosas.

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