Reseña restañada.

12 octubre, 2015 § Deja un comentario

Dejo enlace al texto completo de una reseña publicada hace unas semanas, pero entonces más bien tartamudeada.

Sobre Podemos, de A. Maestre.

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Entre 1960 y el día de hoy.

3 octubre, 2015 § Deja un comentario

“… Pero si un día, en alguna de esas empresas insensatas que se repiten con intervalos de siglos, la desesperación forzara las puertas del éxito, quizás el sortilegio quijotesco quedara roto, y la triste figura volviera a transformarse, rejuvenecida, en la campeadora de antiguas gestas”

Estas palabras – escritas en 1940 – fueron eliminadas en 1962. Hoy no resultan siquiera inteligibles. En 1962 “no había medio de sostener ya, ni siquiera bajo su forma conjetural y cautelosa, la esperanza de un futuro nacional expresada en tales palabras”. Pero vivimos en este año sin Dios de 2015 y hemos de seguir respirando. Alguien pudiera encontrar indicación en aquel mismo escrito del año 40 para buscar un modo suficiente de resistencia.

“Tiempo hubo en que, para salvar los valores del espíritu, los hombres cuya vocación era servirlo, creyeron obligado retirarse al desierto y hacer penitencia: el monacato y su obra secular sería más tarde el fruto maduro de aquel precoz impulso anacoreta. Semejante es la ocasión de asco y de ardiente desvelo que proporciona hoy el teatro del mundo a las almas lúcidas, aunque difieran tanto las condiciones del escenario social. El anhelo de salvación bajo una nueva forma de vida no podría concretarse ya en movimientos  de tipo análogo, y hasta cabe dudar de que en el seno de la realidad presente subsista alguna efectiva posibilidad de retiro. Merecería, sin duda, consideración de ridículo disparate cualquier propuesta que sugiriera a los intelectuales el modelo de la ermita o del cenobio; pero tiene un sentido también indubitable el remitirse a los ejemplos de aquella otra gran crisis histórica en busca de confirmación contra el desfallecimiento en la angustia de la que nos ha tocado vivir.

Pero ¿qué otra cosa les corresponde a los intelectuales, ni qué otro remedio les queda, sino ser con ahínco, ahora como siempre, aquello que son? No les cabe ni apoyar partidos, ni suministrar recetas, ni brindar panaceas, porque ninguna manera de arbitrismo les conviene. Todo lo que pueden hacer es aferrarse al rigor de su vocación, abandonando cualquier perspectiva práctica; esforzarse sin descanso por hallar, en medio de la crisis y a favor de su coyuntura, el sentido de la realidad histórica en que se encuentran implicados, y desde el centro de esa realidad pensar los temas eternos con sinceridad implacable, mantener viva, en incansable clamor, la demanda por el destino esencial del hombre; persistir con obstinación desesperada en su peculiar misión, confesando y pregonando el espíritu, invocándolo sin tregua, sin fatiga, hasta tanto que el curso de los acontecimientos les ofrezca una nueva oportunidad para su siempre difícil y precaria instalación entre los hombres; y así, prepararse mediante un disciplinado ascetismo mental a recibir el mensaje de los valores absolutos capaces de salvar la cultura, en el instante preciso en que el giro de la historia les permita entreverlos.”  (Franciso Ayala. 1940)

Pero tampoco son ya inteligibles estos términos. El mundo asolado no concede aspiraciones metafísicas. ¿De dónde tomaremos la potencia mínima para seguir alentando?, ¿de qué modo preservar las ruinas – si las hubiere – de la condición antropológica?.

¿Dónde estoy?

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