Ned Ludd

15 septiembre, 2015 § Deja un comentario

“Es precisamente la ausencia de neutralidad del progreso técnico la que aviva el odio de los obreros de la lana o del algodón contra los telares mecánicos y las tundidoras, y lo que les une contra los “maestros” convertidos en jefes de empresa. Cuantas mayores prestaciones tienen las máquinas, cuanto más permiten economizar mano de obra y ahorrar trabajo a los hombres, más las detestan los obreros. Estos ni siquiera se plantean apropiárselas y hacerlas funcionar a su servicio, como pronto les propondrá la utopía owenista. No les atribuyen ningún uso benéfico; más bien las consideran en sí mismas portadoras de un mundo sin sabor, regido por el tedio y las constricciones comerciales, un mundo subyugado por la racionalidad económica, al que rechazan pero que aún está en pañales y al que -¿quién sabe?- tal vez se pueda asfixiar en su propia cuna” (Julius Van Daal)

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