Melancolía Moderna

26 diciembre, 2015 § Deja un comentario

Podemos reducir – muy sumariamente, sin duda, y a efectos de lo que quiero decir – dos grandes áreas patológicas: de un lado el campo de la paranoia, de otro lado el campo de la melancolía. La distinción pese a resultar sumarísima acaso esconda un fundamento real. El primero de estos campos alude, desde su propio nombre, a trastornos fundamentalmente intelectuales y podríamos decir que su principio determinante afirma que “todo está en relación con todo”. El paranoico, bajo la floración diversa de sus formas, busca siempre el vínculo oculto entre fenómenos aparentemente remotos. Por su parte, el melancólico se cierra sobre un presente sin continuidad y sin sentido y el principio determinante de su delirio podría declarar que “nada está en relación con nada”.

La descomposición de la existencia ultramoderna se inclina antes a la melancolía que a la paranoia, si es que no constituyeran formas conjugadas. Las epidemias de depresión así parecen indicarlo. Pero todo esto viene al caso de cualquier telediario y sus efectos melancólicos. En estos espacios las noticias se suceden sin que en ningún momento se vea, ni quiera ver, el vínculo que las anuda.

Incendios invernales en Asturias o en California pero también en Australia, donde se padecen sequías pertinaces y temperaturas elevadas. Porcentajes altos de ocupación hotelera en la costa levantina y en las Islas Canarias que favorecen la contratación y el crecimiento económico. Días de devolución de regalos y obsequios recibidos el día 24 de diciembre, y preparación de nuevas compras para la llegada de los Reyes Magos. Suicidio de un joven por acoso escolar. Inundaciones en Reino Unido por lluvias masivas. Soledad e incremento de las tasas de suicidio…

Es fácil que se me señale patología cuando declaro evidente el vínculo que asocia esos fragmentos cotidianos que, no suficientemente despedazados para la inteligencia paranoica, se ofrecen diariamente en el más tedioso noticiario. Es saludable no olvidar, sin embargo, el embotamiento intelectual del melancólico y saber que algunas cosas guardan siempre relación con algunas otras.

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