Parábola de la noche.

7 noviembre, 2015 § Deja un comentario

La catástrofe silenciosa se produjo con lentitud y asombrosa parsimonia. Ésa es la razón de que tantos todavía no la contemplen, pese a consistir en una brutal amputación. Un gesto terrible de festiva desolación, una lúdica forma de destrucción, una mueca cínica en la que, quien la ha visto, no reconoce la sonrisa humana. Todo es signo de la obturación de las fuentes de la felicidad. Espasmódicos gestos de alegría impostada han sustituido la expresión común de la felicidad.

En el desierto arrasado y violento de nuestra vida civil buscamos sentarnos en silencio y centrar en ningún punto la mirada. Sin objeto, en oración acrisolada. Aguardamos el ocaso sin mañana en que quepa encontrar en la más perfecta noche la mano fraterna que ilumine con su tacto familiar las entrañas de la bestia. Esperamos que el infierno que se instala como criterio y como norma tenga su final mañana, cuando la voz de los hombres recupere el timbre real de una vida consagrada.

Y dedicar los días al análisis del hundimiento para alimentar la mínima esperanza de que también para nosotros habrá mañana. Evocar la memoria de los vencidos en esta batalla y afirmarnos sobre el terreno con la escasa potencia resignada de quien está dispuesto a caer. En la noche plena no dejo de saber quién me acompaña.

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